| Herpes
labial ("Calentura")
- ¿Qué es?
- ¿Cómo se contagia?
- ¿Cómo se previene y se trata?
- ¿Cuando tengo que consultar?
Todos conocemos las típicas "calenturas" o "pupas"
que aparecen en los labios o alrededor de la boca, pues bien, eso
es el herpes labial. Se debe a la infección por el virus
herpes simplex y consiste en pequeñas ampollitas que aparecen
en los labios y que al poco tiempo se rompen para dejar una costra
que puede tardar una semana en curar.
La mayoría de nosotros está infectado por el virus
y muchos niños antes de los 6 años ya han estado con
contacto con él. Lo más frecuente es que esa infección
no produzca ningún síntoma, de modo que pasa desapercibida
y, aunque nuestro organismo elabora defensas (anticuerpos), el virus
se queda en nuestro cuerpo, al parecer de por vida. Más tarde,
en determinadas circunstancias que no están muy claras como
otras infecciones, fiebre, exposición al sol, pequeños
traumatismos, estrés, etc., ese virus que está como
"adormecido", se activa y produce las "calenturas".
En algunas personas esa "reactivación" se repite
con frecuencia, por lo que se habla de herpes recurrente.
En algunas ocasiones, la primera vez que entramos en contacto con
el virus y nos infectamos sí que hay síntomas. Es
más frecuente en niños entre 6 meses y 5 años,
pero puede darse a otras edades, y se manifiesta por fiebre alta,
babeo, inflamación de las encías (gingivitis) que
pueden sangrar, mal aliento, ganglios en el cuello y, sobre todo,
ampollas o úlceras como las del herpes labial pero que se
extienden además de por los labios, por la piel de alrededor
y por dentro de la boca incluida la lengua, que son dolorosas y
pueden provocar problemas a la hora de comer. Es la gingivoestomatitis
herpética, que puede durar de 5 a 14 días.
Ya hemos dicho que es un infección por un virus. De manera
que todas las personas que han sido infectadas por él, hayan
tenido o no síntomas alguna vez, pueden eliminar virus en
la saliva. De modo que el contacto con la saliva a través
de los besos, al beber de un vaso, etc. puede favorecer la infección.
Si una persona tiene síntomas en ese momento, bien "calenturas"
o, aún más, si es gingivoestomatitis, elimina mayor
cantidad de virus y es más contagiosa. Pero no hay que alarmarse,
porque hay que recordar que la mayoría ya estamos infectados.
La prevención consiste en evitar el contacto con la saliva,
sobre todo en los casos de gingivoestomatitis. Los niños
que la padecen deben ausentarse de la guardería o el colegio
hasta que las ampollas están en costra; deben evitar compartir
utensilios (cubiertos, vasos, etc.) y tanto ellos como sus familiares
deben lavarse a menudo las manos para evitar extender la infección
incluso a otras zonas de la piel. Los niños con herpes labial,
sea o no recurrente, no deben ser excluidos de las actividades de
grupo, aunque deben evitar compartir utensilios.
En los casos de herpes labial no es necesario tratamiento específico,
sólo aliviar los síntomas y evitar el sangrado de
las costras con algún protector labial como vaselina. En
los casos recurrentes el tratamiento es el mismo, pero si se conocen
las circunstancias que provocan los "ataques" conviene
evitarlas, así por ejemplo, conviene llevar protección
labial si se va a estar expuesto a los rayos del sol (esquí,
salidas al campo, playa, etc.), evitar pequeños traumatismos
como los provocados por morderse los labios cuando estamos nerviosos,
etc. Las cremas con antivirales que se aplican sobre las lesiones
tienen poco efecto beneficioso y son bastante caras.
En los casos de gingivoestomatitis lo más importante es
aliviar los síntomas:
- Para la fiebre y el malestar se puede emplear paracetamol o
ibuprofeno que tienen acción antitérmica y analgésica.
- Para las molestias producidas por las úlceras y la gingivitis
pueden ser útiles anestésicos locales aplicados
sobre las lesiones (su pediatra le puede aconsejar alguno), que
conviene administrar antes de las comidas. En los casos en los
que el niño tenga alguna dificultas para comer, es aconsejable
utilizar alimentos fáciles de tragar (como purés,
flanes, etc.) y más bien fríos, evitar los cítricos
(naranja, kiwi, etc.) y los alimentos salados o con demasiadas
especias y ofrecer abundantes líquidos (leche, batidos,
agua) para prevenir una posible deshidratación.
Los antibióticos no son útiles al ser una infección
vírica. Pero, en algunos casos, sobre todo aquellos que se
diagnostican justo al comienzo de la enfermedad, puede emplearse
un tratamiento antiviral específico (aciclovir) en forma
de jarabe o comprimidos que, aunque no es imprescindible para la
curación, puede acortar el cuadro.
En los casos de herpes labial no es preciso, salvo en los casos
recurrentes y frecuentes (más de 6 casos al año).
En la gingivoestomatitis:
- Al comienzo del cuadro para confirmar el diagnóstico.
- Si el niño no es capaz de beber o tragar.
- Si piensa que puede estar deshidratado porque tiene mucha sed,
la piel muy seca, los ojos hundidos o no orina (por ejemplo en
unas 8 horas).
- Porque le encuentra muy adormilado y le cuesta despertarle.
- Porque no le encuentra mejor después de unos días.
Esta sección ha sido elaborada
por Juan Bravo Acuña y Manuel Merino Moína, pediatras,
Centro de Salud El Greco (Getafe), INSALUD-Madrid

|