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SUPERVISIÓN DE
LA ALIMENTACIÓN INFANTIL Y JUVENIL
Autora de este capítulo: Dra.
Ana Martínez Rubio
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Cómo citar este artículo: Martínez Rubio, A. Supervisión de la alimentación
infanto-juvenil. En Recomendaciones PrevInfad / PAPPS [en línea].
Actualizado enero de 2007. [consultado DD-MM-AAAA]. Disponible en
http://www.aepap.org/previnfad/alimentacion.htm
INTRODUCCIÓN
El desarrollo de la medicina en los dos últimos siglos puso
en evidencia la importancia de la alimentación en general y de algunos
alimentos en particular al ser relacionados con determinadas patologías. Tal
fue el caso de las hipovitaminosis, el cretinismo, etc.
La relación de la alimentación con diversos padecimientos
puede ocurrir por diversos mecanismos:
1.-
La
ausencia completa o el déficit relativo de ciertos alimentos o
nutrientes en la dieta puede producir síntomas o enfermedades debido a
la carencia absoluta o relativa de determinados nutrientes:
hipovitaminosis, cretinismo endémico, anemia ferropénica, anemia
perniciosa…
2.-
La
presencia de ciertos alimentos en la dieta puede conducir a síntomas
o enfermedades debido a:
- Envenenamientos o
intoxicaciones: la causa es externa y la sustancia produce síntomas
en todos los casos.
- Reacciones alérgicas,
de hipersensibilidad o intolerancias. La sustancia produce síntomas
o enfermedad solo en personas concretas, debido a razones genéticas
(enf. celiaca, alergias, favismo…) o de otro tipo y en algunos casos
mediados por sustancias del propio organismo.
3.- El exceso de
ciertos alimentos o nutrientes en la dieta puede dar lugar a síntomas o
enfermedades: caries, gota, obesidad, hipercolesterolemia, etc.
En el momento actual se acumulan
evidencias del impacto que la alimentación tiene sobre muchas más
enfermedades, tales como las cardiopatías, la diabetes mellitus, la obesidad
y el cáncer (tabla 1). Esto tiene gran importancia, pues se trata de
enfermedades crónicas que tienen un gran impacto sobre la salud de las
personas y su prevalencia entre la población es creciente. Todas ellas
afectan negativamente a la calidad de vida y a las expectativas de duración
de la misma. En consecuencia, repercuten de forma importante en el gasto
sanitario requerido para su atención, en costes directos e indirectos.
Tabla 1.- Ejemplos de probables
correlaciones entre patologías y factores de riesgo de origen alimentario
|
Patología |
Factores de riesgo de
origen alimentario |
|
HTA |
Consumo inadecuado de
frutas y verduras
Consumo excesivo de
alcohol
Consumo excesivo de sal |
|
Enfermedades cerebrales
y cardiovasculares |
Consumo inadecuado de
frutas y verduras
Consumo excesivo de
ácidos grasos saturados
Consumo inadecuado de
alimentos ricos en fibras |
|
Cánceres (especialmente
de colon, mama, próstata y estómago) |
Consumo inadecuado de
frutas y verduras
Consumo excesivo de
alcohol
Consumo excesivo de sal
Consumo inadecuado de
alimentos ricos en fibras
Actividad física
inadecuada o exceso ponderal |
|
Obesidad |
Aporte energético
excesivo
Actividad física
inadecuada |
|
Diabetes Mellitus tipo 2 |
Obesidad
Actividad física
inadecuada |
|
Osteoporosis |
Aporte inadecuado de
calcio
Aporte inadecuado de
vitamina D
Actividad física
inadecuada |
|
Caries |
Consumo frecuente de
hidratos de carbono fermentables y de alimentos o bebidas de alto
contenido en azúcar |
|
Erosión dental |
Consumo de alimentos,
frutas o bebidas ácidos |
|
Trastornos debidos a
deficiencia de yodo |
Consumo inadecuado de
pescado o de alimentos enriquecidos con yodo |
|
Nacimientos prematuros e
insuficiencia ponderal al nacer. |
Aporte inadecuado de
nutrientes |
Sin embargo,
aunque es indiscutible la necesidad de llevar una dieta equilibrada, la
alimentación humana es un hecho complejo y por lo tanto difícil de analizar.
Parece sencillo entender el metabolismo de una sustancia aislada (por
ejemplo: el yodo, el hierro y las vitaminas), pero la complejidad reside en
que los nutrientes se encuentran en distinta proporción en los alimentos,
los cuales se ingieren en combinaciones muy variadas y esto puede afectar a
la biodisponibilidad de los mismos.
Además, los alimentos son
ingeridos en función de numerosos determinantes: preferencias individuales,
costumbres familiares o culturales, disponibilidad, precio… La conducta
alimentaria humana es difícil de estudiar, tanto a nivel individual como
comunitario. La fiabilidad de las encuestas nutricionales está menguada por
la tendencia inconsciente a declarar consumos similares a la norma aceptada,
hecho que se pone en evidencia al comparar los resultados con los datos de
consumo de alimentos.1-3
El desarrollo de métodos de
estudio estadístico (análisis multivariantes, etc.) y la monitorización de
largas series poblacionales, analizando sus hábitos de vida, ha dado como
resultado el descubrimiento de la importancia de la alimentación y de
determinados hábitos (sedentarismo, consumo de tabaco) en la aparición de
enfermedades cardiovasculares (el estudio Bogalusa, el proyecto North
Karelia) y en algunos tipos de cáncer, así como otros problemas crónicos de
salud.
El consejo nutricional desde la
consulta médica es un instrumento terapéutico de importancia que complementa
a otras actuaciones. En las consultas pediátricas, la supervisión de la
alimentación infantil constituye una práctica habitual. Durante el primer
año de vida de los bebés los consejos sobre la alimentación forman parte
obligada de las visitas de seguimiento de su salud y desarrollo. La
lactancia materna o con sucedáneos, la introducción de la alimentación
complementaria, absorben gran parte de los contenidos de dichas consultas.
Las familias consultan hasta los menores detalles: cantidades y tipos de
alimentos, horarios, marcas, etc.
Sin embargo, a partir del
segundo año de vida, se dedican menos esfuerzos a dar orientaciones sobre la
alimentación, la cual pasa a estar dirigida casi de forma exclusiva por las
preferencias y costumbres familiares. Este hecho, que por una parte es algo
natural, puesto que las opciones alimentarias tienen una amplia variabilidad
y no se puede decir que haya un único estilo “correcto” de alimentarse, en
la actualidad parece que está significando un riesgo para la salud de las
futuras generaciones (niños y niñas de hoy), debido a que en las últimas
décadas se han producido cambios en las prácticas nutricionales (nutrition
transition) y en los estilos de vida que parecen encontrarse en la raíz
de algunos problemas crónicos de salud, tales como la epidemia de obesidad,
las enfermedades cardiovasculares, el cáncer o la diabetes mellitus tipo 2,
que se diagnostica en edades cada vez más precoces 4-7.

