| Lactancia
materna
¿Podré
dar el pecho a mi hijo?
Respuestas a las 19 preguntas más frecuentes de una futura
madre y de la madre que ya está dando el pecho
- ¿Es mejor el pecho que el biberón
para mi hijo? ¿Y para mí?
- ¿Podrá amamantar a mi hijo?
- ¿Cómo se produce mi leche?
- ¿Cuándo debo dar de mamar por
primera vez a mi hijo?
- ¿Me va a doler? ¿Y si se me
producen grietas en el pezón? La postura correcta para
amamantar.
- ¿En qué postura tengo que ponerme
y cómo debe estar el niño?
- ¿Cada cuánto le tengo que dar
de mamar?
- ¿Tengo suficiente leche?
- ¿Cómo puedo aumentar mi producción
de leche?
- ¿Cuánto tiempo debe estar en
cada pecho?
- ¿Cuándo me dejará dormir
por la noche?
- ¿Hasta cuándo debo darle el
pecho?
- Tengo que volver al trabajo, ¿cómo
alimento ahora a mi hijo?
- ¿Qué tengo que comer si le doy
el pecho a mi hijo?
- ¿Cuándo debo introducir
otros alimentos?
- ¿Engordaré si le doy el pecho
durante muchos meses?
- ¿Puedo tomar medicamentos durante
la lactancia?
- Tengo mastitis, ¿puedo seguir dando
el pecho?
- ¿Cómo desteto a mi hijo?

La leche materna
es
el alimento que está específicamente creado para la alimentación de
los niños. El amamantamiento es la forma natural de alimentar,
cuidar y proteger a l niño. La leche humana y el calostro (el líquido amarillento que
segrega la mama los dos o tres primeros días) ayudan a proteger
a tu hijo contra muchas enfermedades e infecciones. Los niños
alimentados con pecho presentan un riesgo menor de catarros, alergias,
diabetes, diarrea, eccemas (dermatitis atópica), asma y otitis
media. La digerirá fácilmente y no presentará
alteraciones nutricionales, ya que es la leche propia de la especie
humana.
El hecho de darle el pecho a tu hijo, hace que te sientas tan útil
para él y tan protectora, que se estrecharán vuestros
lazos afectivos de una manera muy especial. Él no sólo
se siente alimentado sino querido y arropado por su madre, en contacto
con el calor humano de su madre. Son niños afectivamente
satisfechos, niños contentos y seguros de cubrir sus necesidades
afectivas, por lo que posteriormente suelen estar seguros de sí
mismos.
En cuanto a ti, te facilitará una mejor recuperación
tras el parto previniendo hemorragias. Te ayudará a perder
más fácilmente el peso que necesites perder después
del embarazo, ya que al producir leche se consumen más calorías.
Te protege contra la osteoporosis y disminuye el riesgo de padecer
algunos tipos de cáncer (ovario y mama). Desde el punto de
vista económico es ideal. Pero lo más importante es
la tranquilidad que vas a sentir al proporcionarle a tu hijo el
alimento más adecuado y seguro para él.

Es excepcional que una mujer tenga algún problema en el pecho que
impida el amamantamiento, las pruebas que se hacen antes del
nacimiento del niño no sirven, lo importante es ver como se adaptan
madre e hijo y no hay que preocuparse ni por el tamaño del pecho ni
por el aspecto de los pezones. Hay que tener confianza absoluta
porque la especie humana ha subsistido gracias a que las mujeres son
capaces de amamantar. Lo importante es poder contar con
profesionales o grupos de apoyo que puedan ir resolviendo las
dificultades que surjan.

Tu leche se produce por las células glandulares del pecho
y se almacena en unos pequeños sacos llamados alvéolos.
La leche se produce gracias a una hormona llamada prolactina y si
tu hijo deja bien vacías tus mamas, la secreción de
prolactina se mantendrá y producirás mucha leche.
Estos alvéolos están rodeados de músculo y
al succionar el niño se produce una hormona llamada oxitocina,
que hace que se contraiga el músculo y fluya la leche. Al
ejercer tu hijo presión sobre la areola con su lengua, saldrá
la leche. Cuantas más veces mame tu hijo, más hormona
segregarás y más leche producirás.
La "subida de la leche" varía mucho de una mujer
a otra, en algunas puede salir "a chorro", mientras que
en otras simplemente gotea, ambas situaciones son normales.

