| Crecimiento
- ¿Se puede conocer cuál será
la talla definitiva de un niño?
- ¿Qué son los percentiles?
- ¿Qué es la edad ósea?
- ¿Los hijos de padres bajos tienen que
ser necesariamente bajos?
- ¿Qué son los niños "tardanos"?
- Además de la herencia, ¿qué
otros factores influyen en el crecimiento?
- ¿Qué importancia tiene la talla
al nacimiento?
- ¿Cuándo se debe sospechar la falta
de hormona de crecimiento (GH)?
- ¿Es peligroso el tratamiento con hormona
de crecimiento?
Hay varios métodos. Los más sencillos son imprecisos,
mientras que los que consideran la edad ósea y la velocidad
de crecimiento son bastante fiables.
Uno de ellos, la talla diana. Tiene un error de +/- 9 cm.
La talla diana se calcula con la siguiente fórmula: (Talla
del padre + Talla de la madre + 13) / 2 = Talla objetivo
En el caso de hijos varones, se añade 13 a la suma de las
tallas de los padres y en el caso de las mujeres se resta 13 a la
misma suma.
El más sencillo es calcular la "talla proyectada".
Se hace siguiendo sobre una gráfica de percentiles, el percentil
por el que crece un chico, hasta la edad de 18 años.
El mas seguro se realiza a través de unos cálculos
que toman en consideración la edad cronológica, la
talla, la edad ósea, la velocidad de crecimiento en el último
año, y el grado de desarrollo puberal. El margen de error
es de 2-4 cm. Con este método se puede predecir la talla
definitiva con una probabilidad de acierto entre el 80 y 95%.
Para valorar el crecimiento de los niños, usamos las gráficas
de percentiles. Existen gráficas de percentiles para cada
parámetro: el peso, la talla, el perímetro de la cabeza,
la grasa corporal, etc. Las más utilizadas son las de peso
y talla, diferentes según se trate de varones o mujeres.
Aparentemente son muy complicadas, pero en realidad no es así.
En una gráfica de percentiles figuran varias líneas,
cada una con un número: 3, 10, 25, 50, 75, 90 y 97. Para
conocer en que percentil se encuentra un chico —por ejemplo
de peso—, se debe buscar primero la edad en el eje horizontal.
Se traza una línea vertical desde ese punto. A continuación
se busca el peso en el eje vertical, y se traza una línea
horizontal por ese punto. Las dos rectas se cruzarán sobre
alguna de las líneas de percentiles del gráfico. Ese
será el percentil de peso del chico. Por ejemplo un lactante
que pesa 7 kg y tiene 6 meses de edad, se encuentra en el percentil
10.
¿Qué significa que un lactante esté en el
percentil 10 de peso? Que si lo comparamos con 100 lactantes normales
de su misma edad y sexo, habría sólo 10 que pesarían
menos, mientras que los otros 90 pesarían más que
él. Lo mismo vale para la talla. Si decimos que un chico
está en percentil 75 de talla, estamos diciendo que comparado
con cien lactantes normales, 75 medirían menos y 25 más.
Dicho de otra forma, si ponemos en fila a estos cien lactantes normales
según su talla, estaría en el puesto 75.
Todas las líneas de los percentiles corresponden a valores
normales, pero dentro de los límites de la normalidad hay
niños mas rechonchos y otros mas delgados, lo mismo que habrá
niños altos y niños bajos pero todos dentro de los
límites normales. Los niños excesivamente altos o
gordos, estarían por encima del percentil 97, mientras que
los excesivamente bajos o delgados, estarían por debajo del
percentil 3. Lo importante no es tener un percentil alto, sino crecer
y engordar de forma más o menos regular, en torno a un mismo
percentil.
Refleja la velocidad a la que crece el esqueleto, y no siempre
coincide con la edad real (cronológica). Se valora, analizando
los huesos que hay en la muñeca (carpo) y mano izquierdas,
mediante una radiografía.