MAGNITUD DEL PROBLEMA
1.- Datos epidemiológicos
sobre el consumo de alimentos en la infancia y la adolescencia
1.1.- Tendencias
generales en relación al consumo de nutrientes y alimentos
Datos de los Estados Unidos
de América (Estudio Bogalusa) ponen de manifiesto un cambio en los
patrones dietéticos de la ciudadanía que ha sido inducido por la
industria, los medios de comunicación y la publicidad8.
No parece que haya habido
cambios en la cantidad total de energía, incluso a veces parece haber
disminuido. Sin embargo sigue por encima de las recomendaciones,
especialmente porque ha disminuido el gasto energético debido a estilos
de vida más sedentarios.
Ha aumentado el porcentaje
de energía procedente de las proteínas y de los hidratos de carbono,
mientas que ha descendido el que tiene su origen en las grasas (del 38
al 34%), pero todavía un 75% de la población infantil sobrepasa las
recomendaciones sobre grasas saturadas.
En cuanto al consumo de
alimentos en esta serie poblacional que refleja las tendencias
nacionales, se observa descenso en el consumo de leche, verduras, pan,
granos y huevos entre 1973 y 1994, mientras se constata el incremento de
consumo de zumos y bebidas dulces, pollería, carne de vacuno, animales
marinos y queso8,9 .
En Finlandia, al realizar un
estudio aleatorizado para la prevención de la arteriosclerosis10
se comprueba que el consumo de alimentos vegetales es muy inferior a las
recomendaciones y que además, disminuye al aumentar la edad.
1.2.- Datos españoles.
El estudio EnKid español
mostraba que solo el 21,3% de los chicos y el 29,7% de las chicas
realizaban consumos adecuados de verduras11 y aunque el 98,4%
tomaban diariamente algo de fruta, como media se estimaba que solo se
consumían 1,87 raciones de frutas por día, cuando lo recomendado es
ingerir 3 raciones diarias, objetivo que solamente alcanzaba un14% de
chicos y un 15,7% de chicas. La etapa de mayor riesgo de bajo consumo
estaba entre los 14 y 17 años.
El 96,4% de la población
infantil y juvenil española consume algo más de 7 raciones a la semana
de galletas, pastelitos y bollería industrial (es decir, uno al día). El
88,2% toma diariamente aperitivos salados, llegando la media a 2,7
raciones al día. En cuanto a los dulces y golosinas, el 99,4% de la
población estudiada ingería diariamente 4 raciones de dulces y
golosinas.
Los refrescos son ingeridos
a diario por el 92,6% de la muestra EnKid. No está descrito en el
estudio el consumo de zumos envasados.
Los zumos comerciales, los
refrescos y las bebidas gaseosas, se han incorporado de forma masiva a
la dieta durante la infancia y la adolescencia y su aporte calórico
total puede llegar al 8% de las calorías totales y, sin embargo, son
productos pobres en nutrientes12,13. Han desplazado al agua
como bebida habitual y en ocasiones a la leche del desayuno infantil.
Sólo en el año 2003, el gasto en España alcanzó el valor de 3.419
millones de euros, casi el doble que el año anterior.
El consumo medio de carnes y
embutidos en ambos sexos se acerca a las dos raciones diarias, pero el
de pescado no llega a 4 raciones por semana.
En el estudio de cuatro
provincias14, los productos de panadería o bollería aportaban
el 15,5% de la energía diaria de los 1.112 niños y niñas (edades entre 6
y 7 a.). Un mayor consumo de dichos productos, junto con refrescos,
bebidas dulces y yogures se asociaba con mayor proporción de energía
procedente de carbohidratos. También se observaba que el mayor consumo
de bebidas dulces iba unido a una disminución paralela de consumo de
leche.
Los datos de consumo
alimentario del Ministerio de Sanidad y Consumo (MSyC) muestran como ha
ido disminuyendo el consumo de leche en su forma líquida (entre 2003 y
2004 bajó el 0,5% y entre 2004 y 2005 siguió descendiendo -1,1%) que
está siendo sustituida por lactoderivados (aumentaron 12,3% entre
2003-04 y 3,8% de 2004 a 2005).
2.- Datos sobre otros hábitos
en relación con la alimentación en sociedades industrializadas y en
transición.
2.1.- Aumento del
tamaño de las porciones.
Este dato se describe en
numerosas fuentes vinculado a las causas del incremento de la obesidad y
hay datos en relación al mercado de los Estados Unidos15. En
cambio no hay estudios que lo analicen en países europeos ni tampoco en
España, aunque algunos ejemplos son evidentes en la vida diaria (el
tamaño de los helados, de las raciones de palomitas de los cines o de
las hamburguesas de oferta).
2.2.- Aumento de
oportunidades para comer fuera de casa.
Esto incluye el mayor número
de niñas y niños que toman al menos una comida del día en los comedores
escolares, cuyos menús se alejan a menudo de las recomendaciones, pues
claudican a los gustos infantiles: suele haber alta presencia de grasas
en forma de fritos y escasez de verduras y pescados, mientras que las
frutas son sustituidas a menudo por postres lácteos16,17.
También en la actualidad se
come con más frecuencia en restaurantes y otros establecimientos. En los
Estados Unidos, la proporción de comidas que hacen los niños fuera de
sus hogares (en restaurantes o establecimientos de fast food) se
incrementó casi en un 300% entre 1977 y 199618.
Las cadenas de comida rápida
se han propagado por todos los países. En EE. UU. se ha comprobado que
este tipo de establecimientos tienden a agruparse en entornos de
población de nivel socioeconómico medio o bajo19 y en la
proximidad de centros escolares, porque sus precios son competitivos, si
bien los menús suelen ofertar un exceso de grasas y proteínas animales,
bebidas dulces, mientras que es escasa la oferta de frutas y verduras15.
Además, los precios de los alimentos que contienen azucares y grasas
añadidos son mucho más asequibles que las alternativas más “saludables”20.
A medida que aumenta la edad
se incrementa el número de comidas que realizan los jóvenes fuera de sus
casas15.
2.3.- Consumo de
alimentos preparados.
La creciente popularidad de
los alimentos preparados, también llamados “alimentos-servicio”, se
puede comprobar en los datos de consumo alimentario del Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación que nos muestra cómo el consumo de
platos preparados en el hogar aumentó entre 2003 y 2004 un 12,2 %
(referido a millones de kg). En el periodo previo, dicho incremento
había sido del 9,03 %.
Detallando por tipos de
productos que han sufrido elaboración, en ese mismo periodo 2003-2004
aumentó un 9,7% el consumo de patatas fritas congeladas y 7,1 el de
otras formas de patatas procesadas. Las hortalizas transformadas se
consumieron 4,9% más. Y como ya se ha indicado, los lactoderivados
subieron el 12,3%.
