| Evaluación
del ambiente familiar

El ambiente donde el niño crece va a favorecer o a dificultar
la expresión de su potencial. También va a influir
en la expresión del nuestro (sacará lo mejor, lo peor
o no sacará nada). Por ello es importante que consigamos
crear un estado de armonía en
casa que permita obtener el máximo rendimiento del talento
de cada uno de los miembros de la familia.
En este capítulo vamos a resumir parte de lo comentado en
los anteriores, pero haciendo hincapié en cómo podemos
conseguir un ambiente familiar más nutritivo y rico.
Los niños viven de acuerdo a nuestras expectativas. Si lo
que les manifestamos es reiteradamente negativo; ”eres
un vago, egoísta, idiota, trasto, etc.” se formarán
una autoimagen de acuerdo con el espejo
que les estamos enseñando, ya que la autoestima representa
una condición de lo humano, aprendida. (
ir a Autoestima).
En una comunicación adecuada, no se deben utilizar
farsas de control. Una farsa de control se produce cuando
utilizamos incorrectamente las técnicas de comunicación
para obtener un fin. Los mensajes negativos “tú”
(
ir a Habilidades de Comunicación)
afectan notoriamente la mente del niño cuando provienen de
un adulto importante, generando posteriormente atribuciones con
las que se identifican. Para educar es necesario dar mensajes negativos,
pero es importante cuidar la forma de decirlos (como vimos en el
capítulo de comunicación):
no insultar, no usar la culpa (“mira
lo que le estás haciendo a tu madre”,”me
vas a matar a disgustos”, etc.) ni el temor (“si
no te portas bien, el médico te pondrá una inyección”,
“te vas a caer y te matarás”).
La intención de los padres al educar debe ser la de enseñar,
no la de humillar ni asustar.
Según la edad de los niños (y el agotamiento de los
padres) no hace falta razonarlo todo; un “porque
lo digo yo” a veces es suficiente, pero no debería
ser la tónica habitual.
Es importante no simular estar cariñoso o feliz cuando realmente
no nos sentimos así, ya que genera confusión en el
niño. Hay que ser honesto. Enfadarse no es el problema; “Cualquiera
puede enfadarse, eso es algo habitual, pero enfadarse con la persona
adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito
justo y del modo correcto, eso ya no parece tan sencillo”.
(Ética a Nicómaco, Aristóteles) .
Es importante que los mensajes positivos (“eres
fantástico”, “te
queremos mucho”, etc.) sean más fuertes y más
frecuentes que los negativos. Esto es fundamental hacerlo en momentos
de crisis (separaciones, divorcios, nacimiento de hermanos, etc.).
¿Por qué padres que quieren mucho a sus hijos utilizan
“farsas de control”?
- Porque repetimos conductas de cuando nos criaron a nosotros.
- Pensamos que es lo correcto (“si le digo que es un vago,
estudiará”).
- Porque estamos agotados o fuera de sí. Y es que dominarse
emocionalmente cuando estamos en las peores condiciones es difícil.
- Porque descargamos la tensión proveniente de otro sitio
(trabajo, amigos, tráfico, etc.) en casa.
Para poder cuidar bien de sus hijos, los padres deben
aprender a cuidar de sí mismos primero. En orden de importancia:
- Cuidar de uno mismo
- Cuidar de la pareja
- Cuidar de los niños
Es importante que los padres y los hijos hagan cosas divertidas
juntos. Los niños experimentarán sentimientos agradables
(haciendo risas, juegos, deporte, yendo al cine o a comer por ahí)
que les vincularán positivamente con sus padres. Los padres
han de dedicar un tiempo mínimo diario
para estar con sus hijos. Los psicólogos calculan que hay
que estar “en casa”,
ambos padres (con los niños despiertos) alrededor de 3 horas
diarias. No hace falta estar encima de ellos, pero los niños
deben sentir que si necesitan algo los padres estarán disponibles.
Esto quizá es lo que más falta hace hoy en día,
con infinidad de estímulos y con padres trabajando mucho
tiempo fuera, que cuando llegan a casa no están para nadie.
Otro problema frecuente es el de los límites. Para crecer
de forma armoniosa, los niños necesitan límites. Con
ellos los niños conocen exactamente cuáles son las
reglas. Para ello los padres tienen que ser claros, predecibles
y coherentes. Nada desquicia más a una familia que los límites
varíen según el día o la hora y en función
del cansancio o de la hartura de los padres. Los límites
no disminuyen la autoestima, todo lo contrario (siempre que los
niños se sepan queridos) y son fundamentales para el desarrollo.
