| Malformaciones
congénitas
- ¿Qué son las malformaciones congénitas?
- ¿Por qué se producen?
- ¿Cómo se diagnostican?
- ¿Cuál es su tratamiento?
Son alteraciones en la estructura de un órgano o parte del
cuerpo, debidas a trastornos en su desarrollo durante la gestación,
pudiendo provocar además alteración del funcionamiento
del órgano afectado.
Su importancia radica en que se trata de un problema frecuente
(15 de cada 1.000 recién nacidos en España) y grave,
ya que puede comprometer a órganos vitales, pudiendo requerir
tratamientos largos y costosos.
Además de estas malformaciones mayores, existen otras más
frecuentes y de menor gravedad e importancia médica, son
las malformaciones menores como: orejas grandes, dedos unidos o
fusionados (sindactilias), etc.
A veces las malformaciones son múltiples y tienen una única
causa, entonces se denominan “síndromes”, por
ejemplo el síndrome de Down.
Las causas de las malformaciones suelen ser hereditarias en la
mayoría de las ocasiones (factores genéticos); pero
desde el inicio del desarrollo fetal distintos agentes tóxicos
(medicamentos, radiaciones, drogas y productos químicos)
e infecciosos pueden alterar este desarrollo normal del feto, provocando
fallos en la correcta forma y función de los diferentes órganos
del cuerpo.
Existe un gran número de malformaciones congénitas,
por ello su diagnóstico inicial puede plantear dificultades.
A veces éste se puede sospechar por la existencia de antecedentes
familiares similares en parientes próximos (árbol
genealógico); otras veces, se puede averiguar durante el
embarazo por la práctica de pruebas como la ecografía
prenatal, la amniocentesis, el “triple screening”, etc.
y en algunas ocasiones, será después del nacimiento
o durante la infancia. En estos casos, la exploración física
del niño y la realización de determinadas pruebas
podrán ayudar al diagnóstico (radiografías,
estudios metabólicos, cariotipo, estudios genéticos,
estudio de infecciones congénitas, etc.).
Conseguir el diagnóstico es muy importante, pues implicará
el conocimiento de la evolución del proceso y nos condicionará
las medidas posibles a seguir según el tipo y gravedad de
la malformación. Todo ello puede implicar la participación
de diferentes especialistas médicos y complicar la situación,
pero el pediatra debe prestar una importante ayuda en la comprensión
del diagnóstico y en el apoyo a la familia para asimilar
esta circunstancia especial. También puede supervisar la
evolución del niño y facilitar el contacto con los
diferentes servicios existentes para la atención y el cuidado
de los niños afectos, así como poner a la familia
en conocimiento de las posibles organizaciones de apoyo o de padres
con niños con patologías concretas.
Todas estas actividades tendrán como finalidad conseguir
que el niño alcance el máximo posible de sus capacidades
y pueda llevar una actividad diaria lo más normal posible.
El conocimiento del diagnóstico de una malformación
o síndrome concreto nos puede también llevar a la
posibilidad de un consejo genético, para conocer su posible
herencia y con ello la posibilidad de una nueva descendencia libre
o no de dicha malformación.
Esta sección ha sido elaborada
por Joan Martí Fernández (pediatra)
Instituto Catalán de la Salud

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