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Preguntas frecuentes  Reflujo vesicoureteral  

  1. ¿Qué es el reflujo vésicoureteral?
  2. ¿Por qué se produce?
  3. ¿Es importante para mi hijo?
  4. ¿Cómo se diagnostica?
  5. ¿Cómo se trata?

¿Qué es el reflujo vésicoureteral?

El reflujo vésicoureteral (RVU) es el paso anómalo de orina desde la vejiga urinaria hacia el uréter y, en ocasiones, el riñón. Es decir, en sentido contrario al habitual, pues la orina se produce en los riñones y desciende por los conductos llamados uréteres hasta la vejiga, donde permanece hasta que se expulsa al exterior al orinar.

En condiciones normales, la unión de cada uno de los uréteres con la vejiga realiza una función de válvula de un solo sentido, de modo que únicamente permite el paso de la orina en sentido descendente hacia la vejiga. Pero en algunas personas esa función está alterada, lo que hace posible que la orina acumulada en la vejiga pueda ascender por el uréter e incluso llegar hasta el riñón. Según se afecten uno o los dos uréteres se define como reflujo uni o bilateral.

El RVU es frecuente en los niños, tanto que se calcula que un 1% de la población infantil puede tener este tipo de reflujo, aunque no tenga ningún síntoma.

¿Por qué se produce?

Ya hemos comentado que se debe a una alteración en la unión de uno o los dos uréteres con la vejiga. Y, aunque no es la única causa, la herencia juega un importante papel, pues se ha demostrado que el reflujo es más frecuente en niños con hermanos o padres con esta anomalía.Inicio de la página

¿Es importante para mi hijo?

Sí que lo es, porque, a pesar de que en muchas ocasiones es asintomático y de que en algunos casos, sobre todo los más leves -y, afortunadamente, los más frecuentes- pueden desaparecer cuando el niño crezca. Pero, hasta ese momento, el reflujo puede dañar él o los riñones, provocando una disminución en su función y, en los casos más graves, hipertensión arterial e insuficiencia renal.

¿Cómo se diagnostica?

El RVU se suele diagnosticar en los niños al hacerles un estudio tras una infección de orina, un diagnóstico de posible alteración renal por ecografía en el embarazo o porque hay antecedentes familiares de reflujo. Para su diagnóstico se emplean la ecografia renal, la cistografia y la gammagrafia renal. Con la primera podemos ver el riñón y los uréteres para descartar otras malformaciones. La cistografia, que es la prueba que establece si hay o no reflujo, consiste en administrar un contraste radiológico en la vejiga del niño a través de la uretra, mediante sondaje, y posteriormente hacerle orinar, de este modo podremos ver en las radiografías si la presión producida al orinar produce una subida de orina hacia el riñón, con ello tendremos el diagnóstico y el grado del reflujo. En ocasiones, en esta prueba puede sustituirse el contraste por radioisótopos, ya que éstos irradian menos y además su exploración dura algo más de tiempo, lo cual puede permitir ver pequeños episodios intermitentes de reflujo. Las otras técnicas gammagráficas se usan para comprobar, en los casos con infección urinaria, si se han producido pequeñas “cicatrices” en los riñones. Inicio de la página

¿Cómo se trata?

El tratamiento del niño con reflujo se centra en prevenir la infección de orina para evitar lesiones renales, pues parece ser que la infección junto con el reflujo son la causa de la lesión renal, aunque algunos reflujos, si son muy importantes, pueden producir lesiones por sí solos. El reflujo se clasifica en diferentes grados que van desde I a V según su intensidad, así el I afecta sólo al uréter y el V produce una significativa dilatación del uréter y llega hasta el riñón. Esta clasificación tiene también importancia para el tratamiento, pues en los grados I a III el tratamiento será médico y grados mayores, IV y V, requerirán tratamiento quirúrgico.

Los grados I a III tienen un 60-80% de probabilidades de curar espontáneamente y muy pocas de sufrir infecciones de riñón (pielonefritis) si se establece una correcta prevención antibiótica. Ésta se realiza administrando pequeñas dosis de antibiótico cada día, de forma continuada por vía oral y de preferencia por la noche en una única toma. También es importante mantener una buena higiene de la zona genital y urinaria en las niñas (limpiando siempre de delante hacia atrás) y del prepucio en los varones, y en los niños mayorcitos que ya controlen los esfínteres, unos buenos hábitos miccionales (realizar micciones frecuentes cada 3 horas y completas, ”sin prisas”, durante el día) e intestinales, evitando el estreñimiento, ya que éste es un factor de riesgo para la infección urinaria. En los grados IV y V el tratamiento suele ser médico (antibiótico) hasta los 2 años y si en ese momento el reflujo no ha desaparecido, se deberá considerar el tratamiento quirúrgico, pero valorándose de manera individual en cada niño. En algunas ocasiones, si el niño presenta infecciones renales repetidas, la intervención puede estar indicada antes de esa edad.

Esta sección ha sido elaborada por Joan Martí Fernández, pediatra, 
Instituto Catalán de la Salud

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