| Vacunas
- La importancia de vacunar a los niños
- Calendario vacunal recomendado por el
Ministerio de Sanidad y Consumo
- Vacunas incluidas en el calendario
- Vacunas cuya inclusión en el
calendario es actualmente objeto de debate
- ¿Qué recomendaciones hay que
seguir para ir a vacunar a un lactante o niño?
- ¿Por qué cambia tanto el calendario?
- ¿Por qué cada comunidad autónoma
tiene un calendario diferente?
- Otras consideraciones respecto a las vacunas
- Inmunizaciones en situaciones clínicas
especiales (prematuros, enfermos crónicos, niños
con SIDA, etc.)
- Vacunación tras la exposición
a la enfermedad
- Efectos secundarios de las vacunas
- Conceptos erróneos sobre las contraindicaciones
de las vacunas
Las vacunas son productos biológicos obtenidos a partir
de gérmenes que pueden producir enfermedades (bacterias o
virus). Están compuestas por esos mismos gérmenes
vivos pero atenuados (debilitados), muertos o por algunas partes
de ellos. Además pueden contener otros componentes químicos
o biológicos que faciliten su conservación o aumenten
su eficacia. En niños sanos no producen enfermedad, sino
que estimulan sus defensas naturales para protegerles de la infección.
Algunos pocos padres no llevan a vacunar a sus hijos. Esto puede
ser por falta de información o por informaciones equivocadas
sobre la gravedad de las enfermedades que se pretenden prevenir,
sobre la eficacia de las vacunas o por miedo a los efectos secundarios
de las vacunas, por objeciones de tipo cultural-ideológico,
o bien por dejadez o abandono.
Sin embargo, en España, el 95% de los niños se vacunan
correctamente, lo que sirve para protegerles eficazmente frente
a muchas enfermedades contagiosas potencialmente graves o incluso
mortales y proteger también en parte a quienes conviven con
ellos y no están vacunados.
La vacunación, por tanto, aporta beneficios individuales
y también sociales.
Las vacunas incluidas en el calendario oficial de cada comunidad
autónoma o en las campañas que eventualmente se realicen,
son gratuitas para todos, independientemente de que se tenga derecho
a cobertura por la Seguridad Social o no.
Si preguntásemos a nuestros padres y abuelos, todos se acordarían
de la viruela y muchos de nosotros tendremos la marca que la vacuna
nos dejó en la piel. Hoy en día, esta enfermedad no
existe gracias a las vacunas y ya no es preciso seguir vacunándose
frente a ella.
Hace ya más de un siglo que se empezó a vacunar y
desde hace más de 60 años se hace de forma sistemática.
Desde entonces se han conocido efectos secundarios y reacciones
adversas de las vacunas, de los que hablaremos más adelante,
cuya importancia es mucho menor comparada con los graves daños
que hubieran causado las enfermedades que con ellas se han prevenido.
Dependiendo del tipo de vacuna y de la edad de quien la recibe,
puede ser necesaria la administración de varias dosis en
intervalos de tiempo determinados para conseguir una eficacia completa


- DTP:
- La difteria es una grave enfermedad
causada por Corynebacterium diphteriae que se transmite por
las secreciones respiratorias y produce inflamación
de garganta y nariz, que causan dificultad para respirar y
en un 10% de los casos la muerte. Además puede ocasionar
parálisis del sistema nervioso y graves complicaciones
cardíacas.
Desde 1986 no se ha declarado ningún caso en España,
pero en 1990 hubo una epidemia en la antigua Unión
Soviética y, a raíz de la caída del "Telón
de Acero", han empezado a verse de nuevo casos en la
Europa Occidental. La eficacia clínica de la vacuna
se estima en un 97%.
- El tétanos lo produce
el Clostridium tetani y se contrae a través de las
heridas en la piel. Provoca espasmos musculares dolorosos
que llegan a impedir la respiración cuando afectan
a la musculatura del tórax y también convulsiones.
Suele ser mortal.
En nuestro país se dan alrededor de 50 casos al año,
generalmente en adultos mal vacunados. La eficacia vacunal
es del 100%, pero deben administrarse dosis de recuerdo cada
10 años.
- La tos ferina la provoca la Bordetella
pertussis, se contagia por secreciones respiratorias y causa
una infección respiratoria con accesos de tos característicos
y dificultad para respirar y para alimentarse. En lactantes,
el 10% de los casos se complica con neumonía, el 2%
presenta convulsiones y el 0,4% encefalitis. También
puede llegar a ser mortal, especialmente en los más
pequeños.
