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LA HISTORIA DE TEREFA |
Terefa es una niña de 14 años. Vive en un pequeño pueblo de África, a más de
200 km de la capital del país. Es la sexta hija de una familia de 8 hermanos. Nunca ha ido a la escuela.
Su padre, un campesino, no tenía suficiente dinero para enviar a la escuela a todos sus hijos.
Los hijos mayores- dos niños- han ido a la escuela mientras que Terefa estaba en casa ayudando a sus padres a sobrevivir. Sus faenas eran recoger leña para el fuego, ir a buscar agua al pozo y ayudar en el trabajo del campo.
Cuando tuvo 13 años, su padre la casó con uno de sus amigos, más acomodado que él. Terefa no tenía más remedio que aceptar el matrimonio y, unos meses más tarde, se quedó embarazada. Durante su embarazo continuó trabajando, como si nada hubiera cambiado. La clínica de atención prenatal más cercana estaba a una docena de kilómetros de su casa, pero ella no podía ir porque no tenía dinero para pagar el transporte.
Además, todo el mundo en el pueblo decía que el embarazo no era una enfermedad y que las otras mujeres habían dado a luz siempre sin problemas, pues, porque ella no?
El marido y la suegra de Terefa avisaron a la partera tradicional cuando las contracciones empezaron. Las contracciones se volvieron más y más violentas y el dolor más y más fuerte, pero el niño no parecía que quisiera salir. Terefa vio el alba y la puesta de sol tres veces. Ella estaba exhausta por el largo parto. La partera tradicional intentó acelerar el parto, primero con infusiones de hierbas, después insiriendo sustancias en la vagina y finalmente, haciendo varias incisiones con un cuchillo oxidado en la vagina, pero nada funcionó.
Al final, la gente mayor del pueblo tomó una decisión: Terefa tenía que ser enviada a un centro de salud. Tardaron varias horas en recoger el dinero necesario y transportaron a Terefa en un carro hasta la carretera donde encontraron a un conductor que la llevó al centro de salud.
Teresa tenía miedo, porque no conocía a nadie y se preguntaba como ella, una simple campesina, sería recibida.
En el centro de salud la comadrona la examinó. La comadrona no estuvo nada contenta de que llegara tan tarde y le dijo que el niño había muerto, pero que era necesario hacerle una cesárea. Como que el médico estaba haciendo un curso durante unos días, ella tenía que ir a otro hospital.
Después de la operación, Terefa se dio cuenta de que no podía retener la orina. Cuando volvió al pueblo estaba avergonzada porque había perdido el niño, estaba constantemente húmeda y continuamente hacia olor a orina. Al ver que esta situación no mejoraba, su marido la rechazó y escogió a otra mujer y poco a poco, el pueblo entero le giró la espalda.
Desde entonces Terefa y su madre han vivido en una tienda al final del pueblo. Las dos mujeres subsisten de la caridad, pero la salud de Teresa se ha vuelto más y más precaria cada día. Nadie sabe hasta cuando podrá sobrevivir.
Millones de mujeres viven con vergüenza, aislamiento y pobreza por el estigma que va ligado a las fístulas obstétricas.
Las fístulas obstétricas están relacionadas con el 8% de las muertes maternas en el mundo.
La mayoría de las mujeres que tienen una fístula no tratada han tenido un parto en casa sin la asistencia de una comadrona formada.
En Nigeria, se estima que 1 de cada 10 mujeres sufrirán esta condición como consecuencia del parto. Además, las chicas y mujeres afectadas por fístulas obstétricas son a menudo abandonadas por sus maridos o rechazadas por sus familias y excluidas de la su comunidad.
En la India y Pakistán, alrededor del 70% de las mujeres con fístula han sido abandonadas o divorciadas.
Más información en http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2006/pr45/en/index.html![]()