| Vómitos
- ¿Qué son?
- ¿Qué puedo hacer para prevenirlos
y tratarlos?
- ¿Cuándo debo consultar al pediatra?
Los vómitos son la expulsión, con fuerza, del contenido
del estómago por la boca. Suelen ir precedidos o acompañados
de náuseas y dolor de estómago. Algunos niños
hacen tanta fuerza al vomitar que les aparecen pequeñas manchas
rojas del tamaño de una cabeza de alfiler en la cara, cuello
y parte superior del pecho que se conocen como petequias de esfuerzo
y que desaparecen por sí solas. Por otra parte, muchos lactantes,
después de las tomas, echan pequeñas bocanadas de
leche sin ningún esfuerzo (regurgitaciones) que son normales.
Los vómitos son muy frecuentes en los niños y no
suelen ser una enfermedad en sí, sino manifestación
de otras enfermedades. Por eso, habitualmente se presentan junto
con diarrea, catarro, tos, fiebre, dolor de oídos, de garganta,
de cabeza, etc. La causa más frecuente es la infección
intestinal (gastroenteritis) por virus que suele ir acompañada
de diarrea y retortijones, pero las causas pueden ser muchas y,
dependiendo de la edad, unas son más frecuentes que otras.
Hay niños que vomitan con mucha facilidad. Algunos lo hacen
de forma repetida cada cierto tiempo (vómitos cíclicos)
y tienen un olor característico como a manzana (acetona)
en el aliento y la orina durante los episodios de vómitos,
sin que tengan ninguna enfermedad.
La mejor forma de provocar el vómito a un niño es
forzándole a comer y más aún si está
enfermo con catarro, tos, etc. Más vale contentarse con que
tome pequeñas cantidades de alimentos que intentar que se
acabe el plato. Si está enfermo y no tiene interés
por la comida, ofrézcale, al menos, líquidos que evitarán
que pueda deshidratarse.
Es frecuente que un niño después de vomitar tenga
sed y quiera beber grandes cantidades de líquido, con lo
que vuelve a vomitar. Si el niño vomita pero se encuentra
bien, lo mejor es dejarle descansar durante un tiempo prudencial
de unos 15 ó 20 minutos o dejarle dormir si quiere (el sueño
ayuda a vaciar el estómago y alivia los vómitos) y
después ofrecerle pequeñas cantidades de líquidos
(preferible el zumo de frutas al agua) a pequeños sorbos
o con una cuchara sopera (unos 10 mililitros) cada 10 ó 15
minutos. Algunos niños mayores prefieren una bebida refrescante
a la que podemos quitar parte del gas agitándola antes de
beberla. Si su hijo tiene diarrea, puede ser aconsejable utilizar
preparados de farmacia (soluciones hidratantes) que consisten en
un sobre para disolver en agua. La cantidad de agua será
distinta según la marca, por lo que deberán seguir
las instrucciones del envase. Cuando haya tolerado los líquidos
durante 1 ó 2 horas, invítele a tomar algún
alimento que le apetezca, sin forzarle y evitando los muy azucarados
(dulces) o grasos, y siga ofreciéndole líquidos entre
las comidas. Si su hijo pide comida es buena señal.
Aunque hay medicamentos que se emplean para el tratamiento de los
vómitos en niños, no deben utilizarse de forma rutinaria,
porque algunos de ellos tienen efectos no deseados.
La mayoría de los niños con vómitos se recuperan
en 1 ó 2 días con los cuidados de los padres, sin
necesidad de acudir al pediatra, y pueden reincorporarse a su actividad
habitual. Si tienen diarrea puede ser necesario esperar a que se
recupere de la misma.
A pesar de todo lo comentado más arriba, en algunas ocasiones
es conveniente consultar a su pediatra:
Si su hijo es menor de 3 ó 4 meses y vomita 2 ó 3
tomas o tiene fiebre (más de 38 º C).
Si piensa que su hijo puede estar deshidratado (más probable
en los más pequeños, sobre todo si además tienen
diarrea). Para saberlo debe fijarse en si tiene los labios muy secos,
llora sin lágrimas o no orina en 8-12 horas.
Si además de tener vómitos su hijo parece muy afectado,
confuso, tiene un comportamiento extraño, fiebre elevada
(hasta 40 º C), dolor intenso de cabeza o cuello, le nota manchas
en el cuerpo que no tenía (diferentes a las petequias de
esfuerzo), presenta dolor abdominal que no es de tipo retortijón
sino que empeora progresivamente o usted piensa que puede estar
intoxicado por una planta, medicamento o producto químico
conviene comentar sus sospechas con el pediatra que atienda a su
hijo.
Si los vómitos contienen sangre y el niño no ha sangrado
por la nariz o tiene una herida en la boca.
Si las heces tienen sangre.
Si su hijo tiene alguna enfermedad crónica (por ejemplo diabetes
mellitus) y usted no tiene clara la pauta a seguir o vomita una
medicación indispensable (por ejemplo el tratamiento de la
epilepsia).
En muchas ocasiones, si usted tiene dudas, una consulta telefónica
puede evitar desplazamientos molestos para su hijo.
Esta sección ha sido elaborada
por Juan Bravo Acuña y Manuel Merino Moína pediatras,
Centro de Salud El Greco (Getafe), INSALUD-Madrid

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