Conviene tener en cuenta que
los platos preparados suelen tener mayor contenido en sal y en grasas,
especialmente ácidos grasos (AG) insaturados “trans”, que se emplean
como endurecedores de las grasas (margarinas) y para mejorar la
palatabilidad.
2.4.- Distribución de
la ingesta de alimentos a lo lago del día e importancia del desayuno.
Una distribución de la
ingesta de alimentos repartida a lo largo de la jornada contribuye a
regular a la baja la cantidad total de energía que se consume en el día.
Por el contrario, periodos más largos de ayuno dificultan la
compensación energética y son más frecuentes los desequilibrios. No
desayunar ocasiona cambios metabólicos que pueden tener un efecto
negativo sobre el control del peso y se ha observado que las personas
que no desayunan suelen tener valores más altos de colesterol plasmático21-23.
En el estudio enKid se puso en evidencia que el perfil energético del
desayuno en los niños y niñas con obesidad, era más desequilibrado que
en quienes tenían peso normal.
2.5.- Picoteo o
“snacking”
La costumbre, cada vez más
frecuente de comer entre horas esas comidas informales, de “cualquier
cosa” que se compra y consume sobre la marcha, supone un aporte de
energía extra, que puede desequilibrar la dieta diaria. Y muchos de los
alimentos para picar suelen consistir en alimentos-servicio de alto
contenido calórico y bajo valor nutricional. Además, es frecuente que se
tomen mientras se hace otra cosa, eludiendo los mecanismos de control
del hambre y la saciedad.
En la población
estadounidense aproximadamente el 82% de los menores con edades
comprendidas entre los 6 y los 11 años toman snacks, que les
proporcionan hasta el 20% de la energía diaria15.
En el estudio enKid español
se observa un elevado consumo de bollería industrial, pasteles y
galletas: el 96,4% de la población toma una ración al día. En cuanto a
los aperitivos salados, el 88,2 % de la muestra consume más de 2 al día
y el 99,4 % consumen cantidades altas de golosinas a diario24,25.
3.- Relación entre
nutrientes, alimentos y patología.
3.1.- Las grasas.
Las grasas son componentes
esenciales de la dieta que tienen importantes funciones que cumplir en
el organismo (formar parte de las membranas celulares, de la mielina, la
absorción de las vitaminas hidrosolubles…), además de ser una reserva
energética.
Las lipoproteínas de baja
densidad (LDL) son las principales partículas transportadoras del
colesterol en seres humanos y las más aterogénicas. El nivel sérico de
LDL-C se correlaciona positivamente con el riesgo cardiovascular (RCV).
Por cada mg/dl de incremento, el RCV se incrementa entre 1 y 2%. El
mecanismo subyacente en su aterogenicidaad es la peroxidación de los
ácidos grasos poliinsaturados en partículas LDL26.
Las HDL (lipoproteínas de
alta densidad) transportan el colesterol en sentido inverso, desde los
tejidos periféricos al hígado, para su metabolismo y excreción. Por
tanto son antiaterogénicas. Por cada aumento de 1 mg/dl, el RCV
disminuye entre un 2 y 3%. Niveles bajos de HDL constituyen un factor de
riesgo incluso ante niveles normales de colesterol total sérico26.
El nivel de triglicéridos
(TG) también se correlaciona con RCV. Niveles altos de TG pueden
producir aterogenicidad, induciendo la formación de LDL. También existe
una asociación entre hipertrigliceridemia, niveles bajos de HDL e
hipercoagulabilidad.
La grasa dietética incluye
varios tipos diferentes de grasas, según el alimento consumido:
- Los
ácidos grasos saturados son los que más incrementan los niveles
de colesterol, aumentando primero las LDL-C y en menor grado las HDL-C26.
El principal es el ácido palmítico, presente en las carnes, la
mantequilla y las grasas de coco y palma. En éstas últimas además hay
ac. mirístico y ac. láurico y en el chocolate está el ac. esteárico, si
bien este último no parece incrementar los niveles de colesterol
- Los
ácidos grasos poliinsaturados se clasifican como n-6 o n-3 (o
también omega 6 y omega 3) AG, dependiendo del lugar donde está el
primer doble enlace.
o El
ácido linoleico es el principal AG n-6, y es un AG esencial que se
encuentra en el aceite de plantas como el maíz. Se ha comprobado que si
se sustituyen las grasas saturadas por ac. linoleico, disminuyen los
niveles de colesterol total, LDL-C y HDL-C.
o El
ácido linolénico es un AG n-3 y está en el aceite de soja y canola y en
los pescados grasos. Su mayor efecto en el plasma es la reducción de los
niveles de triglicéridos. Ese AG, dentro del organismo, es convertido en
ácido docoexaecoico (DHA) y eicoexapentaecoico (EPA), que son de cadena
más larga y que actúan disminuyendo la presión sanguínea y el riesgo de
trombosis. Y también disminuyen el riesgo de arritmias.
- Los
AG monoinsaturados disminuyen el RCV y son considerados
cardio-protectores. El principal es el ac. oleico (presente en el
aceite de oliva) que constituye un ingrediente básico de la Dieta
Mediterránea.
-
Los AG monoinsaturados pueden también disminuir el
nivel de glucemia y las concentraciones de TG en diabéticos tipo 1. Y
disminuyen la oxidación de las LDL.
El incremento de la obesidad
ha ocurrido a pesar de que en el análisis de los consumos parece haberse
observado una disminución escasa en la cantidad total de energía en la
dieta occidental y un descenso también en la cantidad total de grasa.
Esto sugiere que el cambio se ha producido a nivel cualitativo (el tipo
de grasas que se ingiere). En efecto, se ha comprobado el impacto
negativo sobre la salud de las grasas saturadas, especialmente las de
origen animal y de algunas grasas insaturadas “trans”, que son las
empleadas en el proceso de endurecimiento de las margarinas y en la
elaboración de alimentos a nivel industrial27.
En la tabla 2 se puede ver
el porcentaje aproximado con que contribuyen los diversos grupos de
alimentos a la cantidad total de AG saturados trans en la dieta
de la población norteamericana28.
Tabla 2.- Contribución (en
%) de los diversos grupos de alimentos al total de ingesta de AG
trans en la dieta (Datos de EE.UU.)
|
Grupo de
alimentos |
% |
|
Bollería,
pastelitos, bizcochos, galletas, pasteles, … |
40 |
|
Productos animales |
21 |
|
Margarina |
17 |
|
Patatas fritas (en
establecimientos de venta, restaurantes, …) |
8 |
|
Patatas fritas
chips, otros “fritos” de maíz, palomitas, … |
5 |
|
Otras |
9 |
Fuente: U.S. Department
of Health and Human Services, US Department of Agriculture.
Dietary Guidelines for Americans 2005.
Y en la tabla 3, se puede
ver el porcentaje de contribución de varios grupos de alimentos a la
ingesta diaria de grasas en la población de 2 a 24 años del estudio
enKid29.