En España se dan unos mil casos por año, de
los que más de la mitad se producen en niños. La vacuna de la tos ferina tiene una eficacia clínica
de alrededor del 70-90% durante 2 a 5 años y no se
prolonga más allá de los 12 años.
- Las vacunas de estas tres enfermedades suelen administrarse
juntas y se presentan también en combinación
con las de polio y Haemophillus, con o sin hepatitis B (penta
y hexavalentes). Son necesarias varias dosis para que la
protección sea eficaz.
Actualmente ya no se utiliza
la DTPe (con células de Bordetella enteras) y se usa
exclusivamente la DTPa (acelular), que es igualmente eficaz
pero menos reactógena (produce menos efectos secundarios). Ésta última
es la que se ha usado siempre en mayores de 3 años,
pues con la edad aumentan las reacciones adversas, aunque
también se recomienda desde los 2 meses de edad. Está
indicada en todos los niños menores de 7 años
sin trastornos neurológicos previos. En los mayores
de 7 años se puede vacunar de tétanos y difteria,
pero utilizando dosis menores de esta última; es la
vacuna dT. Se investiga el uso de una vacuna dTpa, con menor
carga antigénica de Bordetella acelular, para inmunizar
a niños mayores y adultos.
- Sarampión-Rubéola-Paperas
(Triple vírica)
- Estas enfermedades las causan tres virus que se contagian
por vía respiratoria (desde antes que aparezca la erupción
cutánea característica, en el caso de las dos
primeras). Su incidencia ha disminuido drásticamente
en España desde que se aplica la vacunación
sistemática, aunque aún siguen declarándose
casos todos los años. La eficacia global de la vacuna
es del 98%, alcanzándose prácticamente el 100%
tras la segunda dosis.
- El sarampión es una enfermedad
caracterizada por una erupción cutánea, fiebre,
conjuntivitis y bronquitis, especialmente grave en niños
pequeños y adultos. Puede complicarse con otitis y
neumonía y, en uno de cada 1.000 niños, puede
provocar encefalitis. También en raras ocasiones puede
comportarse como una enfermedad por virus lento y causar muchos
años después una grave enfermedad del sistema
nervioso central llamada panencefalitis esclerosante subaguda.
En países menos desarrollados que el nuestro, es causa
de gran mortalidad (un millón de fallecimientos al
año en todo el mundo).
- La rubéola cursa como
una especie de sarampión leve en la infancia, muy llevadero.
El problema de esta infección radica en que cuando
se da durante el embarazo, provoca gravísimas malformaciones
fetales como sordera, cardiopatías, retraso mental
y cataratas. También puede dar lugar a abortos.
- Las paperas o parotiditis epidémica
suele ser leve en la infancia y se caracteriza por la inflamación
de las glándulas salivares parótidas que tenemos
a ambos lados de la cara, de ahí su nombre. Sin embargo,
también puede causar meningitis vírica y sordera.
En adolescentes y adultos se pueden inflamar los testículos
y ser causa de esterilidad permanente. Además, en ocasiones
se afectan otras glándulas como el páncreas,
provocando dolor abdominal intenso.
- La primovacunación se hace con una sola dosis subcutánea
y se añade después otra dosis para completar
la cobertura, dado que con la primera, en algunos niños,
no se consigue una adecuada respuesta inmunológica.
- En España el grupo de mayor riesgo de enfermar es
el de los adultos jóvenes, que ni pasaron la enfermedad
de niños ni en su día fueron vacunados.

- Haemophilus influenzae tipo b
- Se trata de una bacteria que se contagia por las secreciones
respiratorias provocando desde faringitis, otitis y sinusitis
hasta infecciones de huesos y articulaciones, neumonías,
epiglotitis (infección grave con obstrucción
de la entrada de la laringe), sepsis (infección generalizada)
y meningitis que pueden causar la muerte o secuelas graves
como discapacidad psíquica o, sobre todo, sordera.
La vacuna no protege de aquellas infecciones leves (otitis,
sinusitis, etc.) pero sí de estas graves. Su virulencia
se la da una cápsula de polisacáridos, uno de
los cuáles se utiliza para preparar la vacuna, uniéndolo
a una proteína de otra bacteria para que resulte más
inmunógena. Por eso se llama conjugada. Está
indicada para todos los niños de 2 meses a 5 años,
que son el grupo de mayor riesgo. En lactantes, con 4 dosis
se consigue un efecto protector de prácticamente el
100%, aunque parece que puede ser suficiente con menos dosis.
Aunque las infecciones invasivas por Haemphilus no son muy
frecuentes en nuestro medio, el uso de esta vacuna se justifica
por la gravedad de la enfermedad que puede provocar.
