| Habilidades
de comunicación
- Habilidades de comunicación entre padres
e hijos
- La comunicación "yoica"
- Describir conductas en lugar de etiquetar
- Describir "cómo de siento"
ante dicha conducta
- Describir cuál es el comportamiento
que me parecería más adecuado
Uno podría pensar que la familia es el lugar idóneo
para que surjan el diálogo y la comunicación. Sin
embargo no siempre es así. El diálogo entre padres
e hijos muchas veces se rompe o no existe. ¿Por qué?
Pues porque en ninguna otra estructura social hay diferencias tan
notables entre sus componentes. En ella pueden convivir distintas
generaciones desde bebés a ancianos, cuyas realidades son
muy diferentes. Eso que en otras épocas se vivía como
enriquecedor, ahora puede ser motivo de desencuentro. También
la falta de tiempo; el no tener programadas actividades conjuntas;
la enorme cantidad de estímulos a los que estamos expuestos
(teléfonos, televisión, ordenadores, videojuegos,
etc.); el trabajo fuera y dentro de casa; el tiempo de ocio, etc.
con días que siguen teniendo 24 horas, hace que cada vez
haya menos tiempo común. Pero es en la familia donde nace
y crece el mundo de la afectividad y para ello son necesarios
tiempo y comunicación. También comunicarnos
es necesario a la hora de transmitir mensajes que consideramos relevantes
y valores que nos parece que nuestros hijos deberían desarrollar.
Como vemos, la comunicación es una habilidad imprescindible
para relacionarnos, por ello vamos a intentar resumir algunos conceptos
importantes. La buena comunicación es
imprescindible para educar.
La forma de comunicarnos va a ser diferente
según la edad de los niños. Como es imposible resumir
las técnicas según la edad, daremos inicialmente unas
premisas que son válidas a todas las edades:
- La fundamental amenaza a la comunicación es la falta
de tiempo o el hacerlo en momentos poco adecuados (cansancio,
enfado, estrés, prisa, etc.).
- Hay que tener mucha capacidad de escucha; los niños
tienen que sentir que se les presta atención y lo que tienen
que decirnos es importante.
- Hay que favorecer espacios para la reflexión, respetando
turnos, evitando el insulto o la imposición de normas sin
dar razones (esto dependerá, claro, de la edad del niño,
pero se consigue un buen desarrollo del respeto si suele ser la
tónica desde que el niño tiene capacidad de empatía,
es decir a los 5-6 años)
- Las normas deben ser sencillas, justas y mantenerse. Debe de
haber coherencia entre padre y madre (a los niños les confunde
mucho que cada uno diga una cosa diferente).
- Lo que sentimos y lo que decimos tiene también que ser
coherente. Se aprende más de un padre moderadamente expresivo
que de otro que siempre es dulce, razonable y contenido. Es importante
expresar nuestros sentimientos de forma adecuada y también
los motivos o conductas que los producen, para que los niños
puedan darse cuenta de lo que sucede y asociar.
- Es importante conocer que la mayor parte de lo que decimos es
no verbal. Esto significa que los gestos, la mirada, el tono o
la intensidad de la voz van a precisar en mayor medida lo que
estamos diciendo. Esto que es evidente a todas las edades, es
fundamental en el niño pequeño.
Para poder comunicarnos con eficacia con adolescentes a partir
de los 10-12 años (>> ir a Desarrollo Psicológico)
hay además que ser conscientes de unas cuantas claves importantes:
- La realidad no existe de forma objetiva. Esto significa que
el ser humano percibe la realidad e inmediatamente la valora,
tiñéndola con las gafas con las que está
constituido. A todos nos ha ocurrido que el mismo hecho puede
ser interpretado y valorado de forma muy diferente según
quien lo perciba. Si por ejemplo nuestro hijo quiere hacerse un
piercing, a nosotros (padres) puede parecernos espantoso, de mal
gusto y hasta peligroso; pero para él o ella puede resultar
muy atractivo.
- Los seres humanos tenemos unos mecanismos de pensamiento “automático”,
creados para ahorrar tiempo y energía mental, pero que
a veces dificultan o destruyen la comunicación. Algunos
son:
- Filtraje.- De una situación o experiencia se repara
sólo en los detalles negativos y se magnifican, no
teniendo en consideración los positivos.
- Pensamiento polarizado.- Las cosas son buenas o malas, blancas
o negras. Hay que ser perfecto en todo, si no, eres un fracasado.
- Personalización.- Pensar que lo que los demás
hacen o dicen tiene una estrecha relación conmigo.
Refleja un pensamiento infantil y egocéntrico.
- Culpabilidad.- Cuando los demás son responsables
de lo malo que me ocurre a mí o de mi sufrimiento,
o por el contrario, cuando me asumo como responsable de todos
los problemas y desgracias ajenas.
- Falacia de cambio.- Suponer que una persona cambiará
de conducta para adaptarse a nosotros, si se la presiona lo
suficiente. El resultado habitualmente es que el otro se siente
atacado o cohibido y no cambia en absoluto.