Tabla 3.- Porcentaje de
contribución de varios grupos de alimentos a la ingesta diaria de grasas
en la población de 2 a 24 años del estudio enKid.
|
|
Varones |
Mujeres |
|
Leche y derivados |
18,0 |
18,6 |
|
Grasas de adición |
19,2 |
21,8 |
|
Bollería y platos
preparados |
14,0 |
13,7 |
|
Embutidos |
11,5 |
9,2 |
|
Salsas |
4,0 |
3,9 |
Fuente: Roman Viñas B,
Serra-Majem L, Ribas Barba L, Perez-Rodrigo C, Aranceta-Bartrina J.
Fuentes alimentarias de energía, macronutrientes y micronutrientes en la
población infantil y juvenil española. En: Serra Majem L y
Aranceta-Bartrina J (eds). Nutrición infantil y juvenil. Barcelona:
Masson, 2004: 73-101.
3.2.- La fibra
dietética
Se denomina fibra dietética
a partes de los alimentos de origen vegetal que no pueden ser digeridas
por el intestino humano. Algunas son hidrosolubles: pectinas, gomas,
mucílagos y algunas hemicelulosas; otras son insolubles: celulosa y
hemicelulosa.
Los resultados de los
estudios de cohortes sobre la incidencia del cáncer de colon y la
cantidad de fibra en la dieta no han sido concluyentes, por lo que se
supone que los efectos beneficiosos pueden ser debidos a otros
componentes de los alimentos vegetales, tales como vitaminas y
antioxidantes26.
La asociación entre la
fibra dietética y otras enfermedades está aún sin confirmar. Hay
indicios de que un alto consumo puede contribuir a disminuir la presión
sanguínea. Como algunas (especialmente las de tipo hidrosoluble)
disminuyen la carga glicémica y la respuesta a la insulina en personas
con diabetes, pueden tener su aplicación en este tipo de trastornos26.
El alto contenido en fibra
de la dieta también se ha correlacionado con disminución del riesgo de
cáncer en tejidos productores de hormonas, como la mama y el ovario26.
3.3.- El calcio
El calcio desempeña un papel
importante en la prevención de la osteoporosis, en la prevención de la
hipertensión arterial y de los adenomas colorectales. Ingestas bajas de
calcio se han asociado con aumento del riesgo de infarto isquémico y
finalmente hay informes actuales que recomiendan incrementar la ingesta
de calcio para ayudar a prevenir la litiasis renal, posiblemente
mediante el mantenimiento de niveles más bajos de hormona paratiroidea26.
Los alimentos de mayor
contenido en calcio incluyen la leche y todos sus derivados. En los
últimos años se ha constatado que los menores tienden a consumir menos
leche en su forma líquida, pero toman más cantidad de otros lácteos, con
el inconveniente de que muchos de ellos son productos procesados que
contienen mayores cantidades de grasas o bien otros aditivos (azúcares,
almidones, gelatina) que aumentan su contenido energético.
3.4.- Los azúcares
El consumo total de hidratos
de carbono en general se ha incrementado en las últimas décadas. Sobre
todo en forma de cereales de desayuno azucarados, alimentos industriales
(bollería, postres, helados...) y bebidas dulces (refrescos y zumos
envasados). Por el contrario, el consumo de hortalizas, verduras,
legumbres y féculas (almidones, hidratos de carbono complejos de
absorción lenta) ha disminuido.
Aunque el consumo excesivo
significa un aumento de la energía total, que puede ser almacenada en
forma de grasa, además de aumentar de riesgo de caries, hay otros hechos
que preocupan:
-
Los alimentos de alto índice glicémico originan liberación de mayores
cantidades de insulina. La hiperinsulinemia es el paso previo al
desarrollo de la resistencia a la insulina que precede a la diabetes
tipo 230.
- El
consumo de zumos envasados y refrescos tiende a sustituir al de frutas,
leche y agua de bebida y se asocia a numerosos problemas de salud, como
se describe en un informe de 2003 del Comité de Nutrición de la
Asociación Española de Pediatría31.
-
Muchos de los alimentos dulces llevan asociadas importantes cantidades
de grasas: los cereales de desayuno chocolateados, los helados….
Una revisión sistemática,
realizada por Malik et al (2006)32, de los datos
epidemiológicos y experimentales indica que el mayor consumo de bebidas
dulces está asociado con ganancia ponderal y obesidad.
En cuanto al mecanismo por
el que las bebidas dulces contribuyen a la obesidad, los resultados de
una revisión recientemente realizada por Bachman CM et al33
no son concluyentes, pero se considera que pueden hacerlo por cuatro
razones: suponen calorías en exceso, tienen elevado índice glicémico y
carga glicérica, las calorías en forma líquida parecen tener menos
capacidad de contribuir a la saciedad y, finalmente, el hecho de que
suelen desplazar a la leche de la dieta.
4.- Datos sobre la
correlación entre consumo de alimentos y patología futura o en la propia
etapa infantil
4.1.- OBESIDAD
En la infancia, los
trastornos que más se correlacionan con la alimentación son el sobrepeso
y la obesidad.
El tejido graso constituye
un depósito de energía de muy alto rendimiento, ya que la metabolización
de un solo gramo de grasa proporciona más energía que el empleo de otra
fuente (hidratos de carbono o proteínas). El acúmulo de grasa se produce
de forma paulatina, imperceptible. Cuando comienza en la infancia es
probable que continúe a lo largo de la adolescencia y persista el
sobrepeso en la edad adulta34-36. La tendencia a la
persistencia en la edad adulta (tracking) es proporcional a la
edad.
La obesidad en población
adulta está asociada a aumento de la mortalidad, aumento del riesgo de
enfermedad coronaria, hipertensión, dislipemia, diabetes, colelitiasis,
algunos tipos de cáncer y osteoartritis. También se asocia a trastornos
de la fertilidad, apnea obstructiva del sueño y depresión30, 34,
36-38.
Las consecuencias inmediatas
del exceso de peso en la infancia son las psicosociales, pero también
comienzan a aparecer los factores de riesgo cardiovascular (hipertensión
arterial, colesterol elevado y tolerancia a la glucosa alterada)
El aumento de la prevalencia
del sobrepeso y la obesidad en la población infantil se ha producido en
un periodo en el que, si bien la energía total ingerida diariamente no
se ha modificado mucho, si ha cambiado la proporción de los
macronutrientes. Ha aumentado el porcentaje de energía procedente de los
carbohidatos y las proteínas y ha disminuido el correspondiente a las
grasas, pero dentro de ellas parece haber un aumento de las grasas
animales y de ácidos grasos
“trans”, que tienen efectos perniciosos sobre la salud38.