En los casos en que hay duda sobre la normalidad del crecimiento,
es una prueba que resulta fundamental. Algunos chicos son altos
comparados con el resto de sus compañeros de clase, pero
tienen una maduración ósea adelantada. Estos chicos
dejarán de crecer antes que sus compañeros, por lo
que, al final, probablemente no terminen siendo tan altos como parecía.
También ocurre lo contrario, chicos bajos con una edad ósea
atrasada pueden llegar a tener una talla final normal, si no tienen
alteraciones de otro tipo.
Para determinar la edad ósea de un niño, se compara
su radiografía de muñeca con unos modelos existentes
para cada edad. No es un procedimiento sencillo y puede haber ligeras
variaciones según la persona que realiza la valoración.
Se consideran normales variaciones de alrededor de un año
respecto a la edad cronológica.
La talla de cada persona depende por una parte de la herencia de
sus antepasados –lo que llamamos "factores genéticos"–
y por otra, de una serie de factores que llamamos "factores
extragenéticos", entre los que están la alimentación,
las enfermedades que puedan padecerse durante los años de
crecimiento, la forma de vida, etc.
La herencia genética es el factor que más influencia
tiene, no sólo sobre la talla definitiva, sino también
en el ritmo de maduración ósea, mas rápido
o mas lento.
Por lo general, los padres bajos suelen tener hijos bajos, aunque
esto no siempre es cierto, ya que los genes que se heredan no sólo
son de los padres, sino de otros antepasados.
La talla esperada para un chico, en función de la talla
de sus padres, se conoce como "talla diana" u "objetivo
de talla genética". También existen gráficos
especiales para relacionar el percentil de crecimiento de un niño
con la talla media de sus padres.
En principio, no debe sorprender que un hijo de padres bajos sea
bajo. Pero esto no ha de servir de justificación para dejar
de estudiar al niño. Aunque no es habitual, puede ocurrir
que en una familia de bajos todos tengan un trastorno que se pone
de manifiesto al estudiar a uno de los miembros de la familia.
En los casos de duda, para poder asegurar que el crecimiento de
un niño es normal, no bastará con relacionarlo con
la talla de sus padres. Será necesario además medir
la velocidad a la que crece durante al menos un año y en
algunos casos realizar una radiografía de la mano, para confirmar
que la maduración de los huesos es normal.
La talla definitiva de cada persona se alcanza cuando termina
completamente el crecimiento del esqueleto. Y el esqueleto no crece
al mismo ritmo en todas las personas. Unas alcanzan la talla definitiva
mas pronto y otras más tarde. De una forma simplificada se
puede decir que hay tres patrones de maduración esquelética:
1) El que sigue la mayoría de los niños. 2) Un patrón
rápido y 3) Un patrón lento. Este último corresponde
a los niños tardanos, y trata de reflejar que son niños
normales, pero que crecen algo más tarde que la mayoría
de los demás.
El nombre médico para los niños "tardanos"
es "Retraso Constitucional del Crecimiento", y no representa
una enfermedad, sino una forma peculiar de desarrollo.
Estos chicos suelen nacer con un peso y talla normales y, a partir
de los 6-12 meses, enlentecen el ritmo de crecimiento, situándose
en los valores más bajos de las gráficas de percentiles.
Este enlentecimiento se debe a una maduración lenta del esqueleto,
por lo que la edad ósea se va quedando atrasada respecto
a la cronológica. A los 4-5 años el retraso suele
ser superior a 2 años. A partir de esa edad, los niños
vuelven a crecer a un ritmo normal en paralelo al percentil 3. Aunque
son niños bajos, la talla y velocidad de crecimiento son
normales para la edad ósea.
Al llegar a los 12 ó 13 años no se produce la aceleración
del crecimiento propia de la pubertad, ni se inicia la maduración
sexual, ni avanza el desarrollo esquelético y la talla se
vuelve a alejar claramente de los valores normales para la edad
cronológica.
