| Dentición
- ¿Por qué son tan importantes los
dientes?
- ¿Cuántos dientes tenemos?
- ¿A qué edad salen los dientes?
- ¿En un lactante qué síntomas
acompañan a la erupción dental?
- ¿Qué hacer cuando el diente ha
roto la encía pero queda parte de la mucosa oral (la "piel"
que recubre la boca) recubriendo parcialmente la superficie del
diente?
- ¿Puede la caries de un diente temporal
afectar la erupción de la pieza definitiva?
- ¿Pueden faltar piezas definitivas?
- ¿Por qué algunos niños
nacen con dientes?
- A mi niño no le salen los dientes ¿puede
tener problemas?
- ¿Por qué se puede retrasar la
salida de los dientes permanentes?
- ¿Pueden "salir" dientes de
más?
- ¿Pueden "salir" dientes de
menos ?
- ¿Por qué los dientes no son blancos
?
- ¿Cuando revisar los dientes en los
niños?
Los dientes sirven principalmente para masticar los alimentos,
pero también forman parte del aspecto de la cara y de la
expresión de las emociones y son muy útiles para hablar
normalmente. Algunos sonidos sólo pueden producirse con la
ayuda de los dientes, todo esto nos da una idea de la importancia
de la salud bucodental.
El ser humano a lo largo de su vida tiene dos tipos de dientes:
Dientes temporales o de leche: empiezan
a salir hacia los seis meses y a los 2-3 años ya han salido
todos, en total unos 20. Cumplen su función durante los primeros
6-9 años. Estos dientes se pierden en su totalidad, pero
son muy importantes porque proporcionan una pauta de orientación
y contribuyen a mantener el espacio de los dientes permanentes
Dientes permanentes: empiezan a salir
hacia los seis años, pero el último puede aparecer
a los 17 años o más (muela del juicio). Son en total
32 piezas. El primer diente permanente, el molar de los seis años,
sale detrás del último diente de leche y no reemplaza
a ninguno. Por esta razón, se confunde, en ocasiones, con
un diente primario y se puede descuidar y perder a causa de la caries
dental.
A partir de que el diente rompe la encía, la erupción
del diente se acelera mucho y en tres meses el diente habrá
entrado en contacto con su antagonista.
Al contactar con su antagonista, el diente interrumpe su desplazamiento
vertical y entra en una fase de búsqueda de la estabilidad
dependiente de la relación con los dientes que lo rodean.
Por otra parte, la capacidad de erupcionar del diente no se agota
nunca; de hecho, la erupción vertical puede reanudarse en
cualquier momento de la vida del individuo si desaparece el contacto
con un antagonista por perdida de este o desequilibrio de la oclusión.
Por lo general el periodo de erupción de la dentición
temporal dura unos 22 meses desde que hace aparición en la
arcada el primer diente, que suele ser el incisivo central inferior
sobre los 6-9 meses de vida, hasta que erupcionan los segundos molares
a los 30 meses aproximadamente.
El orden normal de erupción en la dentición temporal
es: incisivo central inferior, incisivo central superior, lateral
superior, lateral inferior, seguidos por los primeros molares, aunque
son frecuentes las desviaciones de este orden. Además el
orden de erupción en los dientes temporales está más
influido por factores genéticos que por otras circunstancias,
como sería el crecimiento somático o el sexo.
En la erupción de los dientes definitivos se observa una
mayor influencia hormonal. No existen diferencias cronológicas
entre niños y niñas en cuanto a la erupción
de los incisivos y primeros molares permanentes, pero a medida que
se aproxima la pubertad, la erupción de los restantes dientes
se adelantan entre 6 y 12 meses en las niñas. En esta segunda
dentición las variaciones individuales son mucho más
frecuentes que en la primera. La cronología más habitual
en esta dentición permanente es: incisivo central inferior,
primer molar, incisivo central superior, lateral inferior, lateral
superior, caninos o primeros premolares inferiores indistintamente,
y primeros premolares superiores; por ultimo, y con gran variación
individual, entre los 11 y 12 años erupcionan los caninos
superiores, los segundos premolares y los segundos molares.
Los dientes suelen erupcionar sin producir síntomas a nivel
local, aunque no es raro observar algunas alteraciones que pueden
ir desde un simple enrojecimiento e hinchazón de la encía
hasta procesos inflamatorios como una gingivitis (inflamación
de la encía), esta última es rara en nuestro medio
pues suele presentarse en niños con problemas de malnutrición.
Es frecuente que el niño babee más de lo habitual,
esté irritable y se lleve las cosas a la boca, pero estas
tres circunstancias también se producen en muchas ocasiones
en las que no hay erupción dentaria.
No está justificado atribuir a la erupción de los
dientes ninguna alteración importante del estado general,
como tampoco la aparición de fiebre o cambios del ritmo intestinal.
Suele ocurrir en los últimos molares de los cuadrantes
inferiores. Se llama opérculo. Estos opérculos tienden
a inflamarse por acumulo de placa bacteriana y por el traumatismo
continuo de la masticación, pero lo normal es la resolución
espontánea. Si la inflamación es persistente y se
acompaña de dolor, acuda a su odontólogo.
Las caries superficiales no dan problemas pero, a veces, la infección
perirradicular de un diente de leche, casi siempre como consecuencia
de una caries profunda, puede llegar a afectar al folículo
del diente sucesor. En estos casos se debe proceder a la extracción
del diente infectado.