En un estudio transversal
desarrollado en Boston, con una muestra de 548 sujetos39, se
observó que tras ajustar las variables antropométricas,
sociodemográficas, de ingesta diaria y estilos de vida, por cada porción
adicional consumida de bebidas azucaradas aumentaban tanto el IMC (0,24
kg/m2 de media; 95% IC: 0,10-0,39; p = 0,03) como la
frecuencia de la obesidad (Odds ratio 1,60; 95% IC: 1,14-2,24; p =
0,02).
En otro estudio de tipo
retrospectivo, desarrollado por la División de Nutrición de los CDC40,
para observar los efectos de las bebidas dulces, se realizó un
cuestionario de frecuencia de comidas (Harvard Service Food Frecuency
Questionaire) a un grupo de 10.904 niños y niñas a la edad de 2 y 3 años
y se determinaron el peso y la estatura al inicio y un año después. El
grupo de bebidas dulces incluía zumos con vitamina C, otros zumos
envasados, refrescos de frutas y bebidas con gas. Se utilizó regresión
logística para ajustar raza, edad, género, peso al nacimiento e ingesta
de alimentos de alto contenido graso. Los sujetos que al principio
tenían sobrepeso (IMC entre P 85 y P 95 para la edad) y que consumían
entre 1 y 2, entre 2 y 3, o más de 3 bebidas al día, tenían un riesgo de
2,0 (95% IC: 1,3-3,2), 2,0 (95% IC: 1,2-3,2), y 1,8 (95% IC: 1,1-2,8) de
haber superado el límite para ser clasificados como obesos al final del
periodo de estudio, más que de seguir dentro del margen del sobrepeso.
A la inversa, un ECCA
publicado por Ebbeling et al en 200641 observa que la
disminución del consumo de bebidas dulces contribuyó a la disminución
del IMC de forma ligera, pero más acentuada en los sujetos que en el
momento de iniciar el estudio se encontraban en valores más altos del
IMC.
En una cohorte de población
adulta mediterránea estudiada por la Universidad de Navarra42
(n = 7.194), el aumento de consumo de bebidas dulces, y de hamburguesas,
pizzas y salchichas estuvo asociado con mayor riesgo de incremento
ponderal, especialmente si en los 5 años previos al estudio habían
engordado.
Otro estudio transversal de
Harvard43, basado en una muestra de población infantil de
7.745 niñas y 6.610 niños, de edades comprendidas entre los 9 y 14 años,
se observó que aquellos que consumían en mayor cantidad fuera de sus
casas alimentos fritos (y esto ocurría con más frecuencia a más edad)
eran más gruesos e ingerían mayores cantidades de energía y sus dietas
eran de peor calidad, por lo que concluían que el aumento de consumo de
alimentos fritos fuera del hogar era probable que condujera al
sobrepeso.
En la tabla 4 puede verse un
resumen de los factores dietéticos involucrados en el incremento de la
obesidad infantil.
Tabla 4.- Aspectos de la
alimentación infantil involucrados en la génesis de la obesidad.
|
Aspectos
cualitativos |
Aspectos
cuantitativos
|
|
·
Baja
prevalencia y duración de la lactancia materna.
·
Omisión del desayuno
·
Picoteo no nutricional (snacking)
·
Evasión de los mecanismo de control del apetito
·
Aumento del tamaño de las porciones
·
Más
comidas fuera del hogar.
·
Más
consumo de alimentos fritos
·
Alta
accesibilidad y bajo precio de los alimentos de alto contenido
energético |
·
Consumo insuficiente de frutas, verduras y hortalizas.
·
Consumo insuficiente de pescados.
·
Consumo excesivo de bebidas dulces, zumos y refrescos.
·
Consumo excesivo de carnes rojas
·
Consumo excesivo de grasas saturadas.
·
Consumo excesivo de energía
|
4.2.- DIABETES TIPO 2
El desarrollo de diabetes
tipo 2 y de la resistencia insulina que le precede, tiene relación con
varios factores dietéticos y nutricionales:
1) Programación del
metabolismo fetal. Los fetos que sufren desnutrición intraútero y luego
tienen un crecimiento rápido en los primeros meses de la infancia tienen
mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina. Osmond et al
(2000)44
describen la revisión de largas series de casos en que se comprueba en
diversas razas la asociación de dicho trastorno metabólico con un bajo
peso al nacer y la recuperación rápida del peso.
2) Consumo de bebidas dulces
y refrescos. El estudio Nurses' Health Study II, desarrollado por la
Universidad de Harvard entre 1991 y 199945 detecta que, tras
ajustar por otras variables de confusión, tanto el consumo de refrescos
como el de zumos envasados incrementa el riesgo de desarrollar diabetes
tipo 2 (DM2) en mujeres jóvenes. El consumo de ≥ 1 refresco al día,
frente a ≤ 1, tiene un riesgo relativo de padecer DM2 de 1,83 (95%
IC=1,42-2,3 (p = 0,01). Del mismo modo, consumir ≥1 o bien ≤ 1 zumo
envasado, supone un RR de padecer DM2 de 2,00 (95% IC = 1,33-3,03).
4.3.- RIESGO
CARDIOVASCULAR
En relación a las
enfermedades cardiovasculares existen numerosos factores de riesgo que,
en ocasiones, pueden acumularse y ser sinérgicos, tal y como han
demostrado los estudios Bogalusa y Framingham8, pero esa
asociación de factores de riesgo comienza ya en la infancia, se
incrementa con la edad y con el exceso de peso.
El tejido graso, sobre todo
el acumulado en la región abdominal, desempeña un papel intermediario en
el metabolismo de numerosas sustancias: catecolaminas, insulina,
hormonas esteroideas, entre otras. La producción de adipocitokinas se
correlaciona con el riesgo cardiovascular por un mecanismo de tipo
inflamatorio30. Se puede deducir que el incremento del IMC a
expensas de grasa abdominal constituye un factor de riesgo
cardiovascular por sí mismo.
Entre los resultados de un
ambicioso estudio realizado en Finlandia (Cardiovascular Risk in Young
Finns Study que abarca a 3.596 sujetos, se detecta la presencia de
marcadores precoces de arteriosclerosis en la íntima de las arterias
carótida y braquial (valorado por técnicas no invasoras), en relación
con factores de alimentación y estilos de vida46.
El desarrollo de las
lesiones ateromatosoas comienza de forma muy precoz y han de pasar
décadas hasta que las lesiones sean lo suficientemente extensas para
producir isquemia coronaria o alteraciones en la circulación cerebral.
Se ha demostrado que la ingesta elevada de almidones y alimentos
vegetales está relacionada con menor número de lesiones
arterioscleróticas, mientras que ocurre lo contrario con altos consumos
de proteínas animales y grasas44.
Otro estudio finlandés, el
Special Turku Coronary Risk Factor Intervention Project for Children
(STRIP), que incluye a 1.062 niños y niñas, es un ensayo aleatorizado
con grupos que tienen asignadas dietas con diferente contenido de
grasas. Los autores encuentran diferencias en los niveles de colesterol
en los niños que resultan directamente proporcionales a la cantidad de
grasa consumida, pero no en las niñas46.
