| Traumatismo
craneoencefálico
- Causas más habituales de golpes fuertes
en la cabeza.
- Consejos y recomendaciones ante un traumatismo
craneoencefálico.
- ¿Cómo evitar el siguiente golpe?
- Vigilancia domiciliaria ante un golpe fuerte
en la cabeza.
Los traumatismos craneoencefálicos (TCE) son problemas o
preocupaciones frecuentes desde muy temprana edad y hay pocas madres
que no hayan consultado a su pediatra en alguna ocasión para
preguntar qué hacer cuando su hijo ha sufrido un golpe en
la cabeza. El 50% de todos los TCE se presentan en menores de 15
años.
Afortunadamente, en el 70-80% de los casos son leves.
Es más frecuente en varones (el doble que en las niñas),
por caída accidental y la mitad de ellos en el domicilio
familiar. Para algunos niños, el primer TCE se debe a la
caída de una cama, a la edad en que comienzan a darse la
vuelta por sí mismos. Posteriormente, debido a su natural
e ilimitada curiosidad, comenzarán a explorar hasta el último
rincón de la casa, por lo que serán más propensos
a los accidentes.
Según la edad, las causas más frecuentes son:
- Menos de 12 meses: caída en un momento de despiste de
los cuidadores.
- De 1 a 2 años: falta de coordinación motora e
inestabilidad características de la edad.
- Mayores de 2 años: hiperactividad normal, competitividad
y falta de sensación de peligro.
- Mayores de 8 años: atropellos y accidentes de bicicleta.
- Mayores de 10 años: accidentes deportivos.
- Si su niño ha sufrido un golpe en la cabeza y deja de
llorar antes de un cuarto de hora, tiene buen color, no vomita
ni tiene otros síntomas, es poco probable que se haya producido
una lesión importante. Permítale reanudar su vida
normal de inmediato, pero obsérvelo un poco más
durante al menos 24 horas.
- Si el golpe ha sido importante, al principio es conveniente,
para observarlo, que permanezca despierto y en el caso que se
duerma, despiértelo cada 2-3 horas para asegurarse que
esté bien.
Consulte a su pediatra si presenta cualquiera de los síntomas
que mencionamos más abajo. El médico determinará
si requiere ser examinado o si necesita algún estudio complementario.
- Si se ha hecho una herida que sangra abundantemente, acuda a
un centro sanitario próximo para su valoración y
sutura si fuera preciso.
- Si no hay herida y para disminuir el tamaño del hematoma
(chichón) que surgirá con posterioridad, bastará
con apretarlo ligeramente con un trozo de hielo envuelto en una
gasa o un paño. Si el golpe fue en la frente, es posible
que el hematoma más adelante "se baje" a los
párpados; esto es normal y no representa ningún
problema para los ojos.
- Para aliviar el dolor se pueden administrar medicamentos analgésicos
como el paracetamol o el ibuprofeno.

No se sienta culpable; tarde o temprano casi todos los niños
sufren algún accidente y en gran parte es cuestión
de suerte, buena o mala. No obstante nunca está de más
“adivinar” los peligros, sobre todo en los niños
más “trastos” y predispuestos a los accidentes.
Como siempre, lo que más está en nuestra mano es la
prevención:
- Si su hijo es pequeño, manténgalo siempre a la
vista en el domicilio y en la calle llévelo de la mano.
Si la casa tiene escaleras, tenga especial cuidado y si es posible,
ponga una barrera de protección.
- Las cunas y las camas elevadas deben tener una protección
suficientemente alta que evite las caídas. Si es capaz
de salirse de la cuna, es que ha llegado el momento de cambiarle
a una cama.
- Los andadores o taca-taca pueden resultar peligrosos, especialmente
en las casas con escaleras.
- Siga estrictamente las normas de seguridad para el transporte
de los niños en automóvil en función de su
edad y peso.
- La utilización del casco puede evitar traumatismos craneales
importantes. Promueva su uso cuando vaya en bicicleta, monopatín
o patines.
- Cuanto antes conozca su hijo las reglas básicas de seguridad
vial (cómo y cuándo cruzar una calle, etc.), mucho
mejor, pero procure predicar usted con el ejemplo.
La vigilancia debe mantenerse al menos durante 24 horas. Ante cualquier
aparición de la sintomatología enumerada a continuación,
se deberá acudir al centro sanitario más cercano para
valoración:
- Vómitos repetidos.
- Somnolencia creciente o dificultad para despertarlo (lo despertarán
cada 3 horas por la noche para comprobar cómo reacciona).
- Dolor de cabeza intenso o dolor y dificultad para mover el cuello.
- Sensación de mareo progresivo o que se favorece al movilizar
al niño.
- Convulsiones o movimientos extraños de la cara o de las
extremidades.
- Incapacidad para moverse, disminución de la fuerza o
sensación de hormigueo.
- Alteración del comportamiento o de la reactividad.
- Diferencia de tamaño entre las pupilas de ambos ojos.
- Alteraciones de la visión o de la posición ocular
(ojos “torcidos”).
- Hablar de forma extraña o decir incoherencias.
- Andar tambaleándose.
- Cualquier otro síntoma que preocupe a la familia.
Esta sección ha sido elaborada
por Miguel Bermejo Pastor, pediatra,
Centro de Salud La Paz - Badajoz

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