Después
del parto sentirás un gran bienestar, porque has tenido a
tu hijo, y en parte porque has producido gran cantidad de oxitocina.
Se recomienda que lo pongas al pecho dentro de la primera media
hora tras el parto, porque así el niño siente tu calor
y le ofreces el calostro que quiera tomar en ese momento, pero también
al mamar se va a seguir produciendo oxitocina y mantendrás
esa sensación de bienestar. Posteriormente los niños
se suelen quedar dormidos.
Lo
ideal es que la madre y el niño puedan estar en contacto piel con
piel y sin separarse durante las dos primeras horas, si se deja al
niño en contacto piel con piel con la madre, el llegará hasta el
pecho y se agarrará espontáneamente y sin ayuda. En cuanto se despierte debes ponerlo
a mamar y a partir de ese momento cada vez que el niño quiera,
debes darle el pecho. No te preocupes si parece no sacar nada, en
ese momento lo que se produce, como dijimos antes, es calostro,
que es un líquido amarillento muy rico en proteínas y muy
nutritivo. Pon al niño a mamar cada vez que lo pida, pues
así la leche "subirá" antes y será
más abundante. Acuérdate de que cuantas más
veces pongas a mamar al niño, más leche producirás.
Tu hijo no necesita chupetes y no conviene que le des nada en biberón,
pues podrían producirle la llamada "confusión
tetina-pezón". Es distinto succionar de una tetina que
del pezón, al bebé le resulta más fácil
y puede rechazar el pecho, además puede "aprender"
a coger el pecho de forma incorrecta. Tu hijo no necesita que le
ofrezcas agua, pero si quieres dársela, hazlo con una cucharita
y no con biberón.
Las deposiciones de un bebé alimentado al pecho son amarillo-verdosas
y líquidas. Suelen mojar de 6 a 8 pañales al día,
si tu hijo mojara menos de 5 pañales al día, habla
con tu pediatra, pues igual te sugiere que le des de mamar con más
frecuencia.

Es posible que los pezones estén un poco doloridos durante
los primeros días después del parto, pero es distinto
que moleste al principio de la mamada, que sería normal,
a que la molestia persista durante toda la mamada, lo que significaría
que el bebé está mal colocado o que existe algún
tipo de problema. Para que tu hijo mame bien y no te duela, debes
introducir toda o casi toda la areola mamaria en la boca del niño,
de forma que la mayor presión la reciba la areola y no el
pezón. Debes colocar el labio superior de tu hijo rozando
el pezón, eso lo estimulará y le hará abrir
la boca, cuando esté bien abierta acércalo al pecho
de manera que coja una buena porción de la areola, sobre
todo la parte inferior, y no sólo
el pezón. El labio inferior debe quedar vuelto hacia fuera
y el pezón debe estar más cerca del labio superior
que del inferior, para dejar sitio para que coloque la lengua por
debajo. Si la postura es correcta y el niño coge el pecho
por la areola y no tira del pezón, no se suelen producir
grietas. Acuérdate de no lavarte el pecho después
de dar de mamar, pues esos lavados continuos resecan mucho la piel
y pueden facilitar la aparición de grietas. El pezón
segrega su propia protección, una gota de tu leche y tener
el pecho al aire, curaría cualquier grieta que se pudiera
producir. No uses cremas para el pecho, solo necesitas tu higiene
diaria habitual.

