| Lactancia
artificial y biberón
- Introducción.
- Lactancia mixta.
- Tipos de leche artificial.
- Tipos de biberón y tetinas.
- ¿Cómo se prepara el biberón?
- ¿Cómo se debe dar el biberón?
- Higiene del biberón y de la tetina.
- ¿Cuándo es aconsejable suspender
el uso del biberón?
- Problemas dentales relacionados con el uso
del biberón.
La leche materna es el mejor alimento para
su hijo durante los primeros meses de vida. Sin embargo en
algunas ocasiones, por enfermedades de la madre o del niño
o por motivos psicológicos, sociales o laborales, no se inicia
la lactancia materna o si se hace, se suspende precozmente. En estos
casos se debe utilizar un sucedáneo de la leche de madre:
la "leche artificial", también llamada fórmula
adaptada, que generalmente es un producto derivado de leche de vaca.
Un error frecuente es pensar que siempre que un recién nacido
llora es porque tiene hambre y eso lleva a ofrecerle un biberón
ante la duda de que sea insuficiente la alimentación sólo
al pecho. Consulte con su pediatra o su enfermera antes de iniciar
la lactancia mixta (leche de madre y fórmula adaptada), pues
en muchos casos se puede preservar la lactancia materna exclusiva
con sólo unos consejos y un poco de paciencia.
Es mejor extraerse la leche y mantener una pequeña reserva
de leche materna congelada en previsión de eventualidades,
que administrar un biberón de fórmula adaptada que
podría ser innecesario. (Ver
artículo sobre extracción, conservación y transporte
de la leche materna).
Si lo que se pretende es preparar biberones de fórmula adaptada
para poder introducir los cereales en la dieta de un lactante, hay
una opción que permite prolongar más la duración
de la lactancia materna, y es comenzar por la fruta y seguir luego
con la verdura y la carne, dejando los cereales para los 7-8 meses,
pues son un alimento que aporta básicamente calorías
"huecas" y por lo tanto relativamente innecesario en un
niño bien nutrido con la leche de su madre.
En cualquier caso, si por la razón que fuera, se administra
un biberón de leche artificial a un bebé alimentado
al pecho, no debe asumirse que necesariamente ha de ser la despedida
de la lactancia natural. La forma de mantener la producción
de leche materna es el vaciado del seno, ya sea por succión
directa del niño o por medio de un dispositivo "sacaleche".
Por esta razón, siempre que sea necesaria la alimentación
con biberón de un bebé amamantado hasta ese momento
sólo de forma natural, es muy recomendable comenzar en cada
toma por ponerlo primero al pecho, con el biberón ya preparado
al lado, y luego, tras una pausa, ofrecerle la leche artificial
para terminar de saciar su apetito. Si usted nota que el niño
toma poco biberón, es muy probable que le llegue con el pecho
solo, ¡inténtelo de nuevo! y confíe en su capacidad
para alimentarlo únicamente con su propia leche.
No hay leche materna mala y por lo tanto no tiene ningún
sentido analizarla. Puede ser insuficiente (menos veces de lo que
parece), pero nunca mala o "floja". 
Si exceptuamos aquellas leches especiales para niños con
problemas específicos, las leches artificiales se pueden
dividir en dos grupos: leches de inicio y leches de continuación.
Esta distinción se hace en Europa, ya que en otros países
como en EE. UU. de América no existe esa diferencia entre
leches de inicio y leches de continuación.
Las leches de inicio (suele poner un 1 en el envase) se utilizan
desde el nacimiento hasta los 5-6 meses de edad. Son leches con
una menor cantidad de proteínas y también menos cantidad
de hierro que las llamadas "de continuación" (leches
2), que habitualmente se utilizan desde los 5-6 meses hasta los
12-15. Ambos tipos de leche están presentes en el mercado
tanto en forma líquida como en forma de polvo. La primera
es más sencilla de manejar, mientras que la presentación
en polvo es bastante más barata. La composición no
varía con la forma de presentación.
A partir de los 12 meses se puede empezar a utilizar leche entera
de vaca, es decir la que normalmente toma toda la familia en el
desayuno. No se aconseja alimentar a niños menores de 3 años
con productos semidesnatados o desnatados.
Cualquiera de los productos que se venden están homologados
y no existen diferencias significativas entre ellos. Por tanto,
da igual el tipo de material del que estén formados, aunque
los de vidrio son más fáciles de limpiar. Asimismo,
el tipo de tetina, bien sea redondeada o bien aplanada, es indiferente
y no se ha encontrado que existan diferencias entre ambas respecto
a futuros problemas dentales.
El agujero de la tetina debe permitir una salida lenta de la leche
en forma de goteo continuo, pero no de chorro, lo que disminuirá
el riesgo de atragantamientos.
Es aconsejable revisar periódicamente las tetinas y los
biberones. Las tetinas se rompen con el uso, sobre todo a partir
del inicio de la dentición y deberán ser sustituidas.
En el caso de los biberones, aparte de la posibilidad de rotura,
es muy importante que sean bien visibles las rayas de medición,
para que no haya errores en el momento de preparar la leche.
Antes de preparar el biberón, lávese las manos con
agua y jabón. Esta sencilla medida higiénica evitará
muchos problemas a su bebé.
No es necesario que la temperatura de leche sea de 36-37ºC.
Se puede administrar a temperatura más templada (ambiente),
según el gusto del bebé, sin que se altere por ello
la calidad de la leche.