- Hepatitis B
- El virus de la hepatitis B se transmite a través
de la sangre o por contacto sexual y también de la
embarazada a su hijo y dentro del ambiente intrafamiliar.
Provoca una enfermedad del hígado que puede cronificarse
y durar toda la vida. La hepatitis B neonatal se hace crónica
en un 90% de los que la padecen. También es necesario
estar infectado por este virus para poder padecer otro tipo
de hepatitis, como la D. Causa dos millones de muertes al
año en el mundo y se estima que más de 350 millones
de personas están infectadas (5% de la población
mundial). En España, lo más frecuente es que
se contraiga la enfermedad en la adolescencia o juventud.
Más de la tercera parte de los enfermos desconoce cómo
se contagió, puesto que muchos infectados permanecen
asintomáticos durante años sin saberlo. El período
de incubación puede durar de 30 a 180 días.
En nuestro medio es menos frecuente en niños, aunque
se dan casos en los que no hubo ningún factor de riesgo
y en los que ni siquiera se conoce un contacto intrafamiliar.
La vacuna precisa de tres dosis en todas las edades y las
personas sanas no necesitan revacunaciones ni controles analíticos
posteriores (serología). Su eficacia es del 90% en
adultos, 95% en niños y cerca del 100% en neonatos
si se combina con inmunoterapia pasiva (gammaglobulina específica),
indicada en los recién nacidos de madres infectadas
por el virus.
- Poliomielitis
- La poliomielitis la causa un virus y produce una parálisis
fláccida permanente, que afecta sobre todo a las piernas,
pero que incluso puede llegar a provocar la muerte. En España
no se conoce ningún caso de polio por virus salvaje
desde que en 1989 se declararon los 2 últimos casos.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró
el 21 de junio de 2002 la interrupción de la circulación
de virus salvaje de la polio en Europa y, por tanto, se considera
erradicado en nuestro medio.
Se tiene la esperanza de su
pronta erradicación en todo el mundo. Como último paso,
desde el año 2004, se ha substituido el uso de la vacuna
oral con virus vivos por la intramuscular de virus
inactivados (muertos) dado que, aunque es muy escasa, existe
la posibilidad, con la oral, de poliomielitis por el virus
vacunal. La inmunogenicidad de la vacuna oral es del
95% ("prende" en 95 de cada 100 vacunados) y la
de la intramuscular del 90%. La oral también proporcionaba
una inmunidad local intestinal con lo que se lograba una eficacia
vacunal de más del 97%, además de extender el
efecto vacunal en la comunidad, ya que los vacunados eliminan
durante algún tiempo el virus de la vacuna por las
heces. Con el cambio de vacuna oral a intramuscular, renunciamos
a parte de la eficacia vacunal a cambio de la seguridad de
que no puedan darse casos de enfermedad poliomielítica
vacunal que, aunque extremadamente rara, puede producir la
vacuna de virus vivos.
- Meningococo C
- La bacteria Neisseria meningitidis tiene 10 familias o serotipos
(entre ellos el C) y causa fundamentalmente sepsis y meningitis.
Al igual que el haemophilus, su capacidad para penetrar en
el organismo (invasividad) se la proporciona una cápsula
polisacárida y la vacuna se fabrica con elementos de
ésta, conjugados con proteínas de otras bacterias
para que sea más eficaz. Hay otras vacunas frente al
meningococo C, A, Y y W135 que al no ser conjugadas son menos
eficaces y no sirven para su inclusión en un calendario.
Actualmente se investiga en la fabricación de una vacuna
conjugada frente al meningococo B, que también causa
un gran número de meningitis, y en la de otra que pudiera
ser eficaz frente a todos los serotipos. Dependiendo de la
edad son necesarias una o más dosis (menos dosis, cuanto
mayor sea quien la recibe). Es muy eficaz y no presenta efectos
secundarios importantes.
-
Varicela
-
La
varicela es una enfermedad contagiosa producida por el virus
varicela-zóster, de la familia de los herpesvirus,
exclusivamente humano. En su primer contacto la infección se
manifiesta como varicela y el virus puede quedar después
latente durante muchos años sin dar síntomas. Más adelante
puede reactivarse y en tal caso se manifestará como herpes
zóster. Aunque la varicela es generalmente una
enfermedad benigna, a veces aparecen complicaciones,
especialmente en adolescentes, adultos y personas con las
defensas bajas: infecciones de la piel y del tejido
subcutáneo, neumonía causada por el propio virus de la
varicela o por bacterias, complicaciones neurológicas como
ataxia cerebelosa y encefalitis. Cuando la varicela se
contrae en los dos primeros trimestres de la gestación puede
causar alteraciones neurológicas, cicatrices en la piel y
alteraciones oculares y esqueléticas en el feto. Si la
varicela aparece entre 5 días antes y 2 días después del
parto, el recién nacido puede sufrir una varicela neonatal
grave.