Son casos aislados, pero a veces se ven con los incisivos laterales.
Esta alteración puede pasar inadvertida cuando no se caen
los incisivos laterales temporales y se confunden con permanentes.
Para diferenciarlos nos fijaremos en el color más amarillento
y la ausencia de desgaste que caracteriza a las piezas permanentes.
El tratamiento en estos casos es multidisciplinar con odontoestomatólogo,
prostodoncista y ortodoncista, pues dependiendo de las características
de cada paciente la solución a tomar es distinta. Se pueden
cerrar los huecos con ortodoncia o bien poner implantes.
Los terceros molares (muelas del juicio) faltan en un 6% de nuestra
población.
El niño puede nacer con algún diente o también
salirle en las primeras semanas de vida. Se trata de un proceso
poco común y de tendencia hereditaria. Por lo general son
incisivos centrales inferiores, pueden mostrar cierta movilidad
debido a la ausencia total de raíz. Esta movilidad provoca
molestias en la succión e implica riesgos de aspiración
del diente si éste se cae inadvertidamente. Otras veces pueden
llegar a lesionar la base de la lengua y dificultar la lactancia
materna.
El grado de movilidad del diente y la gravedad de esas complicaciones
marcarán la indicación de extracción.
La erupción dental está influida por factores genéticos
y ambientales, y el margen de normalidad es amplio. En algunas familias
los niños suelen crecer muy rápidamente, o por el
contrario, son de crecimiento lento, pues con los dientes pasa lo
mismo. Esto no quiere decir que el crecimiento del niño y
el desarrollo dental tengan que ir en paralelo. Estas diferencias,
por lo general familiares, no deben preocupar a los padres.
Sin embargo, hay veces que existen otras causas: prematuridad,
falta de vitamina D, hipotiroidismo, síndrome de Down.
En los dientes permanentes son mucho más frecuentes las
causas locales que retrasan o impiden la erupción de sólo
uno o un número pequeño de dientes. Entre ellas están
la falta de espacio, que el diente haya perdido el rumbo y quiera
salir en otro sitio, pérdidas prematuras de los dientes temporales,
traumatismos, que no se caiga el diente temporal, que exista un
diente de más (esto puede ocurrir en los incisivos superiores),
etc.
Se llaman dientes supernumerarios, predominan en los incisivos
inferiores, se parecen a los dientes que figuran a su lado y rara
vez dan problemas.
En la dentición permanente su prevalencia es del 3% y el
más común es el mesiodens, localizado entre los incisivos
centrales superiores. Puede ser causa de problemas, como hemos visto
anteriormente, relacionados con la salida de los dientes adyacentes,
desviaciones, quistes, y en ocasiones salen a través de las
fosas nasales. Su tratamiento es la extracción.
Los incisivos y premolares supernumerarios suelen ser de forma
normal, pero también pueden aparecer como dientes rudimentarios.
Los dientes supernumerarios pueden estar alineados adecuadamente
en la arcada dentaria o estar situados fuera de su localización
normal.
Es más frecuente en los incisivos laterales superiores
y terceros molares.
En la zona anterior pueden provocar problemas estéticos
al dejar huecos entre las piezas, en estos casos será conveniente
consultar con el especialista.
De forma generalizada se puede encontrar en algunos síndromes
como en el síndrome de Down.
Puede deberse a una alteración del esmalte. Muchos de estos
defectos del esmalte se transmiten genéticamente, encontrando
a más de un miembro de la misma familia con estas anomalías,
cuando la cantidad del esmalte es menor podemos encontrarnos que
los dientes son amarillos y tienen hoyos. Cuando el esmalte está
poco mineralizado desaparece pronto. Cuando es muy blando tiene
un color entre blanco opaco y amarillento.
Hay otras causas y situaciones donde el color de los dientes está
alterado como en la parálisis cerebral, déficits nutricionales
importantes, enfermedades relacionadas con el metabolismo del calcio
y fósforo, algunas enfermedades infecciosas intraútero,
como la rubéola o la sífilis, administración
de medicamentos como las tetraciclinas, o ingesta excesiva de flúor.
En todos estos casos hay más de una pieza afectada.
Cuando la alteración se da en un solo diente o tiene una
distribución asimétrica, la causa puede ser local
como infección local, traumatismo, anquilosis en la dentición
temporal, etc. Otras causas son café, tabaco, clorhexidina,
la placa bacteriana o sarro
Durante los seis primeros años el pediatra hará el
seguimiento de la salud bucodental del niño en sus revisiones
periódicas y derivará al odontólogo cuando
sea necesario.
Se considera anormal la falta de erupción de la primera
pieza a los 15 meses y la erupción de dientes malformados.
También está fuera de lo normal la falta de alguna
pieza de leche a los 30 meses.
Entre los cuatro y los seis años se recomienda una revisión
de control por el dentista a todos los niños. Posteriormente
será el dentista el que decida la frecuencia de las revisiones,
teniendo en cuenta cada caso.
Entre los seis y los catorce años suele recomendarse una
visita anual, ya que es el periodo en el que los dientes tienen
mayor riesgo de caries. Hay que vigilar las gingivitis, los flemones,
la presencia de sarro, las maloclusiones y las alteraciones del
esmalte.
Esta sección ha sido elaborada
por Carmen Chávez. Pediatría. (Atención Primaria)
y
Rosana Medina (Escuela Odontología), Sevilla . SAS

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