Si usted ha elegido la presentación líquida, simplemente
tendrá que echar en el biberón la cantidad de leche
que necesite su bebe y dárselo.
Si por el contrario opta por la presentación en polvo, la
preparación es la siguiente:
- Si en su localidad hay buen control sanitario del agua para
el consumo humano, tómela directamente del grifo al biberón.
Si tiene dudas, emplee agua envasada pero de bajo contenido en
sales minerales (poco mineralizada). Es preferible no hervir el
agua porque coge mal sabor y se concentran las sales minerales
que lleva disueltas.
- Caliente levemente el agua si fuera necesario a una temperatura
templada. No es muy recomendable utilizar el horno microondas
para calentar el biberón, ya que no lo hace homogéneamente
y podrían encontrarse zonas de leche muy caliente que pasaran
inadvertidas y provocar así quemaduras en la boca de su
bebé. En cualquier caso, si usted lo va a usar, no se olvide
de agitar bien el biberón antes de dárselo al niño.
- Respete las normas indicadas por el fabricante. Casi todas las
leches en polvo a la venta están fabricadas para añadir
un cacito raso cada 30 cc* de agua, o sea que un biberón
con 60 cc de agua precisará de 2 cacitos, uno de 90 de
3, uno de 120 de 4, y así sucesivamente; es decir, siempre
múltiplos de 30 (30x1, 30x2, 30x3, 30x4, etc.). No prepare
leche con concentraciones distintas a las indicadas, ya que si
usted pone mayor cantidad de agua de la necesaria, podrá
disminuir el aporte de alimento a su bebé y, por el contrario,
poca cantidad de agua podría causarle problemas digestivos
o renales.
- Añada el número de cacitos necesario y agite suavemente
la mezcla hasta que se hayan desecho todos los grumos. Notará
que aumenta el volumen, de forma que lo que eran por ejemplo 120
cc de agua, ocupan ahora, tras añadir los polvos, alrededor
de 130 cc o más; sin embargo le seguiremos llamando "un
biberón de 120", que es la cantidad de agua que lleva.
- Puede preparar varios biberones y luego guardarlos en el frigorífico
y calentarlos en el momento de usarlos. La leche así preparada
deberá ser ingerida antes de que pasen 24 horas.
Una vez que esté preparado el biberón, coloque unas
gotas en el dorso de su mano o en la cara anterior de la muñeca
para comprobar la temperatura de la fórmula. Si apenas la
siente, es que la temperatura es la adecuada y, ante la duda, es
mejor que "tire" a templada que a caliente.
*.- Esta proporción 1 cacito /30 cc, que puede
parecer caprichosa para quienes usamos como unidades de volumen
el litro y el metro cúbico, proviene de Estados Unidos de
América, pues corresponde a 1 onza de volumen, que es casi
exactamente 30 cc "nuestros". Por cierto, cc (centímetros
cúbicos) y ml (mililitros) son lo mismo; o sea, 30 cc = 30
ml.
Ponga a su bebé en posición semi-incorporada o sea,
ni sentado ni tumbado, sino recostado. El biberón se debe
colocar de tal forma que la tetina esté siempre llena de
leche. Prepare más leche de la necesaria, ya que pueden existir
diferencias entre las distintas tomas y es aconsejable que nunca
vacíe completamente el biberón, esto también
quiere decir que no debemos empeñarnos de que el bebé
tome toda la leche contenida en el biberón; en cuanto rechace
la tetina con la lengua, deberemos dejar de insistir. La leche sobrante
no se debe aprovechar para una toma posterior, sino que debe desecharse.
Es aconsejable que durante la toma y sobre todo al final, el niño
eructe. Esto es más importante en aquellos que ingieren muy
deprisa o muy despacio, porque llenan su estómago de aire
con lo que se provoca una falsa sensación de saciedad.
No es necesario hervir sistemáticamente las tetinas ni
los biberones si el agua corriente es de suficiente garantía
para el consumo humano (depurada y clorada) y la preparación
se realiza con una adecuada higiene: lavado de manos previo, etc.
Se recomienda limpiar biberones y tetinas con agua caliente, detergente
y un cepillo adecuado, también pueden utilizarse los lavavajillas.
El biberón pretende ser un sustituto artificial del pecho
materno, de forma que al introducir alimentos más sólidos,
como papillas de cereales, fruta o puré, alrededor de los
6 meses, ya no resulta necesario. El bebé desde esa edad
ya es capaz de comer de una cuchara, aunque al principio le cueste
un poco y haya que tener paciencia y algo de fe, pues es un momento
crítico para desarrollar unos hábitos adecuados que
luego conduzcan a la masticación normal.
El agua sola puede ofrecerse en biberón (aunque también
con cuchara), pero a partir de los 13-15 meses de edad ya será
capaz de tomar los líquidos con vaso y entonces el biberón
podrá dejarse de utilizar.
El uso en mayores de dos años parece estar relacionado con
la aparición de problemas dentales como la maloclusión
(los dientes inferiores no se corresponden con sus respectivos superiores
al cerrar la boca).
Está mucho más claro que el contacto continuo de
los dientes con bebidas azucaradas favorece la aparición
de las llamadas "caries del biberón". Por eso,
cuando usted quiera dar líquido a su hijo entre tomas, dele
agua, no zumos u otras bebidas azucaradas. Asimismo, evite que el
niño permanezca en la cuna con un biberón en la boca.
Esta sección ha sido elaborada
por Enrique Criado Vega y Manuel Merino Moína, pediatras
Centro de Salud El Greco (Getafe). Madrid

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