Y en el Reino Unido, un
estudio multicéntrico47 comprobó que el mayor consumo de
alimentos vegetales en la infancia se correlacionaba con el menor riesgo
de infarto en la edad adulta.
Algunos estudios de cohortes
han permitido analizar por separado los efectos de los cambios
dietéticos sobre el colesterol y los efectos de los distintos niveles de
colesterol sobre la enfermedad coronaria48. El colesterol
plasmático es un marcador intermedio del riesgo cardiovascular. Hay una
relación directa entre los niveles de colesterol y la mortalidad
cardiaca. Basta disminuir el colesterol sérico en un 10% para que el
riesgo CV baje en un 27% (a la edad de 60 años).
Los ensayos clínicos, por
otro lado, han podido demostrar el efecto beneficioso de los cambios
dietéticos para revertir el riesgo. La modificación de la dieta produce
un efecto moderado en la protección frente al infarto de miocardio los
dos primeros años y aumenta cuando se mantiene durante más tiempo.
Parece claro que los
factores dietéticos, al igual que ocurre con la exposición al tabaco,
contribuyen a la morbilidad en relación con el tiempo de exposición27.
4.4.- CÁNCER
Se conocen menos datos sobre
la asociación entre dieta y cáncer porque hay menos marcadores
biológicos para el seguimiento y porque, si bien es posible demostrar el
impacto de la dieta sobre la patología cardiaca mediante estudios
aleatorizados, en el estudio del cáncer los ensayos clínicos analizan
solo un número reducido de tumores de unas cuantas localizaciones y el
riesgo no es tan fácilmente reversible como con las enfermedades
cardiovasculares27.
La incidencia de los
diversos tipos de cáncer varía mucho de una población a otra, lo que
indica que debe haber numerosos factores ambientales implicados en la
carcinogénesis.
Los ensayos clínicos
randomizados de reducción de la grasa dietética no recogen suficiente
número de casos de tumores de localizaciones específicas para
proporcionar información y suelen ser de duración corta.
Los estudios caso-control
pueden tener el sesgo del recuerdo sobre los consumos dietéticos.
Los datos mejores proceden
de estudios prospectivos y/o de seguimiento de cohortes en los que se
realiza un seguimiento de personas sanas, si bien los resultados no
están libres de sesgos, debido a la “dilución” de los datos de consumo
dietético (por la variabilidad entre e intra sujetos). En estos estudios
se divide la población en 4-5 subgrupos, en relación a la cantidad del
nutriente estudiado, aplicando luego coeficientes de regresión de los
riesgos en relación al consumo mínimo o máximo de los factores
dietéticos27.
- Cáncer de mama
Un metaanálisis de 1993,
citado por Law27,que recoge 6.831 casos, concluía que el
riesgo de cáncer era aproximadamente el 21% mayor en los grupos de
mayor consumo de grasas.
Sin embargo, otro de
1996, que analizaba estudios de cohortes, no halló tal asociación.
Uno de los posibles motivos de error es el fallo en el recuerdo por
sobrevaloración del factor dietético, una vez que ya existía un
diagnóstico de cáncer.
Sí parece haber
asociación entre IMC elevado y cáncer de mama postmenopaúsico debido
a que suele estar incrementado el nivel de estrógenos circulantes,
derivados de la aromatización de la androstendiona (procedente del
ovario y de las glándulas suprarrenales) en los tejidos periféricos
(especialmente el tejido adiposo). En este caso no hay una relación
con ningún componente específico de la dieta, sino con dietas de
alto contenido energético y con obesidad.
También la precocidad de
la menarquia se asocia al cáncer mamario, debido a una exposición
del pecho a los estrógenos a lo largo de más tiempo. Como el
adelanto secular de la menarquia guarda relación con el tamaño
corporal y el peso, puede ser atribuido de forma indirecta a
factores dietéticos. También se atribuye al crecimiento rápido en
etapas precoces de la vida (catch-up growth) el adelanto de
la menarquia, con resultado de aumento de riesgo de cáncer de mama.
También hay estudios de
cohortes (tras controlar por tamaño corporal e ingesta de energía)
que muestran que mayores consumos de cereales, frutos secos y
legumbres se asocian con menarquia más tardía, mientras que mayores
consumos de carne lo hacen con adelanto de la menarquia.
- Cáncer de páncreas
Un amplio estudio de
seguimiento de la salud de personal de enfermería y profesionales de
la salud (el Nurses' Health Study y el Health Professionals
Follow-up Study), con una muestra de 88.794 mujeres y 49.364
varones, llevado a cabo por la Universidad de Harvard49,
se analizó la incidencia del cáncer pancreático en las
personas que consumían más de 3 bebidas dulces a la semana, hallando
mayor riesgo en el caso de las mujeres (RR 1,13 (95% IC),
0,81-1,58). Riesgo que, además, aumentaba con la cantidad consumida
(RR 1,57; 95% IC), pero en este caso solo si se asociaba con elevado
IMC o baja actividad física.
- Cáncer de colon
Los estudios que lo
correlacionan con el consumo de grasa muestran resultados confusos.
Y tampoco son definitivos los resultados de la posible asociación
con el consumo de carne27.
Existen más datos que
correlacionan este tipo de cáncer con la ingesta de fibra dietética.
Los mecanismos involucrados parecen ser los siguientes:
- Al
acelerar el tránsito intestinal, disminuye el tiempo en que los
posibles factores carcinógenos están en contacto con la mucosa.
- El
aumento del bolo fecal también diluye dichas sustancias.
Parece haber más
asociación con el consumo total de alimentos vegetales en sí, que
con la fibra por separado27.
La detección de menor
número de casos de cáncer de colon en personas vegetarianas
posiblemente guarda más relación con su menor IMC, que con el mayor
consumo de alimentos de origen vegetal27.
- Cáncer de próstata
De 10 estudios que
analizan la relación entre este tipo de cáncer y el consumo de
grasas, 5 ofrecían resultados estadísticamente significativos. Y hay
otros cuatro que indican aumento del riesgo en relación con el
consumo de carne. No se conoce el mecanismo subyacente en ninguno de
los casos27.
Parece que hay indicios
de que una alimentación durante la infancia de alto contenido en
fibra, frutas y verduras, y baja en carnes rojas es probablemente
protectora frente al cáncer en la edad adulta.
De todos modos, la
modificación de la dieta (durante la infancia o la edad adulta)
puede revertir el riesgo27.
La tabla 5 ofrece un resumen
de las evidencias que correlacionan diversos tipos de cáncer con
patrones de consumo alimentario.
