| Anemia
- ¿Qué es?
- ¿Cuáles son las causas de la anemia?
- Anemia ferropénica.
- ¿Cuáles son los síntomas
de la anemia ferropénica?
- ¿Cuándo debemos acudir al pediatra?
- ¿Qué niños tienen mayor
riesgo de padecer anemia ferropénica?
- ¿Cómo se diagnostica la anemia
ferropénica?
- ¿Qué pueden hacer los padres para
evitar o tratar precozmente la anemia ferropénica?
- ¿Cuál es el tratamiento de la
anemia ferropénica?
- Infecciones agudas y anemia en los niños.
La anemia no es una enfermedad en sí misma, sino un signo
o manifestación de otras enfermedades o pérdida de
sangre. En general hablamos de anemia cuando el niño tiene
una cifra de hemoglobina por debajo de lo normal. Los pediatras
utilizamos unas tablas con valores normales hallados estadísticamente
que varían con la edad del niño, es fácil suponer
que un recién nacido no tiene la misma cantidad de hemoglobina
que un niño de 14 años o un adulto.
En general podemos decir que la anemia se produce por dos motivos:
- Anemias debidas a una menor producción de hematíes
o hemoglobina.
- Anemias provocadas por una mayor destrucción o pérdida
de hematíes.
Existen muchos tipos de anemias, pero aquí solo nos referiremos
a las anemias más frecuentes en los niños
Es la anemia producida por una falta o carencia de hierro (necesario
para la producción de hemoglobina) que a grandes rasgos será
debida a:
- Un menor aporte (en la dieta).
- Una mayor eliminación o destrucción (pérdida
de sangre).
- Palidez, taquicardia.
- Pérdida de apetito.
- Cansancio: fatiga con el esfuerzo y reducción de la actividad
física.
- Menor capacidad de concentración y aprendizaje: disminución
del rendimiento escolar.
- Irritabilidad, falta de interés, trastornos de conducta.

Cuando se observe en el niño los síntomas anteriormente
descritos.
Deberemos tener en cuenta que los niños en muchas ocasiones
dicen que están cansados aunque no lo estén realmente.
Pondremos dos ejemplos muy frecuentes: los niños entre 4
y 7 años con frecuencia se aburren cuando se ven obligados
a pasear o ir de compras con los padres y protestarán recurriendo
a todas las estratagemas que se les ocurran: les dolerá la
cabeza, la barriga o hasta "el zapato" y por supuesto
dirán que no pueden continuar porque están cansados,
cansancio que desaparecerá de forma inmediata cuando se les
lleve a un parque infantil, donde jugarán sin parar y por
supuesto sin acordarse de que estaban cansados.
Los preadolescentes y adolescentes encuentran una gran satisfacción
en estar tumbados oyendo música o viendo la televisión,
lo que en general a los padres no les gusta y tratan de evitarlo
invitándoles a que realicen algún otro tipo de actividad,
por lo que los chicos se ven obligados a buscar justificaciones
para permanecer en esta posición argumentando que están
cansados, cansancio que no existe cuando tienen que entrenar o jugar
un partido de algún deporte que les guste. En resumen, se
debe intentar valorar de forma objetiva el cansancio del niño
o chico observando su actividad diaria.
- Niños menores de 1 mes:
- Prematuros.
- Niños de bajo peso al nacer.
- Hijos de madres con embarazos múltiples, ferropenia
materna grave durante el embarazo.
- Hemorragias úteroplacentarias (de la madre) y hemorragias
del recién nacido.
- Niños entre 1 y 12 meses:
- Niños alimentados solo con lactancia materna exclusiva
durante más de 6 meses.
- Alimentación con biberones de leche no suplementada
con hierro.
- Niños que se alimentan con leche de vaca antes de
los 12 meses.
- Niños mayores de 1 año:
- Alimentación incorrecta: alimentación con
exceso de productos lácteos y cereales y pobre en carne
magra, frutas y vegetales.
- Infecciones frecuentes.
- Niños con "Pica": comen cosas que no son
alimentos, como la pintura de las paredes, etc.
- Hemorragias frecuentes y/o profusas: sangrado nasal, digestivo,
menstruación.
- Niños que padecen síndromes de malabsorción
intestinal, como la enfermedad celíaca.
- Niños con cardiopatías congénitas cianógenas
(están azules o morados).
- Utilización prolongada de algunos medicamentos como
corticoides orales y antiinflamatorios.
Mediante un análisis de sangre en el que deberán
estar disminuidos los siguientes parámetros: hemoglobina,
volúmen corpuscular medio, hemoglobina corpuscular media,
hierro y ferritina.
De todo lo dicho hasta ahora se deduce que los padres tienen un
papel muy importante en la prevención de la aparición
de anemia ferropénica y en el inicio precoz del tratamiento,
si ésta no ha podido evitarse podrán:
- Proporcionar una dieta adecuada:
- El niño deberá tomar, a poder ser, leche materna
hasta los 4 ó 6 meses (el hierro de la leche materna
se absorbe mejor) y los niños tienen menos procesos
infecciosos.
- En caso de no poder tomar leche materna, darle una leche
artificial suplementada con hierro.
- A partir de los 5- 6 meses comenzar a dar frutas, vegetales
y carne magra.
- No introducir la leche de vaca antes de los 12 meses.
- Cuando el niño sea mayor, darle una dieta equilibrada
y variada. A veces el exceso de leche y cereales sacia el
apetito y los niños comen menos carnes, pescados, frutas,
verduras y legumbres, por lo que el aporte de hierro es escas.
- Acudir al pediatra:
- Si su hijo tiene algunos de los síntomas anteriormente
descritos para que sea diagnosticado y tratado..
- Si está incluido entre los niños con riesgo
de padecer anemia para que valore si es necesario administrar
hierro.
- Dieta rica en hierro: carne magra (preferiblemente ternera),
pescado y frutas ricas en vitamina C, que favorece la absorción
de hierro.
- Hierro por vía oral.
- Son necesarios controles clínicos y analíticos
para valorar la respuesta y duración del tratamiento.
Es muy frecuente que los niños presenten cifras bajas de
hemoglobina después de haber padecido una infección
aguda e incluso después de haber recibido vacunas de virus
vivos atenuados. Esta cifra baja de hemoglobina se normaliza habitualmente
pasados de 1 a 3 meses.
Esta sección ha sido elaborada
por Begoña Domínguez Aurrecoetxea (pediatra)
Centro de Salud de Otero (Oviedo). SESPA |