| Supositorios
- ¿Qué son?
- ¿Cuándo se deben usar?
- ¿Cómo se ponen los supositorios?
- ¿Cómo se almacenan?
Los supositorios son una forma de presentación de las medicinas,
igual que hay píldoras, jarabes, pomadas, inyectables, etc.
pero específicamente diseñada para su administración
por vía rectal, introduciéndolos en el cuerpo por
el ano.
Su uso ha disminuido mucho respecto a décadas pasadas, ya
que por esta vía no siempre se puede garantizar la cantidad
de medicamento que va a llegar finalmente al organismo, además
de resultar incómoda su administración y poder producir
molestias. Todos estos inconvenientes han desembocado en que cada
vez haya menos medicinas que aparezcan en el mercado con esta presentación.
Están compuestos fundamentalmente por una grasa vegetal
sólida que contiene a su vez el medicamento. Una vez introducido
en el recto, el supositorio se disuelve poco a poco, liberando la
medicina y permitiendo así su absorción y su paso
a la sangre.
Los supositorios pueden usarse tanto para producir un efecto directamente
en el recto (por ejemplo como laxante), como para conseguir una
vía de administración del medicamento cuando la oral
no resulta posible (vómitos, problemas de deglución,
falta de colaboración, etc.). Actualmente, el caso más
habitual de uso en la población infantil es el de los padres
que pretenden conseguir dar un antitérmico a un niño
con vómitos o que se niega a tomar por la boca la medicina.
Los antibióticos, por el inconveniente arriba comentado
de la absorción variable por esta vía, no se fabrican
ya en forma de supositorios
No es raro que, tras aplicar un supositorio a un niño, se
salga otra vez del recto y tengamos que repetir la maniobra varias
veces e incluso tener que desecharlo y utilizar uno nuevo. Esto
por lo general se debe a un error en la "técnica de
aplicación":
| Aunque pueda chocar un poco, la mejor forma de administrar
los supositorios no es la que el sentido común nos suele
dictar; es decir, introducirlos en el ano por su extremo puntiagudo,
sino al contrario: lo correcto es empezar por el extremo plano.
Esto facilita que el supositorio quede alojado en el recto,
porque así, cuando el ano se contrae, lo que se consigue
es impulsar al supositorio hacia adentro y no lo contrario.
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Es muy recomendable el lavado de manos, tanto antes como después
de su aplicación.
Deben conservarse en un sitio fresco y protegido de la luz, pero
no es necesario y ni siquiera conveniente en muchas ocasiones, guardarlos
en la nevera. En cualquier caso deben seguirse las instrucciones
del fabricante, así como verificar la fecha de caducidad
antes de su aplicación.
Esta sección ha sido elaborada
por Manuel Merino Moína y Juan Bravo Acuña, pediatras,
Centro de Salud El Greco (Getafe), INSALUD-Madrid

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