Tabla
5.- Asociaciones entre dieta y cáncer.
|
|
Bajo consumo
de fruta y verduras |
Alto consumo
de carne |
Bajo consumo
de fibra |
Alto consumo
de grasas |
Sobrepeso u obesidad |
|
Mama |
X |
X |
X |
|
X |
|
Colon |
X |
X |
X |
|
|
|
Estómago |
X |
|
|
|
|
|
Esófago |
X |
|
|
|
|
|
Páncreas |
X |
X |
|
|
|
|
Pulmón |
X |
|
|
|
|
|
Próstata |
X |
X |
|
X |
|
|
Endometrio |
|
|
|
|
X |
Fuente: Law M. Dietary
fat and adult diseases and the implications for childhood nutrition: an
epidemiologic approach. Am J Clin Nutr 2000; 72(5 Suppl):1291S-1296S.
4.5.- OSTEOPOROSIS
La leche y sus derivados son
la principal fuente de calcio en la dieta infantil, aunque no la única.
Es necesario ingerir calcio para asegurar el desarrollo adecuado del
esqueleto y que éste adquiera su máxima densidad en los primeros años de
vida, generalmente la densidad ósea máxima se alcanza sobre los 30 años
de edad. Un esqueleto con bajo contenido en calcio es más frágil y las
personas con osteoporosis pueden sufrir fracturas.
El depósito de calcio en los
huesos también está influido por otros factores de tipo nutricional y no
nutricional. Entre ellos los factores genéticos, la cantidad total de
energía y de proteínas en la dieta, la vitamina D, el consumo de alcohol
o de tabaco y sobre todo, la actividad física38.
Por el momento, las
evidencias son más claras en cuanto a la necesidad de ingerir productos
lácteos como fuente de calcio que sobre los otros factores. Sin embargo,
no hay acuerdo en cuál es la cantidad óptima. Según algunas fuentes, las
necesidades de calcio han sido sobrevaloradas50 y
se subestima
la importancia de otras fuentes de calcio dietético distintas de las de
origen lácteo.
Las recomendaciones oscilan
entre 1.200 y 1.500 mg/día en población adolescente. Se considera que
muchas adolescentes ingieren menos de 900 mg/día, lo que puede
condicionar un riesgo para su salud futura26.
4.6.- HIPERTENSIÓN
La importancia de la
concentración de sodio en la dieta está claramente relacionada con la
hipertensión arterial. También tienen influencia los ácidos grasos
saturados que disminuyen la producción de prostaglandinas de acción
vasodilatadora51.
Parece haber una relación
inversa entre la ingesta de calcio y la presión arterial26.
5.- Datos acerca de los
factores determinantes de los hábitos
Los hábitos de alimentación
empiezan a conformarse muy temprana y sutilmente desde la etapa de lactante,
influyendo en ello las costumbres familiares, creencias y estilos
educativos. Esto hace que su valoración sea muy compleja.
La presencia en el hogar de
determinados alimentos favorece su consumo. Pero esos alimentos se adquieren
teniendo en cuenta las preferencias familiares, tanto como el precio o la
accesibilidad de los productos.
Un metaanálisis holandés52
describe cómo de todos los determinantes, la accesibilidad de la fruta y las
verduras, así como las preferencias o gustos individuales, eran los
predictores más consistentes del consumo. También había alguna evidencia de
la influencia del consumo de frutas y verduras por parte de los
progenitores, de sus conocimientos acerca de las recomendaciones dietéticas
y de sus habilidades. En sentido contrario actuaban el tiempo dedicado a ver
la televisión, estar expuestos a la publicidad de alimentos en la TV y el
hecho de que hubiera un bar o cafetería en el centro escolar.
Los progenitores ejercen un
modelado con su propia conducta, estimulando o limitando las de sus hijos e
hijas53. Con respecto de la alimentación son frecuentes algunas
conductas que contribuyen a limitar la capacidad de autocontrol de la
ingesta por los menores, por ejemplo, obligar a terminar la ración, premiar
con dulces determinados comportamientos, dar un lácteo suplementario después
de las comidas o dar biberones al bebé dormido.
En el momento actual se destaca
la necesidad de favorecer que, desde temprana edad, los menores puedan
seguir el dictado de los mecanismos que regulan el apetito y la saciedad
para evitar en lo posible la sobrealimentación y prevenir la obesidad. La
lactancia materna, cuando se realiza a demanda, permite esa autorregulación
por parte del bebé. El resultado son niños y niñas más saludables y más
delgados, como lo demuestran las gráficas de crecimiento de bebés
amamantados, recientemente publicadas por la OMS. Al mismo tiempo, las
madres aprenden a confiar en otras señales de bienestar de sus hijos e hijas
más que en la cantidad de comida que ingieren.
No hay que olvidar que uno de
los principales determinantes de la salud y de las conductas es el nivel
socio-económico. La clase social y el capital académico de los progenitores
son las variables que mejor explican la variabilidad de las prácticas
alimentarias.
En el estudio enKid se observaba
que las clases con menos recursos consumían más cantidad de embutidos, pollo
y bebidas alcohólicas, mientras que los más pudientes consumían más carnes
rojas, frutas y verduras frescas, leche y quesos. También se observaban
cambios sustanciales en relación con el nivel educativo de la madre. A menor
nivel, mayor era el consumo en el hogar de carnes y embutidos, así como de
frutos secos, snacks, dulces, golosinas y refrescos 25.
Se han observado importantes
diferencias en el consumo calórico total y en relación con los distintos
grupos alimentarios en los distintos niveles sociales, especialmente en
relación con el nivel de estudios alcanzado. A menor nivel de estudios, más
calorías se ingieren y la distribución de las calorías es más desequilibrada54.
Tabla 6: Consumo medio en el hogar, por persona y día, en
energía procedente de proteínas, lípidos e hidratos de carbono en gramos
según el nivel de estudios de la persona cabeza de familia. España 1991.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística.
|
|
Consumo medio |
Sin estudios |
Con estudios de tercer
grado |
Diferencia bruta |
% de diferencia |
|
Energía
(kcal/día) |
2634,0 |
2905,0 |
2328,0 |
+577 cal/día |
+24,78% |
|
Proteínas
(g/día) |
93,5 |
99,0 |
83,7 |
+15,3
g/día |
+18,27% |
|
Lípidos
(g/día) |
121,0 |
131,0 |
109,0 |
+22 g/día |
+20,18% |
|
Hidratos de
carbono (g/día) |
294,0 |
334,0 |
254,0 |
+80 g/día |
+31,49% |
Fuente: Varela G, Moreiras O, Carbajal A, Campo
M. Indicadores de Salud. Estudio Nacional de Alimentación 1991. Instituto
Nacional de Estadística. 2005. Ministerio de Sanidad y Consumo.
Las clases socioeconómicamente
desfavorecidas tienden a comprar en menor proporción los alimentos
considerados como “más saludables” o “recomendados”,
pero esto es fundamentalmente debido a que el precio de los alimentos
de alto contenido en azúcares y grasas es más asequible. El coste de los
alimentos frescos, de las frutas y de las verduras se ha incrementado mucho
más en los últimos 15 años que los refrescos, los dulces o las grasas55.