Finalmente, cuando la edad ósea es de 12 a 13 años
en los niños y de 10 a 12 años en las niñas,
lo que suele suceder entre los 16 y 19 años de edad, sobrevienen
los cambios puberales y al final se alcanza, en la mayoría
de los casos, una talla adulta normal.
Alrededor del 80% de estos niños suelen tener antecedentes
de familiares con crecimiento similar.
En ocasiones, sobre todo en varones, la talla baja y el retraso
en la aparición de los caracteres sexuales secundarios puede
crear problemas graves de adaptación psicosocial, debido
a una afectación de la autoestima. En algunos de estos casos,
puede ser necesario realizar un tratamiento hormonal encaminado
a acelerar el crecimiento.
En condiciones favorables, la curva de crecimiento de un chico
debería de reflejar su potencialidad genética. Las
situaciones adversas, como por ejemplo desnutrición, enfermedades,
dieta desequilibrada, etc., repercuten desfavorablemente sobre el
crecimiento.
Tanto el ritmo de la maduración corporal como el tamaño
y forma finales del organismo son el resultado de una interacción
continuada entre la herencia ("factores genéticos")
y los "factores extragenéticos".
Son muchos los factores extragenéticos que pueden afectar
al crecimiento. Por una parte están los encargados de aportar
la energía necesaria para que se produzca el crecimiento:
aporte de oxígeno y de nutrientes, junto a todas las estructuras
que intervienen en el proceso de respiración, digestión
y absorción. Por otro lado están los encargados de
convertir las instrucciones genéticas en el aspecto corporal
definitivo: son las sustancias hormonales y todos los factores implicados
en su funcionamiento. Por último están los órganos
efectores, el sistema esquelético, sobre el que actúan
los anteriores, y que hace posible la consecución del objetivo
genético.
Se considera normal una talla al nacimiento superior a 47 cm para
los niños que nacen a término. A los que nacen con
una talla inferior, los denominamos "Retrasos del crecimiento
intrauterino (RCIU)" y afecta a niños que han sufrido
algún problema durante la gestación.
Aunque lo importante es la talla, por lo general y por cuestiones
prácticas, el diagnóstico de RCIU se suele hacer más
a menudo en función del peso al nacimiento. El criterio más
empleado es el de un peso al nacimiento por debajo de 2.500 gr en
el recién nacido a término.
En los países desarrollados, la incidencia del RCIU oscila
entre un 4 y un 7% de los recién nacidos. Las causas que
lo provocan pueden ser de origen ambiental, por problemas del feto,
de la madre o de la placenta.
La malnutrición materna es, sin duda, la causa más
frecuente en todo el mundo, pero su incidencia en los países
desarrollados es escasa. En éstos, y de manera aproximada,
las enfermedades vasculares de la madre suponen un 25-35% de los
casos; los problemas fetales supondrían entre un 10-15%;
y las infecciones, el consumo de alcohol, tabaco o de otras drogas,
supondría otro 10-15%. En el resto de los casos no se logra
identificar una causa responsable del retraso de crecimiento.
En la mayoría de los casos (alrededor del 80-85%) se produce
una recuperación postnatal del crecimiento. Esta puede ser
total o parcial y tiene lugar, habitualmente, durante el primer
año de vida y, sobre todo, durante los seis primeros meses.
Después del primer año de vida, las posibilidades
de recuperar el crecimiento perdido disminuyen y, por encima de
los cuatro años, son prácticamente inexistentes.
El patrón de crecimiento de los niños con falta
(déficit) de hormona de crecimiento suele ser bastante característico.
La talla al nacimiento suele ser normal. Salvo en algunos casos
excepcionales en los que el déficit está presente
desde el nacimiento, el crecimiento es normal durante un periodo
de tiempo variable, 1 ó 2 años. A continuación
la velocidad de crecimiento se enlentece. La talla se va deteriorando
progresivamente y se acompaña de un retraso de la maduración
ósea.
