| Displasia
de cadera
- ¿Qué es y cuándo aparece?
- ¿Cuál es su causa?
- ¿Qué síntomas produce?
- ¿Cómo de diagnostica?
- ¿Tiene solución? ¿Cuál
es su tratamiento?
La displasia de la cadera, antes llamada luxación congénita
de la cadera y actualmente displasia evolutiva o del desarrollo
de la cadera, se trata de un desarrollo anormal de la articulación
que hay entre el hueso del muslo (fémur) y la cadera, que
provoca un desplazamiento hacia fuera del fémur (cuando llega
a salirse totalmente se denomina luxación). Se produce antes
del nacimiento, durante el parto o incluso poco después de
éste.
Aparece en aproximadamente tres de cada mil recién nacidos,
afectando con más frecuencia a las niñas (suponen
8 de cada 10 casos) y a la cadera izquierda.
Se desconoce, aunque se piensa que pueden provocarla malas posturas
del feto en el útero materno, la herencia familiar, el efecto
de hormonas maternas, etc.
Se sabe que hay algunas circunstancias que aumentan las posibilidades
de padecerla, como son: antecedentes de displasia de cadera en padres
o hermanos, hipertensión arterial materna durante el embarazo,
escasez de líquido amniótico durante el embarazo,
embarazo prolongado, embarazo múltiple, parto por cesárea,
parto de nalgas, recién nacidos muy grandes o muy pequeños,
y otras.
Son variables, dependiendo de cuando se produce, del grado de desplazamiento
del fémur fuera de la cadera y de la edad del niño.
Desde el nacimiento hasta que el niño comienza a andar no
suele producir síntomas, debiendo ser sospechada y detectada
por el pediatra al explorarlo.
Más adelante produce un retraso en la edad a la que el niño
empieza a andar, con una cojera o marcha de pato. No suele provocar
dolor hasta después de los cinco años.
Desde el primer reconocimiento que se realiza a los recién
nacidos en la sala de partos, y en las sucesivas visitas de control
de niño sano, el pediatra explorará atentamente la
forma y movilidad de las caderas del niño para detectar algún
indicio de inestabilidad o desplazamiento. En ese caso se realizará
una ecografía de las caderas (útil desde el nacimiento
hasta los 3-4 meses de edad del niño) o una radiografía
de caderas (a partir de los 4 meses de edad) para observar con detalle
la articulación, enviando luego al niño al traumatólogo
si fuese necesario.
Depende de la gravedad del desplazamiento y de la edad a la que
se diagnostique. Cuanto antes se diagnostique y antes comience el
tratamiento, mejor será el resultado.
Se trata de conseguir recolocar el fémur correctamente en
la cadera y mantenerlo así.
Desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad esto se consigue
mediante la colocación al niño de un arnés
o sistema de correas que debe llevar colocado por encima de sus
ropas de forma constante, durante varias semanas o meses (generalmente
2-4 meses), hasta que se compruebe la estabilidad de la cadera.
Con este tratamiento y en niños menores de 6 meses, la curación
se alcanza en un 90% de los casos.
Si la displasia de la cadera se diagnostica una vez que el niño
ha comenzado a gatear (más allá de los 6 meses) o
el uso del arnés no ha resultado efectivo, el tratamiento
es mucho más complejo y molesto, requiriendo la tracción
continua de muslo durante varias semanas con un aparatoso sistema
de poleas, seguida de una operación quirúrgica (reducción
o recolocación de la articulación). Posteriormente,
para estabilizarla, se enyesa la cadera durante varios meses. A
pesar de un tratamiento tan prolongado y molesto, a veces quedan
secuelas: cojera, acortamiento de un muslo, etc.
Esta sección ha sido elaborada
por Ignacio José Cruz Navarro, pediatra
Centro de Salud de Arcos de la Frontera (Cádiz)

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