- La mayor parte de los problemas de comunicación ocurren
porque pensamos que nuestros valores o nuestra forma de ver la
realidad son los mejores y que los demás están equivocados
si no coinciden con nuestro punto de vista (>> ir a Resolución
de Conflictos).
- Aun en las mejores condiciones, nunca llegará al receptor
(el que recibe la comunicación) exactamente lo que quiere
decir el transmisor (el que emite el comunicado).
Para hacer un uso serio del lenguaje cuando nos interesa que el
mensaje llegue lo más íntegro posible hay que: decir
sólo lo necesario, decir sólo la verdad, decirla con
claridad y decir sólo lo pertinente.
Lo que normalmente termina en conflicto comienza como un problema
de comunicación, una suposición gratuita y una conclusión
precipitada que conlleva un mensaje “duro”, difícil
de escuchar .
Cuando intentamos comunicarnos ante un problema o un conflicto
es importante que estemos en un estado de ánimo tranquilo.
Es fundamental buscar una situación propicia aunque sea en
otro momento, porque cuando estamos enfadados o furiosos no solemos
pensar con claridad y tendemos a insultar más que a describir
conductas. Además, solemos sacar la lista de agravios (lo
actual, lo que pasó anteriormente, venga o no a cuento, y
lo que suponemos que ocurrirá). Todo ello impide centrar
el problema que nos preocupa aquí y ahora, no resuelve nada,
se gasta energía tontamente y oportunidades de acercamiento
(
ir a Resolución de Conflictos).
Normalmente las personas cuando alguien ataca, ya sea física
o verbalmente, tienden a defenderse y a atacar a su vez, lo que
impide que se dé un proceso adecuado de comunicación
porque nadie escucha. Cuando estamos enfadados, las palabras que
tendrían que servir para explicar cómo vemos la situación,
qué sensaciones nos produce y lo que nos gustaría
que ocurriera, se convierten en armas arrojadizas (insultos, palabrotas)
que hacen daño, hieren, faltan al respeto, menoscaban la
autoestima (>> ir a Autoestima) y favorecen los comportamientos
extremos. Justo lo que no queríamos que ocurriese. Luego,
cuando estamos más serenos, nos avergüenza y nos duele.
Como un padre comentaba en la consulta: “Cuando me enfado
con mis hijos, pierdo frecuentemente los papeles y hago mucho daño.
Luego me arrepiento y me disculpo… pero las palabras son como
clavos en madera, aunque los quites al disculparte, el agujero queda”.
Por tanto vamos a describir algunos trucos para llevar a cabo una
comunicación eficaz que permita las condiciones de entendimiento
y escucha.
Para que los otros puedan escuchar algo que no es positivo, es
importante hablar desde el “Yo” en lugar del “Tú”.
Lo que yo siento, pienso, valoro, etc. es algo mío, me pertenece
a mí y depende de mí. Si digo que me siento triste,
furioso o cansado difícilmente otra persona me lo va a discutir,
sabré mejor que nadie cómo me siento en ese momento
(asumiendo que estoy siendo congruente). En cambio mi opinión
de otra persona no significa que sea en realidad así (ya
vimos los problemas de filtraje) y puede estar en oposición
con lo que la otra persona opina de sí misma o le puede costar
identificarse con ello. Si le digo a mi hijo: “tú”
“eres un vago, un mentiroso o un tarambana” puede que
no coincida con la idea que él tiene de sí mismo o
de lo que imagina ser y además puede hacer daño (>>
ir a Autoestima). Si somos sinceros, veremos como eso nos pasa también
a nosotros; es decir, la comunicación negativa desde el “tu”
dificulta la escucha. Esto no significa que no se tengan que decir
las cosas negativas, sino que hay que decirlas de otra manera para
que lleguen y sean eficaces, aportando crecimiento y cambio (que
es lo que nos interesa) y no falta de respeto y humillación
Decir “eres un vago o un desordenado o un imbécil”
es hacer juicios de valor y en este caso además insultar.
Ya hemos comentado cómo esto no hace más que daño
y dificulta la comunicación. Describir
conductas es algo mucho más neutro, que define situaciones
y no enjuicia: “llevas toda la tarde jugando y mañana
tienes un examen importante”.
Para poder hacerlo bien es importante definir muy claramente cual
es la conducta, el hecho o el comportamiento que nos molesta o preocupa,
y describirlo de la forma más clara y sencilla posible.
Una vez acotada la conducta que molesta o preocupa es importante
comunicar cómo me hace sentir (la conducta y no tú).
“Cuando llego cansada de trabajar
y veo el salón tan desordenado, me pongo a la vez triste
y furiosa”. Es difícil que la otra persona se
sienta atacada por hechos o descripciones que nos hacen sentir de
una cierta manera y en cambio, sí le comunicamos eficazmente
cómo nos sentimos ante ese hecho concreto
Es importante que nuestros hijos sepan claramente qué me
pasa, cuándo me pasa y por qué me pasa, pero además
sería interesante que les dejásemos claro qué
es lo que nos gustaría que pasase. “O
sea, que te agradecería mucho que los espacios comunes de
nuestra casa estuviesen recogidos cuando yo llego”.