En general, el retraso de talla empieza a manifestarse a lo largo
de los primeros años de vida, de modo que en el 3º-4º
año, la talla ya se halla por debajo del percentil 3. Si
el déficit es menos importante, la talla puede evolucionar
dentro de percentiles normales a lo largo de varios años
más.
La velocidad de crecimiento en los casos típicos de déficit
de hormona de crecimiento es inferior a 4 cm/año a partir
de los 2 años.
El aspecto general de un niño con déficit de GH es
típico: a diferencia de otros tipos de hipocrecimiento, en
los que la baja talla se debe al acortamiento de las extremidades
o de tronco, en los casos de déficit de GH las proporciones
corporales son normales para la edad del niño. El estado
nutricional es aparentemente bueno debido a su obesidad relativa
(el peso se afecta menos que la talla). Los rasgos faciales son
suaves, la frente puede ser ligeramente abombada, la nariz chata
y la raíz nasal hundida. La voz es fina, a veces chillona
y su comportamiento normal. El pene suele ser pequeño y la
inteligencia es normal.
El déficit de GH provoca un retraso de crecimiento importante
y progresivo. Es realmente excepcional encontrar un niño
deficitario en GH delgado, con un espesor graso disminuido, igual
que es difícil que no presente retraso de la maduración
ósea.
El diagnóstico debe de confirmarse mediante análisis
complicados de sangre en los que se demuestre, al menos en 2 ocasiones
diferentes, que la cantidad de hormona de crecimiento es baja. Estos
análisis sólo deben de realizarse en centros hospitalarios
y por profesionales con experiencia.
En las situaciones en las que el déficit de hormona no es
completo, el diagnóstico puede resultar difícil en
un buen número de casos. Puede ser necesario realizar determinaciones
en orina de 24 horas o en extracciones de sangre repetidas durante
una noche.
Si se demuestra con certeza la falta de la hormona, aunque no sea
completa, estará indicado realizar tratamiento sustitutivo
con hormona de crecimiento.
Desde los años 60 hasta ahora han cambiado la dosis, el
modo de administración y sobre todo, el tipo de hormona administrada.
En los primeros años, la hormona se obtenía a partir
de extracción de cadáveres humanos. La cantidad de
hormona disponible era muy escasa, y tenía riesgo de trasmisión
de enfermedades, si el procedimiento de obtención no era
muy cuidadoso. A partir de 1985 se pudo disponer de hormona recombinante,
obtenida exclusivamente en laboratorio. Esta nueva hormona tenía
dos ventajas. Permitía obtener cantidades ilimitadas de hormona,
y eliminaba toda posibilidad de transmisión de enfermedades.
Ello permitió ampliar las indicaciones de tratamiento y evaluar
distintas dosificaciones, de tal modo que en la actualidad la dosis
más aceptada es de 0,5 U/kg/semana, administrada por vía
subcutánea, diaria, antes de dormir.
Cuándo debe interrumpirse el tratamiento, es algo a resolver
individualmente. Los motivos de interrupción del tratamiento
son la falta de efectividad del mismo, haber alcanzado una talla
aceptable o normal para el objetivo familiar o para su zona geográfica;
o alcanzar una edad ósea que indique un crecimiento residual
no superior a 2-3 cm.
En cuanto a los efectos indeseados, tras casi 4 décadas
de experiencia mundial, se puede afirmar que el tratamiento con
GH no provoca efectos indeseables en los pacientes.
Algunas reacciones referidas durante el tratamiento son excepcionales,
en general transitorias, más propias del adulto y no constituyen
una contraindicación. Tampoco han podido ser demostrados
efectos metabólicos o inmunológícos a largo
plazo.
Esta sección ha sido elaborada
por Jaime Cuervo Valdés (pediatra)

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