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Preguntas frecuentes  Guías alimentarias 

    Disponible en formato pdf
  1. ¿Qué son?
  2. ¿Son diferentes de las recomendaciones dietéticas?
  3. ¿Cuáles son sus directrices principales?
  4. ¿Se pueden llevar a la práctica?

¿Qué son?

Son normas de “buen comer”, útiles para el mantenimiento de la salud y dirigidas a la población general, constituyendo un instrumento educativo en el ámbito de la política sanitaria. Se trata, pues, de recomendaciones generales dirigidas a prevenir enfermedades crónicas.

¿Son diferentes de las recomendaciones dietéticas?

Sí, porque las Recomendaciones Dietéticas (RDA o CDR) son los aportes diarios recomendados para evitar el desarrollo de enfermedades carenciales y hacen referencia a los aportes de nutrientes (elementos que componen los alimentos). Son utilizadas por médicos, dietistas y profesionales de la salud, educación y administración. Por ejemplo, para un niño de 11 a 14 años la RDA de vitamina C es de 50 mg. Obviamente, son difíciles de interpretar por la población general para ponerlas en práctica.

Las Guías Alimentarias pretenden resolver este problema: hacen referencia a los alimentos. Siguiendo el mismo ejemplo de la vitamina C, su traducción sería “tomar 2 naranjas o cítricos diarios, o su zumo”.Inicio de la página

¿Cuáles son sus directrices principales?

Existen multitud de guías alimentarias, pero casi todas coinciden en unos puntos básicos:

    Realizar una dieta variada
  1. Realizar una dieta variada: es la norma dietética más importante, ya que ningún alimento nos proporciona todos los nutrientes. La variedad aumenta la probabilidad de aportar todas las RDA, incluyendo nutrientes menores o no esenciales. Al mismo tiempo se reduce el riesgo de tóxicos o agentes patógenos alimenticios.
  2. Reducir el consumo de grasas
  3. Reducción del consumo de grasas: son los alimentos más calóricos, por lo que reducir su ingesta es la mejor forma de evitar la obesidad. No obstante, son necesarias (hasta un 30% de los aportes calóricos diarios deben ser grasas). Son preferibles las “de mejor calidad” (insaturadas), evitando las saturadas y el colesterol por su relación con las enfermedades cardiovasculares (arteriosclerosis e infarto de miocardio). Estas “grasas de mala calidad” son las de origen animal (manteca, mantequilla, tocino, embutido,...) y algunas vegetales como la de coco y palmito (presentes en la bollería comercial).
  4. Adecuar la ingesta calórica al consumo de energia
  5. Adecuar la ingesta calórica al gasto energético y al mantenimiento del peso corporal: los individuos obesos o malnutridos tienen más mortalidad y enfermedades. No obstante, en el niño y en el adolescente, el peso, como dato aislado, no es válido: al crecer se tiene que aumentar de peso. Se debe mantener una adecuada relación peso-talla. La utilidad de los famosos “percentiles” reside en que permiten compararse con otros niños de la misma edad y sexo, pero, sobre todo, en que sirven para hacer un seguimiento de cada niño a lo largo del tiempo, valorando su “carril de crecimiento”.
  6. Aumentar el consumo de hidratos de carbono complejos
  7. Aumento del consumo de azúcares complejos (carbohidratos), fibra y vitaminas: se encuentran en los vegetales (cereales y harinas, verduras, legumbres y frutas). Además de tratarse de alimentos energéticos de mejor calidad que las grasas (en especial para el funcionamiento cerebral y muscular), probablemente protegen de algunos cánceres.
  8. Reducir el consumo de sal
  9. Reducción del consumo de sal: el exceso de su ingesta en la dieta (frecuente en la mayoría de los países desarrollados) se relaciona con la hipertensión arterial (la “asesina silenciosa”) y la mortalidad por hemorragia cerebral. Una vez adquirido el “gusto por lo salado” es muy difícil perderlo.

  10. Evitar el consumo de alcohol
  11. Evitar el consumo de alcohol: a pesar de que una ingesta moderada de alcohol (en especial el buen vino) parece relacionarse con una menor mortalidad total y cardiovascular, en la infancia y en la adolescencia no se debe ingerir alcohol. Parece una obviedad, pero muchos de nuestros hijos se inician en el alcohol a los 11 años (“generación del botellón”). Al igual que ocurre con otros hábitos tóxicos (tabaco, drogas, etc.) que generan dependencia, es “más fácil prevenir que curar”.

¿Se pueden llevar a la práctica?

Nuestra web presenta una Guía Alimentaria en el apartado “Alimentarse sanos”. Su finalidad fundamental es que nuestros hijos conozcan los diferentes tipos de alimentos, su composición en nutrientes o, al menos, las diferencias entre los mismos, para poder ser capaces de elaborar su propia dieta saludable.

Es una responsabilidad de los padres, educadores y profesionales de la salud llevar a cabo esta educación durante la infancia, cuando es factible la modificación de estilos de vida. ¡Eduquemos a nuestros hijos a comer saludable! Después será más difícil... o quizás imposible (¿cuántas veces se ha propuesto usted bajar peso o comer sin sal?, ¿lo ha conseguido?).

Esta sección ha sido elaborada por Jesús Mª Pascual Pérez y Cristina De Hoyos López, pediatras,
Centros de Salud Juan de la Cierva (Getafe) y Laín Entralgo (Alcorcón). IMSALUD-Madrid

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