| Encefalopatía
espongiforma bovina "Enfermedad de las vacas locas"
- ¿Qué es la "Enfermedad de
las Vacas Locas"?
- ¿Cuándo y dónde comenzó?
- ¿Cuál es su causa?
- ¿Qué problemas puede tener para
las personas?
- ¿Cómo se pueden contagiar las
personas?
- ¿Cómo puede prevenirse? ¿Se
dispone de tratamiento?
El término "Enfermedad de las Vacas Locas" se
refiere a un proceso que afecta al ganado bovino, produciendo una
degeneración progresiva de su sistema nervioso central, que
lleva a que el animal parezca estar en ese estado. Se trata de un
grupo de enfermedades transmisibles, aunque no infecciosas, que
inciden sobre diferentes especies animales (en concreto la Encefalopatía
Espongiforme Bovina o "Enfermedad de las Vacas Locas"
afecta a los bóvidos, es mortal para el animal y su periodo
de evolución es largo, entre 4-5 años de promedio).
Viene a ser una especie intoxicación lenta en la que, poco
a poco, se van depositando ciertas sustancias particularmente en
las neuronas del cerebro y médula espinal de la vaca y acaban
afectando a su función normal. Estas sustancias son proteínas
animales defectuosas ingeridas, llamadas priones, y que el organismo
de los rumiantes no puede eliminar. (No están habituados
a alimentarse con productos de origen animal y, por lo tanto, la
selección natural no ha actuado sobre ellos en este sentido,
al contrario que con los buitres).
El primer caso en bóvidos se comunicó en el Reino
Unido, en noviembre de 1986, por el Laboratorio Central de Veterinaria,
y a partir de 1987 se empieza a investigar sobre su posible mecanismo
de transmisión. En abril de 1990 se comunicó oficialmente
a la Comunidad Económica Europea.
Su causa parece ser una proteína a la que se ha llamado
"prión". Se trata de una partícula aún
más pequeña que un virus, un agente infectante no
habitual y que se asemeja al agente responsable de una enfermedad
que afecta a las cabras y ovejas: el "scrapie" o prúrigo
lumbar. Este "prión" es muy resistente a los medios
habituales de desinfección.
Las vacas se "contagiarían" al comer piensos elaborados
con restos de otros animales. No se ha detectado el contagio de
las vacas enfermas a sus crías ni a otras vacas.
En 1996 se comunicaron 10 casos de pacientes afectados de una muy
rara enfermedad denominada "variante de la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob".
Esta dolencia que afecta a las personas, parece muy similar al proceso
que hacía enfermar a las vacas. La enfermedad también
produce una degeneración progresiva del sistema nervioso
central de los seres humanos. Se piensa, aunque la evidencia científica
no es total, que las personas enfermarían al comer productos
procedentes del ganado vacuno enfermo de encefalopatía espongiforme,
especialmente los derivados que contuvieran tejido nervioso central
(cerebro, médula espinal, ojos) y también algunas
vísceras (bazo, tripas, etc.).
La evidencia científica actual parece confirmar que la
enfermedad llegó a los bóvidos a través de
los piensos que comían, pues en la elaboración de
éstos se utilizaban restos de otros animales; al parecer,
restos de ovejas, de cabras (en el Reino Unido estos animales tenían
una alta incidencia de una enfermedad muy parecida: el "scrapie",
pero que nunca antes había infectado a otras clases de animales),
y también de otras vacas. Así se piensa que las vacas
enferman y que algunas personas que se alimentan de ellas pueden
llegan a desarrollar, al cabo de un largo periodo de tiempo, esta
variante de la rara enfermedad que antes citamos.
La enfermedad de Creutzfeldt-Jakob afecta a personas mayores en
el 80% de los casos, entre 50-75 años. Suele ser esporádica,
pero en un 10-15% casos se hereda y en un pequeño porcentaje
puede contraerse por material contaminado. La nueva variante aparecida
(Variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob) parece afectar
a personas más jóvenes (29 años). En octubre
de 1999, los casos diagnosticados en el Reino Unido eran ya 20.
Actualmente la Organización Mundial de la Salud ha contabilizado
unos 70 casos en Gran Bretaña, 2 casos en Francia y 1 en
Irlanda, cifra que podría ir en aumento.
En el Reino Unido se ha dicho que también podría
transmitirse a través de la sangre y sus derivados, obtenidos
de personas que hayan ingerido "priones", y por ello se
ha comenzado a prohibir el uso de sangre de donantes ingleses para
la industria farmacéutica.
En el momento actual no se dispone de ningún tratamiento
contra la enfermedad, de ahí que lo más importante
sea la prevención. Hoy por hoy se sabe que tarda un largo
tiempo en desarrollarse en las vacas, por ello nunca antes de los
30 meses de edad contraen la enfermedad. Así, parece seguro
en este momento, que la carne de animales jóvenes con edad
inferior a los 2 años no transmite el mal y puede usarse
para el consumo humano.
En consecuencia, las Autoridades Sanitarias Europeas han establecido
un programa de vigilancia y de seguimiento para evitar que animales
adultos sean destinados al consumo humano, y se han iniciado programas
de detección de los animales enfermos, para proceder a su
sacrificio y retirarlos de la cadena alimentaria. Todos los tejidos
con riesgo de transmisión para las personas son también
retirados y eliminados.
Por otro lado, la otra medida de importancia ha sido la prohibición
de utilizar derivados y restos animales para la elaboración
de los piensos destinados a dar de comer al ganado vacuno. Con todas
estas medidas se pretende reducir la aparición de nuevos
casos. Así queda prohibido alimentar al ganado con piensos
de origen animal y se procederá a la destrucción de
los piensos ya elaborados.
En España, el Ministerio de Sanidad y Consumo ha aplicado
la normativa de la UE, por la cual a todos los animales de las especies
bovina, ovina y caprina, de edad superior a los 12 meses de edad,
en el matadero se les retiran los tejidos y órganos que pueden
entrañar riesgo para la salud: cráneo con encéfalo
y ojos, amígdalas y médula espinal. Estos tejidos
nunca llegarán al comercio porque en el matadero se tiñen
de azul y se destruyen.
Además, todas las piezas que vayan al consumo humano deberán
llevar una etiqueta con la identificación del país
donde se ha sacrificado el animal, el número de autorización
del matadero y el número de identificación del animal.
A la luz de los conocimientos actuales, se puede afirmar que la
leche de vaca y sus derivado no transmiten la enfermedad de las
vacas locas.
Esta sección ha sido elaborada
por Joan Martí Fernández
Pediatra de Atención Primaria Servicio Catalán
de la Salud

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