| Síncope
o desmayo
- ¿Qué es?
- ¿Cuándo consultar?
- ¿Cómo prevenirlo?
Se trata de un breve y brusco episodio de pérdida de conciencia
y de tono muscular. A menudo el niño está flácido,
sudoroso y no responde, con una tensión arterial (TA) baja,
pulso débil y pupilas dilatadas. Por lo general, el niño
vuelve a estar alerta inmediatamente después de despertarse.
La causa más habitual es el síncope vaso-vagal, que
es consecuencia de una repentina disminución de la resistencia
en la circulación periférica que conduce al descenso
de la presión sanguínea. A menudo, son precipitados
por una contrariedad emocional.
Otras causas menos frecuentas son el desmayo ortostático,
por una brusca caída de la tensión arterial al pasar
de estar acostado a de pie, los espasmos de sollozo (más
frecuentes en lactantes), la hiperventilación (común
en adolescentes) y otras más raras como arritmias cardiacas,
anemia, hipoglucemia, convulsiones, etc.
El pediatra debe explorar a todo niño con historia de un
episodio de pérdida de conciencia. A través de las
preguntas detalladas realizadas a las personas que presenciaron
el episodio se podrá determinar, generalmente, si fue un
desmayo o una convulsión. Es importante prestar atención
a los acontecimientos previos al desmayo, como dónde se encontraba
o qué estaba haciendo antes de que le ocurriera.
Como se ha dicho anteriormente, el síncope vaso-vagal, el
más frecuente, se precipita con frecuencia por una contrariedad
emocional. Por lo tanto habrá que evitar situaciones tales
como miedo, dolor, ira, recelo, fatiga, un traumatismo emotivo como
pinchar una vena o un tratamiento dentario, una prolongada posición
de pie, un ambiente caliente o mal ventilado, etc.
Esta sección ha sido elaborada
por Dolores Inmaculada Martos Martínez (neuropediatra)
Servicio Andaluz de Salud

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