| Diabetes
mellitus
- ¿Qué es?
- ¿Por qué se produce la diabetes?
- ¿Cuáles son los síntomas
de la diabetes?
- ¿Cuál es el tratamiento de la
diabetes?
- ¿Cuáles son las principales complicaciones
del tratamiento?
La diabetes mellitus es una alteración crónica del
metabolismo, originada por diversas causas y que se caracteriza
por el aumento de los niveles de glucosa (azúcar) en la sangre
(hiperglucemia), debido a un defecto
en la secreción, en la acción o en ambas, de una hormona
de nuestro organismo: la insulina.
Los enfermos diabéticos no pueden usar y almacenar apropiadamente
la glucosa que ingieren durante las comidas, permaneciendo en la
sangre en cantidades superiores a las normales y alterando el funcionamiento
del metabolismo de la persona.
Cuando comemos, los alimentos son transformados en el estómago
y absorbidos desde el intestino. La glucosa pasa a la sangre y se
produce un aumento de la secreción de insulina por el páncreas.
La insulina permite que la glucosa de la sangre entre en las distintas
células del organismo (músculo, tejido graso, hígado,
etc.), para que éstas puedan utilizarla como principal fuente
de energía.
En una persona diabética, el defecto de insulina impide
que la glucosa de la sangre penetre en las células, por lo
que sus niveles permanecen elevados, mientras que las células
no tienen suficiente energía para funcionar correctamente.
La falta de energía en las células origina que el
paciente diabético se sienta cansado, sin fuerza (astenia),
pero con sensación de hambre (polifagia). Al no poder utilizar
la glucosa (azúcar), la energía se obtiene a partir
de las grasas almacenadas, por lo que el diabético presenta
una progresiva pérdida de peso y adelgaza.
Además, llega un momento en que el riñón no
puede retener todo el exceso de glucosa de la sangre y ésta
se escapa por la orina, diluida en agua, lo que provoca que el niño
orine más de lo normal (poliuria) y tenga una mayor sensación
de sed y necesidad de beber (polidipsia).
En ocasiones, la hiperglucemia mantenida y el consumo de grasas
para obtener energía hace que aumenten en la sangre y la
orina sus productos de degradación: los cuerpos cetónicos.
Ello puede provocar una cuadro grave en el diabético, denominado
cetoacidosis, que requiere rápido tratamiento hospitalario
y cuyos síntomas son decaimiento, dificultad respiratoria,
aliento con olor a manzanas, deshidratación, vómitos,
dolor abdominal, visión borrosa, e incluso coma.
La mayoría de los niños diabéticos presentan
la denominada diabetes tipo 1, en la que el páncreas no produce
insulina (diabetes insulino-dependiente), y es preciso administrar
esta hormona diariamente mediante inyecciones, pues no es eficaz
por vía oral.
Aunque la diabetes no se cura, sí puede controlarse. El
tratamiento con insulina pretende evitar o disminuir las complicaciones
de la diabetes y conseguir un crecimiento y desarrollo normales
del niño, manteniendo los niveles de glucosa en la sangre
dentro de unos límites razonables. Por ello, es necesario
analizar regularmente los niveles sanguíneos de glucosa y
ajustar la dosis de insulina a los mismos. Por otra parte, también
es importante que el niño tenga una dieta adecuada para su
edad y que realice ejercicio físico de manera habitual.
- Insulina: Hay distintos tipos de insulina, dependiendo del momento
en que ejercen su acción:
- Ultrarrápida: Comienza su efecto aproximadamente
15 minutos tras su administración y su mayor intensidad
se alcanza a los 30-60 minutos.
- Rápida: Comienza a actuar a los 30 minutos, alcanzando
su máximo entre 1 y 3 horas después de la inyección.
- Intermedia (NPH) o lenta: El efecto comienza a la hora de
inyectarse y alcanza el máximo entre las 3 y 6 horas
posteriores.
Las necesidades de insulina son diferentes en cada niño
y varían también con la edad, por lo que la
pauta de administración debe individualizarse en cada
caso, eligiéndose la que consiga un mejor control y
sea bien aceptada por el niño.
Normalmente son necesarias más de una dosis de insulina
diaria y generalmente cada inyección incluye una mezcla
de distintos tipos de insulina (intermedia y rápida).
Su pediatra o endocrinólogo pediátrico le informará
sobre la pauta adecuada para su hijo en cada momento y le
aclarará sus dudas.
- Dieta: La nutrición del niño diabético
debe ser similar a la de cualquier otro niño de su edad,
incluyendo una gama amplia de alimentos variados y teniendo en
cuenta algunas peculiaridades:
- Deben tener un horario más o menos fijo en las comidas
(desayuno, almuerzo y cena), evitando comer fuera de horario.
- La ingesta se complementará con tres suplementos,
a media mañana, en la merienda y a media noche, así
como en las ocasiones excepcionales en que fuera necesario.
- Deben evitar alimentos ricos en azúcares de absorción
rápida (dulces, refrescos, etc.), grasas saturadas
y "chucherías".
- Deben ingerir una cantidad adecuada de agua, mayor en caso
de hiperglucemia.
- Ejercicio físico: El niño diabético puede
jugar y hacer deporte diariamente con sus amigos. El ejercicio
disminuye los niveles de glucosa en la sangre y ayuda a la integración
del pequeño, por lo que es muy conveniente. Únicamente
es necesario tomar ciertas precauciones, controlar el nivel de
glucosa y disminuir la dosis de insulina o tomar una comida extra
previamente. Además, es conveniente que el chico lleve
consigo pastillas de glucosa, terrones de azúcar, etc.
para tratar la aparición de hipoglucemia.

Hipoglucemia: Es la complicación
más frecuente en los niños diabéticos y se
presenta cuando la glucosa desciende muy por debajo de lo habitual.
Suele aparecer por falta de ingesta de alimentos, exceso de ejercicio
físico o dosis de insulina inyectada mayor de la necesaria.
Los síntomas de sospecha son dolor de cabeza, sensación
de hambre, sudoración fría, palidez cutánea,
sensación de mareo, pulso rápido, visión borrosa,
desorientación, decaimiento, convulsiones o coma.
El tratamiento, si el niño está consciente, consiste
en administrar azúcar inmediatamente (zumo de frutas, refrescos,
etc.) junto a alguna comida adicional (galletas, sandwich, etc).
Si el niño está inconsciente o convulsiona, no administrar
nada por la boca, avisar inmediatamente y trasladarlo a un centro
sanitario. En cualquier caso, siga siempre las instrucciones de
su pediatra o endocrinólogo pediátrico.
Hiperglucemia: El aumento de la glucosa
en la sangre puede producirse de forma rápida en los niños
por exceso en la ingesta de comida, falta de actividad física,
menor dosis de insulina de la necesaria o por enfermedad o infección
del pequeño. Sus síntomas principales son el incremento
de la sensación de sed y la necesidad de orinar, debilidad
y cansancio, visión borrosa, etc. Si no se corrige a tiempo
puede dar lugar a un cuadro de cetoacidosis diabética. Por
lo que, si su hijo presenta estos síntomas, póngase
en contacto con su pediatra.
Esta sección ha sido elaborada
por Pedro Martín Muñoz (pediatra)

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