Actualmente es objeto de estudio la inclusión en el calendario infantil de algunas vacunas:
- La vacuna frente al virus varicela-zóster se incluye en los calendarios para su administración a los preadoslescentes que no hayan pasado la enfermedad ni hayan sido vacunados previamente. Se discute la oportunidad de vacunar en edades más tempranas (el segundo año de vida) y la necesidad de una dosis de refuerzo.
-
La conjugada contra el neumococo está incluida
únicamente en el calendario de la Comunidad de Madrid a los 2, 4, 6 y 18 meses. En el resto de España se administra sólo a grupos de riesgo.
-
La de la gastroenteritis por rotavirus y la del papilomavirus, causante del cáncer de cuello uterino, son las dos últimas que han salido al mercado y también se debate su inclusión entre las vacunaciones sistemáticas de la infancia.
-
También se sigue evaluando la conveniencia o no de la vacunación sistemática de la hepatitis A.

Llevar la Cartilla de Salud Infantil o Libro de Vacunaciones para
que pueda conocerse el estado vacunal del niño y sean registradas
las dosis aplicadas.
Advertir de las posibles reacciones adversas observadas en anteriores
vacunaciones o tras la administración de otros medicamentos.
Acompañar al niño por una persona adulta y capaz,
también si se trata de un adolescente.
No abandonar el centro de vacunación de inmediato. Las reacciones
adversas pueden producirse tardíamente, pero es más
frecuente que las reacciones más graves se produzcan en los
primeros minutos.
Informar de las enfermedades importantes del niño o de las
personas que conviven con él.
La Medicina es una ciencia en constante evolución y las
recomendaciones deben adaptarse a los cambios epidemiológicos
y a los nuevos avances científicos, así como a la
mayor disponibilidad de recursos que puedan ser destinados al cuidado
de la salud.
A partir de 1981 son las CC. AA. las que tienen competencias en
materia de vacunaciones y, aunque todas coinciden sustancialmente
en lo básico, se pueden apreciar pequeñas diferencias
entre sus calendarios oficiales. No obstante, no existen razones
epidemiológicas, sanitarias ni sociales que justifiquen estas
diferencias, por lo que sería lógico esperar que en
el futuro se pongan de acuerdo para que se vacune de igual manera
a los niños residentes en todo el estado español.
De hecho, ya hay un acuerdo del Consejo Interterritorial del Sistema
Nacional de Salud para que la inclusión de nuevas vacunas
en el calendario, se haga de forma coordinada en todas las autonomías
(noviembre 2003).
- Existen otras vacunas cuya indicación se basa en situaciones
concretas de riesgo individual o de colectivos con edades o con
condiciones de riesgo comunes. También existen diversas
presentaciones de una misma vacuna y combinaciones de varias de
ellas.
-
No todas las vacunas frente al mismo germen poseen la misma
eficacia ni tienen idénticos componentes, por lo que pueden
no ser intercambiables. Las dosis de adulto y niño suelen
ser iguales, con algunas excepciones importantes como la de hepatitis
B y la difteria. Dependiendo de la edad, algunas vacunas pueden
no estar indicadas, por resultar innecesarias.
-
Parece que el uso de agujas algo más largas y gruesas
para administrar las vacunas intramusculares disminuye la incidencia
de reacciones locales. Algunas vacunas pueden mezclarse en la
misma jeringa, pero no todas, y habitualmente deberán inyectarse
por separado en lugares distintos, salvo que el prospecto indique
claramente lo contrario.
-
La administración simultánea de vacunas puede
disminuir su reactogenicidad (efectos adversos), así como
las tasas de producción de anticuerpos, si bien no parece
que esto afecte a su eficacia. No conviene inyectar vacunas en
zonas anatómicas que presenten signos locales de inflamación.
-
Como regla general, debe respetarse un intervalo de 4 semanas
para la aplicación de dosis sucesivas de una misma vacuna.
Si se trata de vacunas diferentes, no es necesario, salvo para
el caso de vacunas de uso excepcional (viajeros) como la de la
fiebre amarilla y el cólera (3 semanas) y puede considerarse
si se trata de dos vacunas de gérmenes vivos, como la triple
vírica (SRP) y la de la varicela, aunque ésta última
no se emplea rutinariamente en España.