Si nos parece que hay que especificar más a lo que nos referimos
con “recogido”, por si el otro no lo entiende como nosotros,
pues lo hacemos: “No me gusta encontrarme con los restos de
tu merienda esparcidos, la consola encendida, tus libros encima
de la mesa del comedor y tus zapatos en la alfombra. Te agradecería
que todo estuviese en su sitio”.
A veces es necesario que expliquemos nuestros valores y preocupaciones.
Como en el ejemplo del tatuaje en Resolución de Conflictos
(
ir): Si mi hijo Carlos de 16 años quiere hacerse un tatuaje
en la espalda, es importante que yo especifique qué me preocupa
y lo que me disgusta. Es además importante que sepa priorizar
qué es lo más importante para comunicárselo.
Por ejemplo: Me puede parecer una macarrada que se haga un tatuaje,
me puede avergonzar qué pensarán la familia y los
vecinos, me puede preocupar que se arrepienta en un futuro de algo
que es indeleble y además me puede horrorizar que se lo haga
en un local donde no se den las condiciones higiénicas pertinentes
y se infecte con algo serio (hepatitis, sida, etc.). Es importante
que yo sepa discernir entre todas mis preocupaciones cuál
es la que a mi juicio es la más importante para poder negociar
con él: “ me preocupa que te hagas un tatuaje porque
desde mi punto de vista eso sólo lo lleva gente de mal vivir
y me da vergüenza lo que dirán los vecinos y los abuelos.
Como veo que para ti es importante, me he informado al respecto
y es evidente que hoy en día los lleva casi todo el mundo.
No es mi cuerpo, es el tuyo, por lo que imagino que poco puedo hacer
para disuadirte con la edad que tienes, salvo darte mi opinión.
Lo que de verdad me importa es que tomes la decisión de forma
meditada, porque eso no se quita y te propongo que para probar te
hagas uno de los que se borran con el tiempo. Si persistes en hacértelo,
sólo te pongo una condición y esa no es negociable:
que te lo hagas en un sitio con garantía sanitaria (si tenemos
algún sitio se lo comentamos). Me parece importante que no
corras riesgos innecesarios”.
Como vimos en resolución
de conflictos he valorado:
- Cuál es el problema.
- Quién tiene el problema.
- Me he informado al respecto.
- He barajado posibles soluciones descartando las extremas.
- He negociado y hemos pactado una suficientemente razonable para
ambos.
- He analizado el resultado (si se lo va a hacer, que se lo haga
en condiciones sanitarias adecuadas).
Además, en cuanto a técnicas de comunicación:
- He dicho cómo me siento ante el hecho de que se tatúe
(sin insultar ni hacer juicios de valor).
- Respeto su decisión aunque no la comparto y...
- ...dejo claro que, dado que me preocupa su salud, lo que me
parece más importante es quién, en qué condiciones
y dónde se lo haga.
Mi hijo comprobará que soy capaz de escuchar, que entiendo
que las cosas pueden ser diferentes a cómo yo las veo, aunque
para mí están muy claras (yo no me lo haría),
que tengo respeto por su opinión y que verdaderamente, aparte
de la estética, lo que más me preocupa es su salud
porque le quiero. Al final se hará o no el tatuaje definitivo
(es su cuerpo y tiene edad para decidir sobre esas cosas), pero
en las condiciones adecuadas que es lo que más me preocupa.
Algo parecido podía ocurrir con los anticonceptivos. Puede
no parecerme adecuado que mi hija de 16 años mantenga relaciones
sexuales. Puedo intentar convencerla de que es pronto y tiene toda
la vida para mantenerlas, pero si las va a mantener pese a lo que
yo opine, puede que me interese que use preservativo para evitar
tanto un embarazo no deseado como infecciones de transmisión
sexual.
Finalmente, terminamos insistiendo en que el arte de comunicarse
bien no es tanto el hecho de hablar como el de escuchar.
Para ello es importante pensar que la otra persona tiene algo interesante
que contarme, que la verdad absoluta no existe (existen los consensos)
y lo que para mí es evidente, puede no serlo para otros.
Hay que “oir” sin anticipar juicios, no mostrar prisa
ni impaciencia, no entrar en discusiones previas, valorar lo que
nos dicen, preguntar lo que haga falta, interpretar sin juzgar,
respetar la libertad del otro, ponerse en su lugar, no prejuzgar,
dar confianza, procurar no interrumpir y sobre todo, tener mucha
paciencia. Si sabemos escuchar y respetar, teniendo la seguridad
de que la realidad se construye y cada uno lo hace según
sus gafas; si sabemos describir claramente lo que nos perturba sin
insultar; si especificamos qué o cómo nos gustaría
que fuese, sin imponer irracionalmente, estamos en el camino adecuado
para comunicarnos y eso facilita notablemente el compartir, aprender,
entender, y enseñar.
Ahora: “Id y mostrad”, amiguitos, que una cosa es la
teoría y otra muy diferente la práctica,
¡SUERTE!
Esta sección ha sido elaborada
por Concha Bonet Luna, pediatra
y Margherita Brusa, pedagoga

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