Antes de empezar a dar de mamar a tu hijo debes lavarte bien las
manos. Luego siéntate en una habitación en la que
estés cómoda y tranquila, apoya bien tu espalda y
mantenla recta, de forma que no te duela.
Empezarás por el último pecho que le ofreciste la
vez anterior, pues fue el que menos te vació. Para comenzar,
ponte varios cojines sobre las piernas, coloca al niño sobre
ellos frente a tu pecho y haz que sus piernas pasen por debajo de
tu axila (la del mismo lado del pecho que le vayas a ofrecer). Aproxima
el niño a tu pecho, con cuidado de no doblarle el cuello,
pues eso le dificultaría tragar. Con esta postura consigues
que la cabeza del niño mire hacia tu hombro de ese lado y
así vaciarás la parte más externa de tu mama.
Al vaciarla bien previenes la aparición de mastitis (infección
del pecho).
Cuando te notes vacía esa parte de la mama, coloca al niño
sobre tu regazo, con sus piernas sobre las tuyas y le diriges la
cabeza hacia el centro de tu pecho, así vaciará el
resto de esa misma mama. Espera a que se suelte espontáneamente. Es importante
que la mama quede bien vacía, porque esa última parte
de tu leche es la más nutritiva y la que más satisfecho
va a dejar a tu hijo. Vaciando bien las mamas, tendrás además
cada vez más leche.
Para que el niño empiece a mamar, una vez colocado en posición,
rózale con tu pezón en el labio superior, eso hará
que abra la boca y entonces le introduces el pezón y la mayor
parte que puedas de la areola (la parte más oscura que rodea
al pezón). Si no lo hace bien, introdúcele tu dedo
meñique en un lado de su boca, ábresela y repite la
operación hasta que coja una buena parte de la areola. Acuérdate
de que el pezón debe estar más cerca del labio superior
que del inferior, para permitir el paso de la lengua del niño,
y de que el mentón (la barbilla) del niño debe tocar
tu mama.

No se debe tener un horario rígido, pues cada niño
es diferente y el mismo niño puede variar de un día
para otro. Tu hijo debe mamar cuando quiera, al principio de la
lactancia lo hará con más frecuencia, pues tendrá
menos fuerzas y se dormirá antes, esto viene bien, porque
así producirás cada vez más leche, adaptándote
a las necesidades de tu hijo. Las tomas nocturnas son convenientes,
sobre todo en el primer mes, pues así las mamas no te molestarán
por estar demasiado llenas e irás aumentando tu producción
de leche.
Si hubiera que despertarlo por llevar demasiado tiempo dormido
(cuatro o cinco horas durante el día), déjalo solo
con el pañal, siéntalo encima de tus piernas, sujetándole
bien la cabeza y la espalda y pásale suavemente tus dedos
sobre la columna vertebral, en el centro de la espalda y así
se despertará suavemente. A la vez que haces lo anterior,
háblale y mírale a los ojos para establecer contacto
visual con él. Por la noche habitualmente no hace falta que
lo despiertes.
La mayor parte de los problemas de la lactancia se solucionan dando
de mamar con más frecuencia. Si haces eso durante dos o tres
días, tu producción de leche aumentará para
adaptarse a las necesidades de tu hijo. Hay periodos en los que
tu hijo crecerá más rápido y te pedirá
de mamar con más frecuencia, dale cuando pida y producirás
la leche que tu hijo necesita.
Hacia los tres meses de edad tu hijo se acabará el pecho
en poco tiempo, no pienses que no tienes leche, es que tu hijo es
ya "experto" y la cantidad de leche que necesita la extrae
en minutos, sigue dejando que mame hasta dejar los pechos bien vacíos
y dándole de mamar cuando él quiera. En general, se
puede decir que la mayor parte de los problemas de la lactancia
se solucionan adaptándote a la pauta que te marque tu hijo.

En los primeros quince días de vida, lo normal es que tu
hijo pierda algo de peso. No te preocupes, no es que tengas poca
leche, es un proceso normal de todos los recién nacidos.
Ponlo a mamar cada vez que quiera, con mucha frecuencia, como mínimo
6 ó 7 veces al día, y verás como cada vez produces
más leche. Debes saber además que tu leche es tan
buena como la de cualquier otra mujer, pues no hay leches malas,
y debes beber cada vez que tengas sed, pues estás usando
grandes cantidades de agua para producir tu leche.
Normalmente los primeros días tu hijo mojará 2 ó
3 pañales diarios. Al tercer o cuarto día, una vez
que "suba" la leche, mojará un mínimo de
4 ó 5 pañales al día, si mojara menos pañales
o lo encontraras que duerme tanto que mama muy pocas veces al día,
debes consultar con tu pediatra, pues posiblemente tengas que aumentar
el número de veces que le das el pecho. Los recién
nacidos defecan 4 ó 5 veces al día, aunque a veces
llegan a las 10 veces y otras hace caca 1 vez cada 2 días,
todo eso está dentro de lo normal. Las deposiciones típicas
de un niño que toma el pecho son amarillas o verdosas y líquidas.
A partir de los 2 meses, normalmente defecan con menor frecuencia
de lo que lo hacían anteriormente, eso solo significa que
tu hijo lo está absorbiendo todo y no deja residuos, de
todas formas si tienes dudas puedes coméntaselo
a tu pediatra.

