| Angiomas
- ¿Qué son los angiomas?
- ¿Con qué frecuencia aparecen en
los niños?
- ¿Qué síntomas presentan?
- ¿Qué debemos hacer si nuestro
hijo tiene un angioma?
Los angiomas son alteraciones que aparecen en los vasos sanguíneos
y se encuentran, sobre todo, en la piel. Bajo el término
de angiomas se engloban, en realidad, dos tipos distintos de lesiones
vasculares: los hemangiomas y las malformaciones vasculares.
1. Los hemangiomas son tumores BENIGNOS de origen vascular, es
decir, son vasos sanguíneos (arterias, venas, capilares)
que crecen más de lo normal, pero que ni invaden otros tejidos
ni degeneran hacia tumores malignos. Por dentro son, por lo general,
como ovillos de venas desordenadas.
2. Por el contrario, las malformaciones vasculares o angiomas planos
son capilares sanguíneos dilatados y congestionados (no son
tumores).
En conjunto son muy frecuentes, pues los hemangiomas aparecen aproximadamente
en 1 de cada 10 niños menores de un año y los angiomas
planos afectan a 4 de cada 10 recién nacidos
Al tratarse de lesiones de origen vascular, con frecuencia se manifiestan
como manchas rojas en la piel. Veamos los distintos tipos de angiomas
que suelen aparecer en la infancia:
- Angiomas planos. También se llaman manchas salmón,
nevus telangiectásicos, nevus de Unna, picotazo de la cigüeña,
beso del ángel, etc. Son manchas planas, lisas, de color
rosa o rojo pálido y que aparecen, sobre todo, en la nuca,
párpados y frente. El 99% de los localizados en la cara
desaparecen en el primer año de vida. Los de la nuca persisten
de por vida en el 5% de los casos, pero se notan poco por el cabello
que los recubre.
Un tipo especial son las manchas en vino de Oporto o nevus flameus,
que afectan a 3 de cada 1000 recién nacidos. Son manchas
de color rojo oscuro o púrpura que aparecen en la cara
o en las extremidades y su color se intensifica cuando el niño
llora. A diferencia del resto de angiomas planos, la coloración
va progresando con la edad y van tomando un color más azulado.
En algunos casos pueden estar asociados a alteraciones cerebrales.
- Hemangiomas. Suelen desarrollarse en el periodo neonatal y pueden
ser de tres tipos:
- Angiomas tuberosos o superficiales o fresa. Inicialmente
son como pequeñas manchas rojas que van aumentando
de tamaño y tomando un aspecto abultado y de color
rojo vivo.
- Angiomas cavernosos o profundos. Suelen estar ya presentes
en el momento del nacimiento. Son masas azuladas, calientes
y redondeadas, más voluminosas que las anteriores y,
al tocarlas, parece como estar tocando una bolsa de gusanos.
- Angiomas mixtos. Son combinaciones de angiomas fresa y cavernosos.
En la evolución natural de los hemangiomas podemos distinguir
tres fases:
- Fase inicial o proliferativa. Dura unos 5 a 7 meses y en ella
se produce un crecimiento de la lesión.
- Fase estacionaria. Dura entre los 7 y los 14 meses de vida
y en ella la lesión detiene su crecimiento.
- Fase involutiva. Suele comenzar a partir del primer año
de vida y puede extenderse hasta los 6 ó 7 años.
En ella la lesión tiende a desaparecer.
El 90% experimentan una resolución total o parcial, menos
del 10% constituyen un problema estético y menos del 2% requieren
tratamiento, aunque en este último caso el resultado final
suele ser peor que en los casos no tratados.
Habitualmente el pediatra lo habrá detectado en las revisiones
rutinarias del niño y les habrá informado de la benignidad
de la mayoría de ellos. El crecimiento rápido del
angioma no debe alarmar, pues forma parte de su evolución
natural. En caso de que exista un angioma tipo mancha de vino de
Oporto puede ser necesario hacer estudios por si aparecen complicaciones
del sistema nervioso central o de tipo hematológico.
En cualquier caso, conviene recordar que, en la mayoría
de los casos, el mejor tratamiento es no hacer nada, a pesar de
haber oído opiniones divergentes sobre el tema, y que el
resultado final es mejor en los no tratados que en los tratados.
Sólo requieren tratamiento aquellos que por su tamaño
o localización comprometen estructuras como ojos, nariz,
conductos auditivos, faringe o laringe; los que tienen un ritmo
de crecimiento alarmante; las grandes lesiones asociadas a trastornos
de la coagulación; o las lesiones que están expuestas
a traumatismos, infecciones o hemorragias.
Esta sección ha sido elaborada
por Maria Fernández Francés (pediatra)

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