| Infección
del tracto urinario
- ¿Qué es?
- ¿Qué síntomas produce?
- ¿Cómo se diagnostica?
- ¿Es necesario realizar algún
otro tipo de estudio una vez que se diagnostica?
- ¿Qué tratamiento tiene?
- ¿Cuáles son sus consecuencias?
La infección de orina o infección del tracto urinario
(ITU) es aquella que afecta a cualquiera de las estructuras por
las que circula la orina desde su formación en los riñones
hasta su expulsión por la uretra. Se denomina cistitis o
infección urinaria de vías bajas la que se localiza
en los tramos inferiores (vejiga y uretra) y pielonefritis o infección
urinaria de vías altas la que afecta al riñón.
En los niños pequeños puede manifestarse exclusivamente
por fiebre, vómitos o escasa ganancia de peso y en los niños
mayores, capaces de localizar los síntomas, escozor al orinar,
micciones frecuentes de cantidad escasa, dolor en la parte baja
del abdomen o, en el caso de pielonefritis, dolor en la región
lumbar con fiebre elevada. 
Mediante un análisis de orina. Hay pruebas de resultado
rápido (tiras reactivas, análisis del sedimento urinario)
que pueden orientar a la presencia de una infección urinaria
si están alteradas. Para el diagnóstico de certeza
se necesita recoger una muestra orina en condiciones estériles,
enviarla a laboratorio y sembrarla para comprobar la existencia
de un número determinado de gérmenes en la orina.
Esta prueba se llama urocultivo y precisa de unos días para
obtener su resultado.
- Si el niño usa pañal, lo habitual es utilizar
una bolsa adhesiva para recoger la orina, previo lavado cuidadoso
de la zona, con objeto de evitar que en el cultivo salgan gérmenes
de la piel o región anal, que invalidarían su resultado
y obligarían a repetirlo (es lo que se llama contaminación
del cultivo).
- Si se trata de un niño mayor, lo ideal es la recogida
directa en un bote a la mitad del chorro y preferentemente a primera
de la mañana, para que esté más concentrada.
En alguna ocasiones, sobre todo si se trata de niños pequeños,
varones o con infección de vías urinarias altas, el
pediatra indicará la posibilidad de realizar pruebas de imagen
para comprobar si existe alguna malformación que pueda favorecer
las infecciones de orina (ecografía, cistografía)
o si ha podido afectar al riñón (gammagrafía).
Una de las malformaciones cuya presencia se suele investigar tras
una infección de orina es el reflujo vésico-ureteral,
que consiste en el retorno hacia los riñones de la orina
que ya ha alcanzado la vejiga, debido a un mal funcionamiento de
una válvula que lo impide en condiciones normales. De esta
manera se produce un estancamiento de la orina y mayor facilidad
para las infecciones que, aunque suele resolverse espontáneamente
con el paso del tiempo, en determinados casos puede obligar a mantener
al niño con una dosis diaria de antibiótico para prevenir
las infecciones de orina hasta que se resuelva (es lo que se llama
profilaxis).
Necesita un tratamiento con antibiótico, que puede ser
por la boca (vía oral) en las infecciones de vías
urinarias bajas o hasta por vía intravenosa, con ingreso
hospitalario, en las pielonefritis.
Habitualmente las infecciones urinarias no tienen consecuencias
perjudiciales a largo plazo, especialmente si no son frecuentes
y sólo afectan a las vías bajas (cistitis). No obstante,
en el caso de los niños más pequeños, las infecciones
repetidas no tratadas llegan a producir cicatrices y lesiones en
los riñones que pueden dañarlos y afectar a su función
(insuficiencia renal).
Esta sección ha sido elaborada
por Miguel Ángel Fernández-Cuesta, pediatra
Centro de Salud Juan de la Cierva (Getafe), Instituto Madrileño
de la Salud - Madrid

|