Pediatría Basada en la Evidencia

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Introducción

Los pediatras que trabajamos en el primer nivel de atención estamos habitualmente sometidos a una gran sobrecarga asistencial. La poca disponibilidad de tiempo durante la jornada laboral y fuera de ésta hace muy difícil conseguir un grado adecuado de actualización de nuestros conocimientos. A esta escasez de tiempo se añade otro hecho: el enorme volumen de literatura médica actualmente existente (más de dos millones anuales de nuevos artículos científicos). Podríamos decir que la cantidad de información potencial actualmente a nuestra disposición es inversamente proporcional al tiempo de que disponemos para intentar asimilarla. Un problema añadido es que, en investigación clínica, la cantidad no es sinónimo de calidad. De esos dos millones de artículos anuales, sólo una minoría estarán correctamente diseñados y contendrán información importante para mejorar la práctica clínica de nosotros, los pediatras de atención primaria.

La medicina basada en la evidencia (MBE) nace en este contexto. Su objetivo es "separar el grano de la paja"; es decir, poner a disposición del clínico atareado información médica válida y relevante que responda a las dudas identificadas por él mismo. También es su misión enseñar al profesional las herramientas necesarias para que él mismo sea capaz de buscar y valorar de forma crítica los trabajos publicados en las revistas biomédicas. En el curso de nuestro trabajo diario como pediatras asistenciales nos enfrentamos frecuentemente con dudas sobre cualquier aspecto de nuestra práctica clínica: etiología, clínica, diagnóstico, diagnóstico diferencial, tratamiento... De manera tradicional, el médico práctico ha intentado solucionar estos vacíos de conocimiento a través de la consulta en libros de texto, consulta a revistas biomédicas o preguntando a colegas. Esta manera de intentar resolver los problemas tiene algunos inconvenientes; los libros de texto contienen, en el momento de su publicación, errores o afirmaciones desfasadas sobre procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos. En cuanto a las revistas biomédicas clásicas (revistas "primarias" o publicadoras de artículos originales), presentan un doble problema: la enorme cantidad de publicaciones existentes (lo que dificulta la lectura al médico atareado al no disponer del tiempo suficiente para "digerir" toda la información) y la desigual calidad de sus contenidos. Este último aspecto puede resultar sorprendente, ya que todos los artículos que son enviados a estas revistas han de pasar un filtro para evaluar su calidad. Sin embargo, la experiencia diaria nos demuestra que con mucha frecuencia existen graves defectos de orden metodológico en el diseño de los trabajos científicos que aparecen en estas publicaciones. Esta situación compromete la validez de los resultados de estas investigaciones, con el consiguiente riesgo de incorporar a nuestra práctica clínica diaria conocimientos erróneos. Por otra parte, desde el punto de vista del médico práctico, las publicaciones primarias no siempre contienen artículos que aporten pautas de trabajo capaces de mejorar nuestra práctica clínica.
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