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Familias, Pediatras y Adolescentes en la Red. Mejores padres, mejores hijos.

Revista electrónica de información para padres de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)

 

 

 

 

 

 

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Volver a empezar...

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Autor:
Iván Bello Muñoz (19 años).

 

Palabras clave: educación, necesidades del profesor, necesidades del alumno, aprendizaje

 

“Volver a empezar otra vez, volver a coger estuches y libros... y juntos volver a empezar.”

Mítica frase de un anuncio televisivo que incita a realizar una reflexión exhaustiva sobre la educación, aquella materia que en los días que acontecen genera tanto que pensar, tantas discrepancias, tantos quebraderos de cabeza a aquellos que buscan hacer del estudiante un individuo preparado, independiente y capaz de sobrellevar el futuro ya construido.

Capaz de cambiar el rumbo de aquello que nos atormenta, de nutrir al mundo de aquello que necesita, de educar a sus congéneres y progenitores en resolver la discordia, en ser críticos, en abrir y expandir las tozudas cabezotas que hoy predominan en gobiernos, en la calle, en las casas, en los colegios.

Un individuo preparado para liberar de los prejuicios al mundo y en un llamamiento a la locura: enseñar a aprender a aprender.

Volver a empezar...

Utilicemos esta frase como punto de partida, como elemento que nos ayude a englobar todo aquello relacionado con la educación; volver a empezar, pero ¿de qué manera?

Y a su vez retomemos esa pregunta a veces sin respuesta: ¿cómo educar?

No encontrar una respuesta nos demuestra que algo no marcha, que nos hemos saltado algunos pasos; desde el marco político, económico y social hasta las mismas aulas aún siendo una sociedad desarrollada. Pregúntenle al político y les responderá que en educación estamos evolucionando:

-Este último año hemos tenido un tanto por ciento más que el año pasado de escolarización en Educación Infantil y un tanto por ciento más en Educación de Adultos.

-Señor político: ¿se ha planteado usted cuantos estudiantes desistieron a mitad de curso, en Educación de Adultos, por ejemplo?

-Vuelvo a insistir, las cifras apuntan...

¿Qué intención tiene la política con la educación? ¿Qué esperamos si no vamos más allá? Si no empatizamos con el estudiante y con el profesor ocurre esto, solo obtenemos cifras, método inútil, vano intento.

Es en el núcleo escolar donde verdaderamente se generan los esfuerzos por parte del educador de potenciar que el niño aprenda, que el adolescente evolucione. Pero una vez más concedámonos el beneficio de la duda, ¿se enseña, se educa o ambas cosas?

La presente opinión es: se debe tener una visión multidisciplinar para conseguir el objetivo propuesto. El estudiante, desde su más tierna infancia en Educación Infantil hasta los cursos superiores es una mente inquieta, sin un lugar donde situarse, miedoso ante la autoridad del profesor y ante esos libros asesinos, intangibles y abrumadores como un océano de contenidos inconexos, y a la vez un curioso, un aventurero con un gran potencial y el deseo natural e inapelable de aprender.

El problema surge con la falta de motivación y de apoyo moral, pues el profesor ha de dejar de ser “enseñador” para convertirse en educador, su función debe ser enseñar al alumno estrategias para aprender, ser más pragmático y no convertir el cuatro y pico – cinco en una barrera de acceso concedido – acceso denegado.

Podemos ampliar el concepto de educación y terminar destronando ese método maestro escuela concebido por otra generación, y de esta manera comenzar a evaluar al alumno por los objetivos conseguidos a partir de su capacidad y de su circunstancia, ya que las capacidades pueden verse mermadas por las circunstancias.

Petición del alumno: por favor, profesor como jefe y como compañero, pues ver al profesor como un semejante en el trabajo ayuda a un estudio más dinámico y a sentirse más liviano durante la jornada.

El profesor está en derecho absoluto de exigir al alumno, al igual que el alumno de exigir al profesor. El profesor debería pedir al alumno que tuviese en cuenta que él puede tener dificultades al motivar y enseñar, de la misma manera que el alumno puede tenerlas al aprender.

Deberíamos convertir la educación en una fuente de reciprocidad académica y psico-social.

Además de eliminar las posturas adoptadas respecto al “alumno difícil”, falsos conceptos como: vago, inmotivado, desinteresado, poco inteligente, poco preparado. Y ese poco preparado , ya que viene al caso, ¿qué significa?, pues habremos oído a una cantidad considerable de profesores conversar entre ellos o con padres de alumnos:

- Es que no me viene preparado, yo así no puedo trabajar nada con él, es difícil que comprenda los contenidos.

Y en seguida los pobres y preocupados padres recurren al profesor a domicilio, academias y un largo etcétera, he aquí un aplauso al sistema que sacrifica las economías familiares ante la incapacidad de sostener satisfactoriamente una educación denominada gratuita y obligatoria.

Si el alumno esta desinteresado se le genera interés como es de lógica moral y educativa, y si el alumno no viene preparado habrá que prepararle y como se ha citado antes: evaluarle desde el conjunto capacidad – circunstancia y facilitarle el aprendizaje. Al contrario que hoy día, ya que generalmente el alumno en esta situación acaba cursando un año y otro con las mismas dificultades culpa de la excusa cómoda e intolerable: no me viene preparado.

Preparar ha de ser: ayuda psicológica, pedagógica y terapéutica profesional en los casos necesarios, ya por consideración del profesorado (aunque siempre voluntariamente) o por petición del alumno, existe gran cantidad de carencias en este plano, como por ejemplo en la ayuda al aprendizaje pues según la teoría creada en el texto expuesto: el alumno debe aprender a aprender. Preparar también incluye la ayuda en el entendimiento de los contenidos pero una vez cubierto el plano psicológico-pedagógico-terapéutico habremos recorrido la mitad del camino propuesto.

Tomemos la visión de educación desde un plano más abierto, un plano que considere todos los ámbitos posibles y mejorables, conozcamos las necesidades de alumnos y profesores, y habremos hallado la respuesta a aquél vertiginoso ¿cómo educar?, crearemos un alumno interesado por las materias, dedicado a descubrir y motivado para el esfuerzo.

 

 

 

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© 2009 Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Actualizado 31 de Agosto de 2009. Editor: Jaime J Cuervo Valdés
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