Lo único que tienes que hacer, es aumentar el número
de veces que das de mamar a tu hijo y dejarlo que mame todo el tiempo
que sea necesario en cada pecho, hasta que estén bien vacíos.
A los dos o tres días de hacer esto aumentará tu producción
de leche. Mantén una dieta sana y equilibrada, y bebe toda
el agua que necesites pero no bebas cerveza, pues tiene alcohol
que pasaría a tu leche y al niño. Procura estar lo
más tranquila y relajada posible y consíguete el apoyo
de tu pareja, familia y amigos.
¡No le des ningún biberón, pues no lo necesita!
(Si tienes dudas habla con tu pediatra)

Hay
que dejar que el niño decida. Lo recomendable es esperar a que el
suelte el pecho espontáneamente. Algunos niños se quedan satisfechos
mamando de un solo pecho y para ellos es suficiente. Si después de
que el niño haya mamado notas que el pecho está todavía lleno debes
extraerte la leche con un sacaleches para mantener la producción de
leche y evitar la aparición de mastitis. Esta leche extraída la
puedas congelar y guardarla para cuando tengas que ausentarte.

Durante las primeras semanas es normal que tengas que darle de
mamar con frecuencia por la noche, pues tiene poca fuerza y necesita
mamar muchas veces al día, porque de lo contrario no recibiría
el alimento necesario. Además así tendrás cada
vez más leche, pues como sabes, mientras más frecuentes
sean las tomas, más leche vas a producir. De todas maneras,
a medida que vaya pasando el tiempo y tu hijo vaya creciendo, cada
vez las tomas nocturnas se irán espaciando más y serán
menos frecuentes.
Las
tomas nocturnas son importantes para mantener la lactancia. Adáptate a tu hijo y descansa cuando él
duerma, en lo posible dedícate sólo a alimentar a
tu hijo y a descansar, pues es la mejor manera de asegurarle una
nutrición adecuada. Que tus familiares y amigos, y desde
luego tu pareja, compartan el resto de las tareas.

La
Organización Mundial de la Salud y otros muchos grupos de expertos
recomiendan que el niño tome el pecho como único alimento durante
los seis primeros meses de vida. No es recomendable introducir
ningún tipo de alimento antes de los seis meses de edad, después se irán introduciendo alimentos de forma progresiva, según vaya
indicando el pediatra, pero manteniendo la lactancia hasta que la
madre y el niño lo deseen. Hasta el año de edad y para asegurar la
producción de leche se debe ofrecer siempre primero el pecho y
después el alimento que se quiera ofrecer.

Actualmente en España se está intentando prolongar la baja por
maternidad, también puedes solicitar tu periodo de vacaciones para
unirlo a la baja maternal y así prolongar el tiempo en el que puedes
estar con el niño. Otra alternativa es solicitar que el permiso de
la hora de lactancia, de la que se dispone durante el primer año, se
sustituya por un permiso adicional de cuatro semanas.
Consultar el artículo "cómo
mantener la lactancia cuando se trabaja fuera de casa".

Debes
tomar una dieta variada, en la cantidad que te apetezca, pero no
comas menos para intentar adelgazar, porque si perdieras más
de ½ kg a la semana, tu producción de leche se podría
reducir.
El hecho de darle el pecho a tu hijo ya va a hacer que pierdas
el sobrepeso que puedas tener después del embarazo. Perderás
grasa especialmente de la zona de las caderas.
Debes tomar una dieta que incluya:
-
Hidratos de carbono: pan, cereales, legumbres, patatas...
-
Proteínas animales y vegetales: carne, pescado, huevos,
lácteos, legumbres...
-
Grasas: aceite, especialmente de oliva, lácteos...
-
Vitaminas y minerales: verduras, frutas, lácteos...
-
Si en la familia existiera alergia a algún alimento,
exclúyelo de tu dieta y consúltalo con tu pediatra.
Debes tomar tanto líquido como te apetezca, pero no cerveza
ni nada que lleve alcohol, pues pasaría a tu leche. No debes
tomar tampoco café ni excitantes, pues al pasar a tu leche
notarás al niño más inquieto.
Intenta no fumar y aconséjale a tu pareja que tampoco lo
haga, porque se ha demostrado que los hijos de padres fumadores
tienen algunas enfermedades con más frecuencia que los de
los no fumadores, por ejemplo: asma, otitis (infección del
oído), etc. Si necesitarais ayuda para dejar de fumar, hablad
con vuestro médico de familia, él os puede orientar
sobre el método a seguir.

