| Amigdalitis
/ Faringoamigdalitis
- ¿Qué es la faringoamigdalitis?
- ¿Por qué se produce?
- ¿Cuáles son los síntomas?
- ¿Cómo se diagnostica?
- ¿Qué complicaciones puede presentar
la enfermedad?
- ¿Cuál es el tratamiento de las
faringoamigdalitis?
- ¿Qué debemos hacer cuando creemos
que nuestro hijo tiene una faringoamigdalitis?
- ¿Cuándo debe operarse de anginas
a un niño que padece muchos procesos?
La faringoamigdalitis es una infección de la faringe y de
las amígdalas, es decir, de la garganta y de las anginas.
Se trata de una de las infecciones más comunes durante la
infancia, sobre todo en la edad escolar.
Es conveniente distinguir entre lo que es una infección
verdadera de la faringe y lo que es el enrojecimiento que se produce
en el curso de un catarro de vías altas, ya que el tratamiento
puede ser distinto.
La faringoamigdalitis es una enfermedad infecciosa y, por tanto,
adquirida por contagio, bien a través del aire (al toser
o estornudar) o bien por contacto directo. Conviene desterrar ciertos
mitos como el que la enfermedad se produce por no abrigarse lo suficiente,
por beber líquidos fríos o comer helados, por exponerse
a corrientes de aire, etc.
En la mayoría de los casos, los causantes son los virus:
90% a 95% de las veces en menores de 3 años y 50% a 70% de
las veces en niños mayores de 5 años. En el resto
de ocasiones están producidas por bacterias, siendo la más
frecuente el estreptococo
La enfermedad comienza entre 12 horas y 5 días después
del contagio.
La faringoamigdalitis vírica suele tener un comienzo gradual,
con fiebre moderada (generalmente menor de 39° C), dolor de
garganta, existencia de pequeños ganglios en el cuello y
poca afectación del estado general. Con frecuencia se acompaña
de otros síntomas como mucosidad nasal, tos y enrojecimiento
ocular. Al examinar la garganta, se ve un enrojecimiento difuso
de la misma y pueden aparecer secreciones purulentas (placas).
La faringoamigdalitis bacteriana (llamada generalmente estreptocócica,
por ser ésta la bacteria más frecuente) suele tener
un comienzo brusco, con fiebre más elevada que en el caso
anterior (generalmente superior a 39° C), aumento de los ganglios
del cuello y mayor afectación del estado general. Es habitual
que aparezca dolor de cabeza, náuseas, vómitos y dolor
abdominal. Al mirar la garganta, ésta se presenta muy enrojecida,
a veces con puntitos rojos, como hemorrágicos (petequias)
y es frecuente que las amígdalas estén cubiertas de
placas blanquecinas.
El diagnóstico de la enfermedad se realiza por los síntomas
y la exploración de la garganta. Ahora bien, tiene gran interés
el diagnóstico microbiológico, que permite distinguir
una faringoamigdalitis vírica de una bacteriana, ya que la
evolución, el tratamiento y las posibles complicaciones son
diferentes. En este caso, el valor de los síntomas es limitado.
El único diagnóstico definitivo se hace por cultivo
de los gérmenes de la garganta, pero como el resultado de
este método no es inmediato, el tratamiento se suele realizar
antes de tener un diagnóstico de certeza de si es o no un
proceso bacteriano.
No obstante, no siempre será preciso recurrir al análisis
de la garganta (frotis faríngeo) cuando su pediatra diagnostique
una faringoamigdalitis, ya que, como se ha comentado, la edad del
niño y los síntomas asociados pueden orientar suficientemente
el diagnóstico hacia la causa viral o la bacteriana.
Habitualmente las faringoamigdalitis víricas no se complican
y curan espontáneamente en pocos días. Un tipo especial
es la mononucleosis infecciosa, que está causada por el llamado
virus de Epstein-Barr, y que se manifiesta por fiebre alta, amígdalas
con extensas placas blanquecinas y ganglios cervicales de gran tamaño.
Se acompaña de decaimiento, inapetencia y crecimiento del
hígado y del bazo, por lo que conviene tener cierta precaución
con el ejercicio y los golpes, al estar más expuestos (ha
aparecido algún caso de rotura de bazo). El tratamiento con
ciertos antibióticos puede provocar la aparición de
una erupción en la piel, parecida al sarampión.
Las faringoamigdalitis estreptocócicas, si no se tratan
adecuadamente, el algunos casos pueden producir complicaciones como
fiebre reumática y glomerulonefritis aguda, que es una afectación
del riñón. No obstante, hoy en día estas complicaciones
son muy poco frecuentes en nuestro país. Un tipo particular
de faringoamogdalitis estreptocócica es la escarlatina. En
ella, además de las petequias en el paladar (que son muy
típicas de esta enfermedad), aparece una erupción
que se caracteriza por enrojecimiento facial que respeta la zona
naso-labial (aspecto de cara abofeteada) y pequeñas manchas
en el tronco, como pequeños puntitos rojos, rasposos al tacto,
a veces más palpables que visibles, y que tienden a intensificar
su color en los pliegues (axilas, ingles, etc.).
El tratamiento de los procesos víricos es sintomático,
utilizando antitérmicos-analgésicos para la fiebre
y el dolor. Es frecuente que los niños no quieran comer,
fundamentalmente debido al dolor. Es conveniente ofrecerles líquidos
frescos.
En el caso de faringoamigdalitis estreptocócicas, el tratamiento
se realiza con antibióticos, generalmente penicilina, aunque
también otros resultan eficaces. El tratamiento antibiótico
debe completarse, ya que si interrumpimos el tratamiento una vez
que el niño se encuentra bien (lo cual suele ocurrir a los
pocos días), la infección puede activarse de nuevo
o bien no eliminarse el estreptococo de la garganta, con el riesgo
de que aparezcan las complicaciones que comentamos antes.
Es importante recalcar que nunca se debe dar a un niño
un antibiótico sin estar prescrito por un médico.
En caso de fiebre y dolor de garganta, se debe iniciar el tratamiento
en casa con antitérmicos y con las medidas generales que
veíamos antes, hasta que el niño pueda ser valorado
por el pediatra. Además, durante las primeras 24 horas de
tratamiento, debe evitarse el contacto con otros niños para
evitar contagios.
Los motivos de consulta inmediata son:
- Dificultad progresiva para tragar o respirar.
- Exceso de salivación continua.
- Presencia de labios morados.
Las faringoamigdalitis de repetición son un problema frecuente
en la infancia. Las indicaciones de extirpar las amígdalas
son actualmente muy limitadas, dada la drástica disminución
de episodios a partir de los 6 años y que no está
aceptado que la ausencia de anginas disminuya la frecuencia de infecciones
de garganta. Estas indicaciones quedarían limitadas, prácticamente,
a tres:
- Crecimiento desmesurado de las anginas que dificulte el paso
de aire a través de la garganta.
- Episodios de faringoamigdalitis graves que produzcan complicaciones
como abscesos de pus en las paredes de la faringe o bien fiebre
reumática.
- Repetición de episodios tan frecuentemente que interfieren
significativamente la vida normal del niño.

Esta sección ha sido elaborada
por Maria Fernández Francés (pediatra) |