-
El hecho de que en un momento dado no se encuentren niveles
protectores de anticuerpos en sangre frente a un germen del que
se ha recibido vacuna, no implica necesariamente que se esté
desprotegido, pues pueden existir células de memoria inmunológica
que activarían la producción de las defensas en
caso de un nuevo contacto con el microorganismo.
-
Tampoco están disponibles en nuestro país (España)
todas las vacunas existentes, aunque en caso necesario pueden
ser importadas.
-
La vacuna de la gripe cambia cada año para las tres cepas
de virus seleccionadas por la OMS.
- La vacuna resortante tetravalente frente a rotavirus, agente
causal más frecuente de las diarreas en la infancia, recomendada
en el Calendario vacunal infantil de Estados Unidos desde agosto
de 1998 ha sido asociada con algunos casos de invaginación
intestinal, por lo que sus fabricantes han suspendido la producción
desde octubre de 1999. En España nunca se llegó
a comercializar esta vacuna.
- Es importante informarse con la antelación suficiente
(unos 2 meses), antes de viajar al extranjero, para que puedan
aplicarse las vacunas adecuadas a cada caso, así como las
medidas de quimioprofilaxis pertinentes.
- Prematuros
Los niños prematuros o de bajo peso deben vacunarse con
dosis completas y en el momento correspondiente a su edad cronológica
tras el parto (días de vida), no corregida respecto a su
edad gestacional. El hecho de estar ingresados no contraindica
la vacunación, aunque deberá utilizarse la vacuna
de la polio intramuscular para evitar posibles infecciones nosocomiales
(intrahospitalarias) por el virus vacunal. Los que desarrollen
enfermedades respiratorias crónicas como la displasia broncopulmonar,
deberán ser vacunados anualmente frente a la gripe. También
deberían hacerlo sus familiares y cuidadores, con el fin
de proteger a estos niños. Existe también la posibilidad
de utilizar anticuerpos monoclonales (inmunidad pasiva específica)
frente al virus sincitial respiratorio, agente causal de la bronquiolitis,
durante la temporada epidémica de los meses fríos.
- Embarazo
Una mujer que planea quedarse embarazada debe asegurarse
de que está correctamente vacunada frente a la rubéola.
Aunque no hay evidencias de que las vacunas incluidas en el calendario
provoquen efectos nocivos para el feto, las mujeres embarazadas
sólo deben ser vacunadas cuando el riesgo de exposición
sea elevado y la posible infección acarree un daño
significativo para la madre o el feto. En tal caso, es prudente
esperar al segundo trimestre de la gestación. La vacuna
de la gripe se considera inocua en cualquier momento del embarazo.
La vacuna frente a la hepatitis B también puede ser administrada,
dado que sólo contiene antígenos de superficie del
virus no infecciosos, y en caso de sufrir una infección
durante el embarazo, puede transmitirla con altas probabilidades
de infección crónica para el feto. También
podría utilizarse la vacuna dT, pero como esta indicación
no se recoge en su ficha técnica, se prefiere la utilización
de tétanos sola. Las vacunas de virus vivos están
formalmente contraindicadas.
- Niños inmunodeficientes e inmunodeprimidos
No existen datos de la eficacia de las vacunas en los niños
portadores de inmunodeficiencias graves, aunque se estima que
pueden aportarles un cierto grado de protección, por lo
que se considera adecuado vacunarlos.
Las vacunas de microorganismos vivos (triple vírica y varicela)
están contraindicadas. Además, sus familiares o
convivientes deberán ser inmunizados con la vacuna de la
polio intramuscular, dado que la oral se transmite de unas personas
a otras. No es el caso de la triple vírica, pues aunque
contiene virus vivos, sus receptores no la transmiten.
En los niños sometidos a tratamiento inmunosupresor por
leucemia linfocítica aguda en fase de remisión,
cabe la excepción de vacunarlos de la varicela (virus vivo)
si resultan expuestos, pues el riesgo de la enfermedad natural
supera al de la vacuna.
- VIH y SIDA
Además de lo indicado para los enfermos inmunodeprimidos,
deberá tenerse en cuenta que existe un riesgo de que la
inmunodepresión se agrave con el paso del tiempo, por lo
que puede ser adecuado el uso de un calendario acelerado de vacunaciones.
Actualmente no se recomienda el uso de la vacuna de la varicela,
pero sí deben ser vacunados de la triple vírica
(SRP). La OMS recomienda la vacuna BCG en los niños sintomáticos
que viven en zonas de alta endemia de tuberculosis. También
deben recibir la vacuna antineumocócica y, anualmente,
la antigripal.
