| Disciplina
y castigos
- ¿Es necesaria la disciplina en la educación
de los hijos?
- ¿Se debe ser estricto o permisivo?
- ¿Se debe utilizar el castigo?
- Entonces, ¿cómo limitar la aparición
de conflictos?
El establecimiento de normas de conducta es fundamental para que
el niño aprenda a vivir en sociedad y sepa lo que se espera
de él. Hay que mostrarle qué conductas están
bien y cuáles debe suprimir. Los padres (ella y él)
deben estar de acuerdo delante del niño para evitar su desconcierto,
cuando aparecen discrepancias el niño no sabe a qué
atenerse. Las normas deben respetarse en todas las circunstancias
y estados de ánimo, incluso si hay visita o se está
cansado.
El exceso de normas o prohibiciones puede desalentar al niño
y hacer que no acepte al final ninguna. La permisividad excesiva
hace que, al no conocer el niño ningún límite,
no pueda convivir con el resto de la sociedad. ¿Cómo
conseguir el equilibrio?
- En niños de hasta 4-5 años: permítale explorar
su entorno eliminando en lo posible los peligros circundantes
y apartando aquellos objetos que realmente no quiere que toque,
de esta manera evitará tener que decirle demasiadas veces
"No". Aquellos objetos que no pueda apartar, le servirán
para enseñarle la conducta que debe tener con ellos. Vigílele
en todo momento para evitar accidentes y anticípese a las
conductas conflictivas e interrúmpalas.
- En niños desde los 6-7 años: establezca con el
niño pactos en los que él tiene que cumplir su parte,
si no es así, no tendrá ese privilegio en próximas
ocasiones. Razone con él los motivos, le será más
fácil aceptarlos, pero sea contundente en los aspectos
que no admiten réplica sin perderse en esos momentos en
explicaciones que alarguen excesivamente la discusión.

Con el castigo, en ocasiones, se consigue suprimir la conducta
indeseable en ese momento, pero tiene demasiados inconvenientes:
puede ocasionar daños físicos o morales al niño,
se deterioran las relaciones, puede llegar a reforzar las conductas
negativas si el niño busca la atención de los padres.
Si se usa con demasiada frecuencia pierde eficacia, el niño
se acostumbra a que por una cosa u otra acaba siendo castigado y
no obedece.
En muy contadas ocasiones, muy pocas, el castigo puede ser necesario,
por ejemplo cuando la conducta a corregir suponga un grave riesgo
para el propio niño o para los demás. En estas ocasiones
será más efectivo si:
- Se hace inmediatamente después de la conducta a corregir.
- Se hace siempre que ocurre la falta, independientemente de las
circunstancias, y se cumple íntegro.
- El niño conoce el motivo por el que es castigado.
- La dureza de la sanción guarda proporción con
la gravedad de la falta.
- Retire la atención de las conductas conflictivas y cambie
el foco de atención del niño en vez de reñirle.
En ocasiones el reñir en exceso por una conducta concreta
sirve de refuerzo de esa conducta si el niño busca la atención
de los padres. Por el ejemplo, el niño no come y se le
riñe, se cambia el plato por otro, se sienta usted con
él, intenta obligarlo... En ese momento está usted
pendiente de él y eso es lo que el niño quiere.
Si ignora usted esta conducta, no propiciará que la siga
teniendo.
- Por el contrario, deberá prestarle mucha atención
cuando la conducta sea positiva: elógiele, alábele,
muéstrele alegría por su actitud. Así se
consigue el refuerzo positivo, esto hará que en el futuro
repita esa conducta para obtener la misma atención.
- Anticípese a las situaciones conflictivas y aléjelo
de ellas, por ejemplo, le va a pegar a otro niño, sepárelo
de esa situación y trasládelo a un lugar más
aburrido hasta que su actitud cambie.
- Enséñele con el ejemplo. Los niños utilizan
la imitación para aprender, de esta forma aprenden conductas
con facilidad, tanto las positivas como las negativas, por ejemplo
hablar chillando, decir tacos, ser respetuoso con los demás,
etc.
- Haga que se sienta responsable de alguna actividad dentro de
sus posibilidades y elógiele siempre que lo consiga, incluso
cuando lo intenta o lo consigue sólo parcialmente. Por
ejemplo cuando está aprendiendo a vestirse sólo.
Es importante fomentar la independencia en las actividades cotidianas:
vestirse, comer, bañarse, recoger... Enseñándole
primero, elogiándole después y estimulándole
a seguir consiguiéndolo.
- No utilice el miedo para controlar conductas no deseadas. El
miedo detiene inmediatamente la acción del niño,
pero acaba haciendo al niño demasiado temeroso e impedirá
que el niño desarrolle nuevas actividades.
Cuando haya que reprenderle hágalo con afecto, nunca use
expresiones como "ya no te quiero", cámbielas
por "te quiero mucho pero estoy enfadado". El niño
debe notar nuestro afecto incluso en los malos momentos, esto
le hará sentirse seguro y aumentará la confianza
en sus padres.
Esta sección ha sido elaborada
por Maria Eugenia Campillos Morillo
(pediatra). Centro de Salud de Montequinto Sevilla

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