La regla es: normas claras y afecto positivo.
Hay tres modelos principales de padres a la hora de educar:
- Padres autoritarios (agresivos).
Se enfadan constantemente y muchas veces sin relación con
el comportamiento del niño. La obediencia se consigue a
base de miedo y es frecuente que la disciplina sea violenta física
o verbalmente. Los hijos pueden ser asustadizos, tímidos,
inseguros o rebeldes y desafiantes. Muchas veces los hijos, con
la edad, devuelven con la misma moneda si hay conflicto.
- Padres pasivos (permisivos). El papel
de adulto lo tiene el niño al que se le permite prácticamente
todo. Suelen ser niños que aprecian poco lo que tienen
y que con frecuencia tienen comportamientos despóticos.
A estos padres hay que explicarles que el buen comportamiento
de los niños no es un capricho sino una forma de hacer
la vida más fácil. Además es necesario “contener”
a los niños (sin estrangularlos) porque para el adecuado
crecimiento se necesitan límites.
- Padres democráticos. Suelen
ser padres seguros de sí mismos con buena autoestima. Suelen
ser justos, equilibrados, firmes y claros. Interiormente están
relajados. Saben que alguna dosis de frustración ayuda
a madurar, ya que no siempre se puede hacer lo que se quiere.
También saben que es importante que no se cumplan todos
los deseos para poder seguir deseando, disfrutando y valorando.
Es también fundamental que los padres no se desdigan uno
al otro delante de los hijos. Es importante la coherencia delante
de los niños y que los padres aparezcan próximos y
afectivos entre ellos. Las diferencias se dirimen en un sitio privado
donde no estén presentes los hijos1
[1] Es importante señalar que la pareja necesita
de un espacio físico privado donde no entren los niños
salvo acuerdo. Esto es necesario tanto para la intimidad física
y de pareja, como para la psicológica (tener un sitio donde
pueda estar tranquilo y que sea mío). Este espacio suele
ser la habitación matrimonial. Es importante que los niños
se acostumbren que ese cuarto no es común y que debe respetarse,
llamando siempre antes si la puerta está cerrada.
Los problemas aparecen cuando:
- Con frecuencia, un padre se pone del lado de su hijo en contra
de la pareja.
- Un padre espera aprobación y afecto de los hijos antes
que de su pareja.
- Un niño desempeña el papel de padre a menudo,
tomando decisiones que competen a los adultos.
Si la relación de pareja es mala y los conflictos diarios,
los niños sufren mucho. Es imposible ocultar el conflicto.
Es importante que sepan que entre los adultos puede haber diferencias
(siempre que no se actúe ni violenta ni cruelmente) y que
nadie es culpable. Los padres pueden dirimir sus diferencias y alejarse
afectivamente, pero el amor hacia sus hijos no repercute (o no debería
repercutir) en ellos. Es decir el que los padres
se separen no debe menoscabar el amor que sienten por sus hijos.
Esto hay que dejárselo muy claro y demostrarlo. Un niño
es más feliz con un solo padre contento que con dos desdichados.
Para poder tener armonía en casa
hay que perseverar en el ejercicio de ciertas pautas
de conducta. Estas pautas empiezan por un orden de vida en
lo físico y en lo psíquico, que los niños necesitan.
Algunas importantes son: unas horas de sueño mínimas,
alimentación correcta, deporte necesario y relación
adecuada (y vigilada a ciertas edades). Es importante inculcarles
hábitos en los horarios y en el estudio. También es
importante hacerles ver que el esfuerzo
es necesario para conseguir las cosas (es sorprendente los falsos
mensajes de “facilidad” con que nos bombardean: “aprenda
inglés en la piscina”, “pague dentro de 6 meses”
etc.).
También es importante que en casa haya un ambiente que favorezca
el crecimiento intelectual; que se lea, que se sea crítico
con la televisión y que se vaya al teatro, museos y al cine
con los niños para ver cosas que desarrollen la inteligencia
y la creatividad. Es fundamental que los padres sigan el rendimiento
escolar de sus hijos y tengan una buena relación con el colegio,
escuela o instituto. La coordinación de padres y profesores
es necesaria para la armonía del desarrollo del niño.