- Niños tratados con corticoides
No hay evidencias suficientes, pero sí experiencia
para plantear dudas sobre la eficacia y seguridad de las vacunas
de virus vivos en pacientes que reciben altas dosis de corticoides
del orden de 2 mg por Kg de peso y día, durante más
de dos semanas en dosis diarias o alternas. Los corticoides tópicos
inhalados para el tratamiento del asma y otras enfermedades respiratorias
no contraindican la vacunación, así como tampoco
lo hacen los usados en forma de colirios, cremas o pomadas o en
inyecciones intraarticulares.
- Niños receptores de transplantes
de médula ósea
Por las razones ya expuestas, los pacientes transplantados y sus
contactos domiciliarios deben recibir la vacuna antipolio intramuscular.
La vacuna de la gripe no es eficaz si se administra antes de 6
meses de realizado el transplante. La vacuna frente a la hepatitis
B se pospone un año y puede reiterarse hasta tres veces
si no se constata respuesta inmune suficiente. La vacuna SRP deberá
posponerse 2 años y deberá aplicarse una dosis de
refuerzo pasadas al menos 4 semanas.
- Otros transplantes
Los niños mayores de 12 años programados
para transplante distinto al de médula ósea, en
los que no se demuestren títulos de anticuerpos protectores
frente a varicela, sarampión, rubéola y parotiditis,
deberán ser vacunados frente a estas enfermedades un mes
antes de la realización del transplante.
- Enfermedad de Hodgkin
Los niños con este tipo de neoplasia pueden recibir vacunas,
aunque se recomienda revacunar después de tres meses de
finalizado el tratamiento inmunosupresor. Se recomienda también
para ellos la vacuna antineumocócica.
- Asplenia (falta de bazo) anatómica
o funcional
La falta de bazo dificulta la lucha contra algunas infecciones
y puede ser congénita, consecuencia de la extirpación
quirúrgica o secundaria a ciertas enfermedades como la
anemia de células falciformes, en las que hay bazo pero
no funciona adecuadamente (asplenia funcional). Aparte de otras
medidas de profilaxis antimicrobiana, en estos niños está
indicada la vacunación antineumocócica. No hay inconveniente
sino todo lo contrario, para que reciban el resto de las vacunas.
- Enfermedades crónicas
Los niños con asma, fibrosis quística, cardiopatías,
nefropatías, enfermedades metabólicas o hematológicas
y otros procesos crónicos severos, han de recibir anualmente
la vacuna de la gripe y debe considerarse también para
algunos de ellos la vacunación antineumocócica.
- Síndrome de Down
Los niños nacidos con trisomía 21 padecen
en diverso grado una situación de inmunodeficiencia primaria
multifactorial. Además de seguir la pauta indicada en el
calendario vacunal para la población general, se considera
conveniente protegerlos con las vacunas frente a neumococo, varicela,
hepatitis A y anualmente frente a la gripe. El riesgo de padecer
hepatitis B es mayor en estos niños y con mayor frecuencia
evoluciona a la cronicidad, por lo que puede considerarse la titulación
de anticuerpos tras su vacunación y, si es preciso, practicar
revacunaciones. Lo anterior debe tenerse en cuenta, máxime
si son portadores de cardiopatía.
- Otras circunstancias
Si un niño ha recibido inmunoglobulinas o transfusiones
(excepto de hematíes lavados) debe esperarse un cierto
de tiempo antes de aplicar vacunas de gérmenes vivos, que
dependerá del tipo de producto biológico recibido.
- No está suficientemente investigada la potencial interacción
entre las vacunas y los inmunomoduladores tópicos (tacrolimus
y pimecrolimus) que se usan para tratar enfermedades de la piel.
La administración de las vacunas debe hacerse respetando
un intervalo de 2 a 4 semanas libre de la aplicación de
tacrolimus y probablemente pueda hacerse sin problemas mientras
se usa pimecrolimus.
En algunos casos es posible prevenir la enfermedad en personas
no vacunadas cuando se exponen a una fuente de contagio.
Las vacunas frente al sarampión y la varicela, aplicadas
dentro de las 72 horas siguientes a la exposición, pueden
conferir protección, pues la inmunidad vacunal es más
rápida que la conferida por la infección natural.
También puede inyectarse una inmunoglobulina específica.
La vacunación postexposición frente a la hepatitis
B es sumamente eficaz si se combina con la aplicación simultánea
de inmunoglobulina específica contra esta enfermedad.
