| Gastroenteritis
- ¿Qué es la gastroenteritis?
- ¿Cómo se trata?
- ¿Cómo prevenirla?
- ¿Cuándo puede ir su hijo a la
guardería o al colegio?
- ¿Cuándo debo consultar al pediatra?
Es una
enfermedad diarreica (heces líquidas), de comienzo generalmente
brusco, que puede estar acompañada de otros síntomas como náuseas,
vómitos, fiebre y dolor abdominal de tipo retortijón. Recibe este
nombre porque afecta al estómago y al intestino. Es un proceso agudo
y autolimitado, o sea, que cura espontáneamente en unos pocos días,
por lo que se suele hablar de gastroenteritis aguda -para abreviar,
los médicos suelen decir GEA-. La duración es variable, aunque
especialmente en los más pequeños puede durar hasta una o dos
semanas.
La
causa es infecciosa, sobre todo producida por virus y más raramente
por bacterias. Otros microbios como los parásitos, frecuentes en
países con malas condiciones higiénicas, son cada vez más raros en
España. La gastroenteritis es una afección muy común en la infancia,
aunque en el mundo occidental es excepcional que resulte grave.
El
tratamiento se basa en tres puntos fundamentales:
-
Mantener al niño hidratado,
es decir, ofrecerle líquidos con frecuencia y que beba lo que él
quiera, preferiblemente en pequeñas cantidades cada vez para
prevenir los vómitos. En algunas ocasiones los más pequeños
deberán recibir una solución rehidratante farmacéutica.
-
Evitar en general el uso de medicinas,
salvo los antitérmicos si fueran necesarios u otros fármacos si
hubiera recomendación expresa del médico. Tomar antibióticos sin
indicación puede prolongar el cuadro diarreico y el período de
transmisión de la infección a otras personas, incluso en la
mayor parte de las gastroenteritis producidas por bacterias. Los
medicamentos que se emplean para los vómitos sólo sirven para
mejorar el síntoma, pero no curan y pueden producir efectos
secundarios.
-
Ofrecer alimentos en seguida,
sin forzar al niño y sin período de pausa. En los lactantes no
es necesario hacer ninguna modificación en su dieta: los que
mamen al pecho deben seguir haciéndolo, los que tomen biberón no
es preciso rebajar la concentración de la fórmula adaptada,
diluyéndola con más agua; en los que ya hayan comenzado con las
papillas y purés no hará falta cambiar nada, pues pueden tomar
cualquier cereal, verduras, carnes, pescado, lácteos (no solo
yogur, sino también leche) y frutas, pero evitando añadir azúcar
a los alimentos. En los niños mayores, al igual que en los
adultos, las limitaciones serán tan sólo la comentada del azúcar
y que no han de consumir alimentos grasos.
Si bien
la alimentación precoz acelera la curación de la gastroenteritis, al
principio puede parecer lo contrario, al provocar la defecación del
niño nada más ingerir comida. Esto no debe preocuparles, pues es
únicamente la consecuencia de un reflejo intestinal que está más
vivo en esta situación. En cualquier caso, al igual que en otras
circunstancias, si el niño no desea comer, no deben forzarle a
hacerlo.
La
gastroenteritis, como enfermedad infecciosa que es, puede
trasmitirse de persona a persona. La fuente más habitual de contagio
es por contacto con las heces o los pañales de un niño con la
enfermedad, por lo que la forma de evitarlo será extremar las
medidas de higiene habituales, sobre todo el lavado de manos, tanto
del niño como de la persona que lo cuide. Esta limpieza ha de ser
especialmente escrupulosa después de cambiar el pañal, asear al niño
o tras utilizar el retrete y, por supuesto, antes de las comidas.
Con más razón aún si la persona que cuida al niño manipula además
los alimentos.
Desde
hace poco está disponible en las farmacias una vacuna oral contra
uno de los virus que con mayor frecuencia producen gastroenteritis:
el rotavirus. No está incluida en el calendario de vacunaciones
habitual y sólo está admitida su administración a niños muy
pequeños.
Puesto
que la mayoría de los casos de gastroenteritis en nuestro país son
leves, no se debe limitar la actividad del niño. Es aconsejable que,
si el estado general no es bueno, vomita, tiene fiebre, dolor
abdominal o deposiciones muy frecuentes, se ausente del colegio
hasta que se encuentre mejor.
En las
guarderías es habitual recomendar que el niño vuelva al centro
cuando no se le escapen las deposiciones. Si usa pañal, podría
volver si las heces pueden quedar contenidas en él.
Si las
heces contuvieran sangre o moco es aconsejable esperar a que sean
normales.
La
principal preocupación de los padres de un niño con gastroenteritis
es que el niño pueda llegar a deshidratarse.
Por lo
general, el sentido común es buen consejero en el tratamiento de las
gastroenteritis por parte de los padres. Tengan presente que el
objetivo es reponer lo que el niño pierde y estimular la
realimentación precoz. Como guía de la situación, lo mejor es la
valoración del estado general: si el niño está contento, o llora con
lágrimas, si babea, si orina normalmente o simplemente si juega con
normalidad, es que no está deshidratado.
En el
lactante, que es el más vulnerable en esta enfermedad, habrá que
consultar si lo notan decaído e inapetente, si las deposiciones son
muy frecuentes y especialmente si además vomita a menudo, pues no
podremos reponer las pérdidas y puede ser necesario que el personal
sanitario supervise la rehidratación, que siempre que sea posible
será por vía oral (por la boca) en pequeñas cantidades, o valore si
es aconsejable comenzar la rehidratación (administración de los
líquidos y las sales minerales) por vía intravenosa en un centro
sanitario.
El niño
mayor resulta más sencillo de manejar, pues si tiene sed pide agua.
Esta obviedad facilita mucho el tratamiento y solo en los casos de
vómitos continuos o de gran decaimiento será necesaria la atención
de un profesional sanitario.
Otra
característica a valorar es el tipo de las heces. Si contienen
sangre o moco comuníquelo a su pediatra.
En
ocasiones pueden estar afectados varios miembros de la familia al
mismo tiempo. En estos casos también conviene decírselo al
profesional que atienda a su hijo, porque puede hacerle sospechar
una infección de origen alimentario (intoxicación).
Esta sección ha sido elaborada
por Manuel Merino Moína y Juan Bravo Acuña, pediatras,
Centro de Salud El Greco IMS (Getafe), Madrid
abril-2008
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