Los profesores van a ser un pilar clave en este desarrollo, por
lo que parece imprescindible mantener una relación fluida
y objetivos comunes con ellos.
La cortesía, la amabilidad y el respeto deberían
ser también la norma, tanto en casa como fuera. Para el desarrollo
social también es importante que los padres y los hijos tengan
sus amigos, que se acoja abiertamente a los que vengan a casa y
que se hagan actividades conjuntas (a veces sólo con la familia
nuclear y otras con familia extensa y amigos).
Las relaciones en casa deberían ser de confianza más
que de sospecha y cuestionamiento permanente. Es importante que
los padres “esperemos con firmeza
y seguridad” que nuestros hijos “son
capaces de”.
Finalmente, para resumir el ambiente familiar pondremos una escala
de Likert con 7 variables para estimar cómo es nuestro ambiente
y en qué podemos mejorarlo. En la escala hay zonas extremas
(1 y 5) y zonas intermedias, acercándonos más a un
extremo u otro o permaneciendo equilibrados en el medio según
lo que creamos que ocurre en nuestra familia.
Como vimos en el capítulo del desarrollo (
ir a Desarrollo Psicológico)
habrá que actuar de forma diferente según la edad
de los niños. Cuanto más pequeños más
directivos seremos y a medida que crecen hay que razonar más
y consensuar con ellos las normas. También la intensidad
de contacto físico será mayor cuanto más pequeño,
sin olvidar que aunque los adolescentes son ariscos, les gusta de
vez en cuando una carantoña.
En esta escala falta la variable tiempo,
que a nuestro entender es fundamental para poder desarrollar el
resto. Ya comentamos que parece ser necesario una media de tres
horas diarias para ambos padres.
Se ha marcado en azul la respuesta que parece más pertinente,
sabiendo que esto es orientativo y que hay que ser flexible en su
interpretación.
| Escasas manifestaciones de afecto |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Abundantes manifestaciones |
Prevalecen las descalificaciones
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Prevalecen los elogios |
| Tendencia al aislamiento de los miembros de la familia |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Estrecha relación de los miembros de la familia |
| Poco contacto físico |
<1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Mucho contacto físico |
| Poca satisfacción afectiva en casa |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Alta satisfacción afectiva |
Escasa entre los miembros de la familia
|
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Demasiado mimo. Exceso de ayuda entre los miembros de la familia |
| Ambiente “acusador” de las faltas |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Ambiente “encubridor “de las faltas |
| Escasas llamadas de atención |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Exceso de llamadas de atención |
| Independencia afectiva |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Dependencia afectiva |
| Autoritarismo |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Permisividad |
| Normas coherentes |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Normas cambiantes |
| Claridad y precisión de las normas |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Ambigüedad de las normas |
| Ninguna crítica |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Crítica constante |
| No alternativas. Estancamiento |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Prueban métodos nuevos. Innovador |
| No favorece el desarrollo intelectual |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Facilitador del avance intelectual |
| Suprime la curiosidad y creatividad |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Promueve la curiosidad y creatividad |
| Valoración de resultados académicos (acorde
con el niño) |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Subestima los resultados académicos (acorde con el
niño) |
| Altas propuestas intelectuales |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
No propuestas intelectuales |
| Desatención escolar y académica |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Implicación escolar y académica |
| Coherentes y justas |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Incoherentes |
| Débil vigilancia de cumplimiento |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Excesiva vigilancia de cumplimiento |
| Desautorización mutua (padre-madre) |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Autoridad compartida (padre-madre) |
| Flexibilidad en los castigos |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Severidad en los castigos |
| Escasez de refuerzos positivos |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Favorecedor de refuerzos positivos |
| Consecuencias desproporcionadas |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Consecuencias proporcionadas |
| Comprensión |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Exigencia |
| Escaso uso de fórmulas corteses |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Abundantes uso de cortesía |
| Escaso respeto |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Respeto consolidado |
| Escaso diálogo sobre las normas de convivencia |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Amplio diálogo, normas consensuadas |
| Pocas actividades conjuntas |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Abundantes actividades conjuntas |
| Hogar sociable con familiares y amigos |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Baja relación con familiares y amigos |
| Hogar caótico, desorden de responsabilidades |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Hogar coordinado. Objetivos comunes |
| Hogar cerrado en sí mismo |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
Hogar acogedor |
Esta sección ha sido elaborada
por Concha Bonet Luna, pediatra
y Margherita Brusa, pedagoga

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