Cualquier individuo expuesto y no inmunizado o inmunizado de forma
incompleta frente al tétanos debe recibir la vacuna. La gammaglobulina
se reserva para los casos en los que, aparte de lo anterior, concurran
las circunstancias de haber transcurrido más de 6 horas desde
que se produjo la herida o que ésta se encuentre infectada
o contaminada con saliva, heces o suciedad, sea contusa o su profundidad
impida un buen lavado, y esto no es óbice para la aplicación
simultánea de la vacuna.
La inmunización activa y pasiva frente al virus de la rabia
sólo se utiliza tras la exposición comprobada.
Aunque no se tienen datos suficientes sobre la protección
que aporta, se recomienda la vacuna tras la exposición a
las paperas en varones no vacunados previamente y que no hayan padecido
antes la enfermedad.
No se tienen datos para recomendar otras vacunas tras la exposición
a un posible foco de contagio.
Por lo general, las vacunas son bien toleradas y no se presentan
efectos adversos más allá de lo que es el dolor del
propio procedimiento o reacciones locales leves como hinchazón
o enrojecimiento. Otros efectos secundarios suelen ser leves o moderados
y no dejan secuelas permanentes. Como con cualquier medicamento,
existe la posibilidad de reacción grave (anafiláctica)
a la propia vacuna o a alguno de sus componentes.
Con la DTP se pueden dar con muy poca frecuencia reacciones locales
de mayor intensidad, llanto intenso continuo de más de tres
horas, fiebre elevada, convulsiones o episodios de palidez e hipotonía,
probablemente en relación con el componente de tos ferina,
y que son menos frecuentes si se usa la vacuna acelular. No está
claramente demostrado que pueda producirse encefalitis por DTP.
La dT se ha relacionado en muy raras ocasiones con un tipo de parálisis
reversible denominada síndrome de Guillain Barré.
Otra reacción adversa muy infrecuente es la neuritis braquial
por la vacuna del tétanos; parece ser que a mayor número
de dosis recibidas, aumenta la incidencia de efectos adversos.
La SRP puede provocar una erupción cutánea leve acompañada
de fiebre a los 7-14 días de su administración, debido
al componente de sarampión. Por este mismo componente, rara
vez se dan reacciones adversas graves como púrpura trombocitopénica,
cuya incidencia es mucho menor que tras padecer la enfermedad natural.
La posible asociación con encefalitis o con panencefalitis
esclerosante subaguda no ha sido demostrada, así como tampoco
con otras enfermedades tales como autismo o enfermedad crónica
inflamatoria intestinal del adulto.
A veces se dan dolores e inflamación articulares por una
reacción de hipersensibilidad al componente de rubéola,
que suelen ser pasajeros. También pueden aparecer adenopatías
y erupciones cutáneas leves. Se han descrito casos de trombopenia
(descenso del número de plaquetas en la sangre) de corta
duración sin signos de sangrado.
El componente de parotiditis puede provocar un cuadro de infección
subclínica atenuada con cierto grado de tumefacción
de las parótidas que no es transmisible. Se estima un riesgo
de encefalitis de 1 caso por cada 2,5 millones de dosis y un riesgo
de meningitis aséptica de 1 caso por cada 1 ó 2 millones
de dosis con la cepa Jeryl Lynn (uno por cada 1000 a 20.000 con
la cepa Urabe). Poco frecuente y transitoria es la aparición
de púrpura trombocitopénica. Rara vez pueden ocurrir
convulsiones febriles, artritis, miositis aguda, sordera neurosensorial
u orquitis.
De forma impredecible, algunos niños sanos que reciben la
vacuna oral de la polio pueden presentar un cuadro de parálisis
fláccida similar a la enfermedad por virus salvaje, denominado
poliomielitis vacunal. El riesgo estimado se sitúa en torno
a un caso por cada 2,4 millones de dosis, siendo la primera la que
comporta mayor riesgo (uno por cada 750.000 primeras dosis frente
a uno por cada 5.100.000 sucesivas dosis). Los niños inmunodeprimidos
tienen un riesgo mucho mayor. Este problema no se presenta con la
vacuna intramuscular, pues el virus está inactivado (muerto).
Si bien se ha intentado relacionar la vacuna de la hepatitis B
con la esclerosis múltiple u otras enfermedades neurológicas
desmielinizantes, hasta la fecha no hay evidencias científicas
que apoyen esta relación causal. Tampoco produce hepatitis,
aunque sí puede dar nauseas, fiebre o, en casos excepcionales,
reacciones alérgicas leves como urticaria, edema o asma,
probablemente en relación con el tiomersal, un conservante
presente en algunas vacunas. Estas reacciones son más leves
en niños y adolescentes que en adultos. Manifestaciones más
graves como eritema nudoso, glomerulonefritis, uveítis o
síntomas extrahepáticos de la hepatitis B son excepcionales.