La
Organización Mundial de la Salud y otras muchos grupos de expertos
recomiendan que el niño tome el el pecho como único alimento durante
los seis primeros meses de vida. No es recomendable introducir
ningún tipo de alimento antes de los seis meses de edad, después se
irán introduciendo alimentos de forma progresiva, según vaya
indicando el pediatra, pero manteniendo la lactancia hasta que la
madre y el niño lo deseen.
A partir de los seis meses las funciones
digestivas de tu hijo han madurado y puede comer
con cuchara y empieza a aceptar otros sabores.
A
algunos niños les lleva mucho tiempo aceptar la cuchara e ir
adaptándose a los nuevos sabores, no pasa nada, hay que tomarlo con
paciencia y darles tiempo. Al principio se pueden ir introduciendo
pequeñas cantidades de fruta, cereales sin gluten (haciendo
la papilla con tu propia leche, previamente extraída con
sacaleches o con agua) o verduras. La mejor manera de sacarte la leche para
poder luego hacerle la papilla de cereales, es comenzar a extraértela
desde 2 ó 3 semanas antes de comenzar a ofrecerle esta papilla
y congelar tu leche en pequeñas porciones. El mejor momento
del día es la mañana, porque es cuando probablemente
más leche vas a tener. Debes descongelarla poniéndola
desde la noche anterior en el frigorífico y calentarla en
un recipiente con agua templada, no caliente, para que tu leche
no pierda propiedades.
Habitualmente después de introducir un alimento esperamos
una semana ó 15 días antes de introducir el siguiente,
por si surgiera alguna alergia o intolerancia. Esta alimentación
"complemento" de la leche materna, aporta hierro y algunos
nutrientes que el niño necesita a esa edad.
Hasta el año de edad y para asegurar la producción de leche se debe
dar siempre primero el pecho y después el alimento que se quiera
ofrecer. Tu hijo seguirá creciendo y madurando, llegará un
día en que empezará a coger los alimentos con las
manos, con 12 meses prácticamente comerá con vosotros,
incluso usando a veces la cuchara.
La
lactancia se debe mantener mientras la madre y el niño lo deseen. El
destete debe ser progresivo, la forma de hacerlo es ir disminuyendo
el número de tomas poco a poco para que el niño se vaya habituando y
la producción de leche vaya disminuyendo.

Darle el pecho a tu hijo, no sólo no va a hacer que engordes,
sino que al suponer un consumo importante de energía para
ti, te va a ayudar normalmente a perder el sobrepeso habitual de
después de la gestación. Toma una dieta equilibrada
y verás como gracias a darle el pecho a tu hijo te vas a
sentir muy bien física y psicológicamente.

Siempre
que tomes un medicamento debes consultar con tu médico para estar
segura de que lo puedes tomar. La mayoría de las medicaciones son
compatibles con la lactancia y si no fuera así, casi siempre se
puede buscar un medicamento similar pero compatible con la
lactancia. En la mayoría de los prospectos de los medicamentos
consta que no se pueden tomar estando amamantando, pero este consejo
no se basa en datos científicos y solo tiene como objeto proteger a
los laboratorios farmacéuticos. Por ello, pese a lo que leas en le
prospecto, consulta y ya verás como en la mayoría de los casos no
existe problemas.
Consultar
lactancia materna y medicamentos en la web e-lactancia.org del
Sº de Pediatría del Hospital marina Alta (Alicante).

La mastitis se previene vaciando bien los pechos
y con una técnica correcta de amamantamiento. Por lo tanto si tienes
mastitis, el hecho de seguir dando el pecho va a contribuir a tu
curación.

El mejor sistema es hacerlo poco a poco, porque es
la forma natural de destetar. Cuando
tu hijo ya tenga 1 ó 2 años, si tuvieras que dejar
de darle el pecho, lo mejor es ofrecérselo cada vez con menor
frecuencia. Así, poco a poco producirás menos leche
hasta que se te agote espontáneamente.
Si tuvieras alguna duda, habla con tu pediatra.
Supervisado por PrevInfad. 2005.
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