| Ictericia
- ¿Qué es la ictericia?
- Ictericia en el recién nacido.
- Ictericia en el lactante y el niño mayor.
Cuando hablamos de ictericia queremos decir coloración amarilla
de la piel debida a la acumulación excesiva de un pigmento
natural que hay en la sangre, llamado bilirrubina
y que se produce, en todas las personas, por la destrucción
de los glóbulos rojos. La bilirrubina se elimina principalmente
gracias a la acción del hígado. La luz solar favorece
su degradación en la piel y su exceso también se elimina
por la orina, dándole un color parecido al coñac.
El primer sitio donde puede detectarse es el blanco de los ojos,
de tal forma que si éstos tienen un color normal, podemos
asegurar que no existe la ictericia.
En la infancia, la importancia de la ictericia suele ser muy diferente
si hablamos de recién nacidos o de niños de otras
edades, y por esta razón y para explicarlo con más
claridad, vamos a separarla en dos apartados:
En los recién nacidos, la ictericia puede considerarse normal
(fisiológica) si se mantiene dentro de ciertos límites
y no dura más de unos pocos días o semanas. Se produce
sobre todo por inmadurez del hígado y lógicamente
es más frecuente por lo tanto en los prematuros.
Lo más habitual, con mucho, es que el tono amarillo aparezca
a partir del segundo día de vida y que el bebé sea
dado de alta de la maternidad con la simple recomendación
de que se le exponga desnudo al Sol durante un rato, a través
del cristal de la ventana, cada vez que se le cambie, y que sea
controlado por su pediatra de cabecera. La ictericia neonatal, salvo
casos extremos excepcionales, no deja secuelas y no se relaciona
con enfermedades posteriores del hígado ni de otro tipo.
En algunos niños alimentados al pecho, la ictericia puede
prolongarse algunos días más de lo habitual, sin que
esto suponga ningún problema ni sea porque la leche materna
le siente mal.
Hay otras situaciones en las que la ictericia puede ser producida
por una enfermedad, como es el caso de la incompatibilidad de grupo
sanguíneo o de factor Rh. En estos casos, la coloración
amarilla de la piel aparece en las primeras 24 horas de vida y suele
detectarse ya en la maternidad, antes del alta, donde necesitarán
recibir tratamiento, en algunos casos de la enfermedad causal y
siempre de la propia ictericia ("baños de luz"
con lámparas de fototerapia).
Así como en los recién nacidos la ictericia es frecuente
y no suele significar ningún problema, su presencia en niños
de más edad es muy rara, suele ir acompañada de otros
síntomas, y debe ser siempre motivo de consulta al pediatra
que, de entrada, confirmará si se trata o no de este problema
y si fuera así, emprenderá las actuaciones necesarias
para encontrar la causa y recomendar las medidas de tratamiento
más adecuadas.
La causa más frecuente es la hepatitis
infecciosa, de la que hay varios tipos, aunque algunas como la hepatitis
A, común antiguamente, es hoy en día excepcional desde
que las infraestructuras de saneamiento de las aguas residuales
y las costumbres higiénicas de la población española
se han equiparado a las del resto del mundo desarrollado. Asimismo,
la inclusión de la vacunación universal de los recién
nacidos y adolescentes contra otro virus productor de hepatitis
(virus B), también ha provocado que esta enfermedad, y por
lo tanto la ictericia, se hayan convertido en una afección
muy rara en la población infantil de nuestro país.
Hay otras enfermedades del hígado o de la sangre capaces
de traer como consecuencia esta situación, pero que por su
excepcionalidad no nos extenderemos en detalles.
En algunos casos se puede plantear la duda de si estamos realmente
ante una ictericia, en ciertos lactantes mayorcitos alimentados
a base de vegetales que contienen importantes cantidades de un pigmento
llamado caroteno, y que contienen en abundancia, de forma natural,
las zanahorias y los tomates. En estos casos, la coloración
de la piel es más bien anaranjada y se hace especialmente
evidente en las palmas de las manos. La situación no produce
ningún problema y el tinte anaranjado desaparece simplemente
disminuyendo la cantidad de estos vegetales en la dieta niño.
Esta sección ha sido elaborada
por Manuel Merino Moína y Juan Bravo Acuña, pediatras,
Centro de Salud El Greco (Getafe), INSALUD-Madrid

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