Con las vacunas frente a Haemophilus tipo b y Meningococo C no
se conocen efectos adversos, aparte de reacciones locales leves
y fiebre de escasa entidad.
La vacuna de la gripe provoca reacciones locales leves o fiebre
que son menos frecuentes si se usan las de virus fraccionados o
subunidades. Ocasionalmente se dan reacciones de tipo alérgico,
probablemente debidas a las proteínas de huevo que puede
contener.
No existen evidencias en las que pueda apoyarse una relación
causa-efecto entre ninguna clase de vacuna y el síndrome
de muerte súbita infantil.
Las convulsiones febriles son trastornos paroxísticos propios
de la infancia que se presentan en el contexto de una enfermedad
febril aguda, sin que haya relación ni con la importancia
de la fiebre ni con la gravedad del proceso subyacente. Rara vez
persisten después de los 4 años y excepcionalmente
ocurren después de los 6. No se ha demostrado que causen
daño neurológico permanente ni retraso psicomotor.
En estos niños existe una incidencia discretamente más
elevada de epilepsia en edades posteriores respecto de la población
general. Dado que muchas de las vacunas pueden causar reacciones
adversas febriles y que se administran múltiples dosis en
la edad de riesgo, es relativamente frecuente que las crisis febriles
se asocien temporalmente con la administración de vacunas.
En particular, las vacunas de la tos ferina y el sarampión
no son causa de convulsiones febriles, pero sí pueden actuar
como desencadenantes de las mismas, por lo que los lactantes y niños
con antecedentes personales o familiares de convulsiones febriles
tienen un mayor riesgo respecto a la población general de
presentar crisis febriles después de su administración.
Dichos antecedentes familiares o personales no contraindican estas
vacunas ni son motivo de posponer su administración. Si acaso,
puede posponerse la administración de la DTP ante la presencia
de un episodio convulsivo aún no filiado si se contempla
la posibilidad de la existencia de un proceso neurológico
subyacente, aún sin catalogar. Esto mismo no parece adecuado
respecto al sarampión, dado que su administración
a una edad menos temprana (15 meses) hace improbable que problemas
neurológicos graves permanezcan aún sin identificar.
Aún así, las vacunas no agravan dichos procesos, aunque
sí pueden coincidir con ellos o adelantar el reconocimiento
inevitable de un trastorno asociado a convulsiones no febriles,
como los espasmos infantiles o la epilepsia.
Los siguientes procesos o circunstancias, a pesar de lo que a
veces se considera erróneamente, no contraindican la vacunación:
- Enfermedades agudas leves con febrícula o diarreas en
niños por lo demás sanos.
- Tratamiento antibiótico simultáneo o fase de convalecencia
de las enfermedades.
- Reacción a una dosis previa de DTP que sólo consistió
en dolor, inflamación local o fiebre inferior a 40,5º
C.
- Prematuridad. Los niños prematuros deben recibir dosis
completas de vacunas al tiempo que marque su edad cronológica,
no la gestacional.
- Embarazo de la madre o de alguna persona conviviente. Basta
con poner en práctica las normas elementales de higiene
al manipular las heces o secreciones del lactante (polio).
- Exposición reciente a enfermedades infecciosas.
- Lactancia materna.
- Antecedentes de alergias inespecíficas o de familiares
con alergias.
- Alergia a antibióticos, excepto anafilaxia por neomicina
(gripe, polio oral, SRP, varicela, rabia, hepatitis A y B), penicilina
(polio oral), kanamicina (SRP), gentamicina (gripe), polimixina
(gripe, polio oral y SRP) o estreptomicina (polio oral).
- Intolerancias de tipo no alérgico (anafiláctico)
a antibióticos.
- Alergia a las proteínas del huevo para vacunaciones distintas
a la de la fiebre amarilla, triple vírica o gripe.
- Malnutrición.
- Antecedentes familiares de reacciones adversas a la vacunación.
- Antecedentes familiares de convulsiones o de síndrome
de muerte súbita infantil.
Cuando un calendario vacunal se ha interrumpido o está incompleto,
no es preciso reiniciar la vacunación de nuevo, sino que
puede retomarse en el punto donde se dejó.
Si se desconoce el estado de inmunización de un niño,
existen pautas aceleradas de vacunación adaptadas a la edad
en la que se retoma el plan de vacunaciones.
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