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pediatraNiger Carta de un pediatra desde Níger

Cooperación Internacional

Xavi es un pediatra que está trabajando en Níger y quiere compartir con nosotros su experiencia

        -  Crónica de un día cualquiera….
Ya refresca por las noches, más bien de madrugada. En esa porción de oscuridad en que dudo sí lo soñado es cierto, realidad o simplemente sueños.Y recuerdo mis sueños y me hago la propuesta de cumplirlos en cuanto pueda. Al precio que sea. Porque lo soñado ha sido un barco en el que he escapado, he navegado lejos. Pero ya despierto, sé que la temperatura ha bajado de veintisiete grados. Que para mí ha sido agradable pero,  para los niños mal nutridos con los que trabajo,  ha sido causa de muerte por hipotermia.  Y pienso si al llegar, como cada mañana al hospital, seguirán estando los mismos que dejé ayer.Pero nunca es así. Cada día la primera noticia es la desaparición de uno o dos durante la noche.   También desaparecen durante el día. Cuando llegan en condiciones en las que poco puedo hacer. Pero durante el día es diferente porque puedo o creo que puedo luchar. Y lucho por salvar esa vida. Por intentar que ese ser pueda seguir soñando, igual que yo, igual que tú. Y cuando lucho, la angustia es diferente. Aunque ni más ni menos. Diferente. La muerte es la misma. Por malaria, meningitis o fiebre tifoidea… la muerte es la misma.  A menudo no sé dónde mirar, a quien mirar. Las madres lloran y mi mirada se pierde. Acabo mirándome a mí mismo. Intentando pensar si lo podía haber hecho de otro modo. Acabo mirando a mis compañeros, como pidiéndoles explicaciones que tampoco ellos tienen. Miro al suelo y solo encuentro insectos.Miro al cielo y exijo que alguien pare el mundo. Lo destruya y lo vuelva a crear.   Y luego bajo la mirada y vuelvo a mirar a la madre que llora, y llorando se aleja con el cadáver en brazos. Rodeado en una tela de colores. Se distancia sola, no acompañada por nadie más que su hijo muerto. En sus brazos. Ya no va a su espalda. Ya no se mueve. Permanece rígido y firme. Ya no sufre la sed, ni la enfermedad. Y necesito fuerzas para levantar mis ojos, y ponerlos de nuevo sobre otro niño que todavía respira. Que debe de seguir respirando. Porque es su derecho a vivir, a soñar.El día pasa muy rápido, más que la noche. Debe ser mejor así… Y oscurece sin darme cuenta.Una ducha antes de acostarme, me suele animar. Me devuelve a un estado de mayor tranquilidad. De calma, al pensar en todos aquellos niños que hoy he visto salir de nuestro hospital. En todos aquellos que entraron enfermos, desnutridos… y que hoy corrían, saltaban, respiraban, soñaban… y ello me permite conciliar el sueño. Menos mal.   Y al dormir, vuelvo con mis seres amados durante instantes. Hasta que la temperatura vuelve a bajar y me despierta.Me tapo con la sábana y pienso, que cada día está refrescando más… que mañana habrá que seguir luchando.
                                           

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