CONTROVERSIAS ACTUALES
Hay claras evidencias de que la
salud futura se gesta ya desde las primeras etapas de la vida y que la
nutrición, incluida la antenatal, puede programar el metabolismo con
consecuencias a medio y largo plazo56,57. Sin duda esto supone un
reto para el futuro.
Aunque hay indicios de que las
enfermedades vasculares de la edad adulta tienen sus inicios en las etapas
más precoces de la infancia, no se conoce la responsabilidad exacta de los
factores genéticos, ambientales o las influencias en la etapa fetal58.
Con respecto a los alimentos
cuyo consumo debe disminuirse, no está muy claro:
- Si hay
valores mínimos de consumo que aseguren el mantenimiento de la salud sin
comprometer el crecimiento.
- Si hay
alguna edad crítica en la que el consumo excesivo (o la carencia) pueda
causar efectos irreversibles.
- Si hay
alguna edad en la que el organismo humano sea especialmente vulnerable.
Parece claro que los efectos de
la dieta son reversibles con vistas a la protección frente al riesgo
cardiovascular, pero no está tan claro en relación a otros problemas de
salud.
Algunos alimentos están
involucrados en más de una enfermedad y en sentidos opuestos, especialmente
la leche y sus derivados. Se recomienda su consumo para prevenir la
osteoporosis, pero a la vez, y sobre todo en poblaciones que consumen muchos
lácteos, existe un claro riesgo de obesidad. Especialmente porque se está
abandonando el consumo de leche líquida y se opta por lactoderivados que
suelen tener azúcar añadida, más cantidad de grasas (algunas variedades
llegan a tener un 11% de grasa) o bien incluir otros productos (gelatinas,
almidones, colorantes, aromas…).
Por otra parte, cada vez se
diagnostica más a menudo casos de intolerancia a lactosa en población
caucásica, en la cual la prevalencia descrita de este trastorno oscila entre
el 20% y el 30%, pero en otras razas ocurre con mayor frecuencia. Esto puede
constituir un problema en una población étnicamente más variada. De todos
modos, este trastorno es fácilmente eludible mediante el consumo de
derivados lácteos previamente fermentados (yogures, quesos…).
Con respecto del impacto del
consejo nutricional, no sabemos cuántas intervenciones son necesarias para
modificar un hábito. Otros aspectos como el perfil profesional más adecuado
para proporcionarlo, así como el encuadre (en consulta o fuera de ella, de
forma individual o grupal), también están sometidos a debate.
Por último, cabe destacar que
los esfuerzos realizados sobre la población diana para que modifique sus
hábitos, tendrán poco éxito si no se realizan de forma simultánea
intervenciones dirigidas a modificar el entorno social que favorece consumos
inadecuados de alimentos y estilos de vida sedentarios36.

CONSEJO NUTRICIONAL EN
ATENCIÓN PRIMARIA
En general los especialistas en
Pediatría son considerados una buena fuente de información y asesoramiento
en materia de salud, sin embargo, en relación con la alimentación, las
personas y las familias reciben información abigarrada de muchas otras
fuentes. La alimentación es un hecho cultural y, no lo olvidemos, económico.
Los mensajes sobre salud y
alimentación procedentes de “expertos” tienen numerosas limitaciones a la
hora de producir cambios reales en las conductas de la población diana59:
-
Por una parte son cambiantes. Es cierto que algunos
conceptos han evolucionado al aparecer nuevas pruebas, pero en ocasiones los
consejos se basan en opiniones que pueden estar inconscientemente teñidas de
ideología. Estos cambios inducen a confusión en la población.
-
A veces entran en contradicción con otros mensajes,
procedentes tanto de otros profesionales como de fuentes diversas
(publicidad, sistemas de cuidados alternativos, tradiciones…)
-
Son interpretados en función del capital académico y de
las creencias de las personas receptoras. Así, para algunas personas,
mientras no hay signos externos de enfermedad (aunque se tengan elevados los
niveles de glucemia o de lípidos sanguíneos), no perciben la necesidad de
modificar su dieta o sus conductas.
-
Pueden o no ser llevadas a la práctica en función de
otros condicionantes de tipo sociológico. Por ejemplo, una mujer que trabaja
fuera de casa y es madre de familia, se encuentra ante un serio conflicto a
la hora de alimentar a los suyos, porque debe compaginar: su función como
“buena madre” que debe preparar comidas saludables, los gustos y
preferencias de su familia, la escasez de tiempo para cocinar, hacer las
labores de casa y dedicárselo a ella misma, así como las limitaciones de su
presupuesto59.
-
El lenguaje
utilizado en las recomendaciones no resulta fácil de comprender por la
población. Así lo refiere un estudio del Observatorio de la Alimentación,
aun sin publicar (M Gracia). Para la población normal resulta difícil
entender el lenguaje técnico y las recomendaciones están a menudo expresadas
de forma que resulta difícil convertirlas en información práctica. Por
ejemplo, indicar que “las grasas deben aportar el 25-35% de la energía
total” no tiene una fácil traducción a gramos o porciones de
determinados alimentos o formas culinarias. Tampoco es sencilla de
comprender la expresión “alimentos de alta densidad energética y escaso
valor nutricional”, empleada para describir a un conjunto heterogéneo de
alimentos que aportan muchas calorías y muy pocos micronutrientes esenciales
(chucherías, dulces, snacks, refrescos, etc.).
Un informe de la Agencia de
Evaluación de Tecnologías Sanitarias de la Consejería de Salud de la Junta
de Andalucía sobre la eficacia del consejo nutricional en Atención Primaria,
basado en una revisión sistemática de los US Preventive Services Task Force
(2003), concluye que:
- Es más
efectivo en pacientes con enfermedades que en población sana.
- Es más
efectivo cuando se hace en contexto especializado que en AP,
- El
resultado es independiente del profesional que lo realiza.
Hay numerosas experiencias,
llevadas a cabo dentro de proyectos más amplios, de intervenciones a otro
nivel de la comunidad (escuelas, grupos) con participación de profesionales
de la salud. En este tipo de intervenciones los factores que contribuyen al
éxito incluyen: que sean multifactoriales, que se implementen tanto a nivel
local como nacional, que contemplen las desigualdades sociales y de sexo y
que se acompañen de medidas a otros niveles organizativos, de modo que
faciliten el cambio de conducta60. De todos modos el
mantenimiento a largo plazo de los nuevos hábitos no ha sido evaluado.
Cuando la intervención se dirige
aumentar los conocimientos y habilidades de los progenitores, las
circunstancias sociales y económicas, sobre todo la pobreza, son las que
tienen más influencia en los resultados60.
Cuando se dirige a aumentar los
conocimientos de la población infantil de nuevo influye el nivel
socioeconómico y cultural de los progenitores
Se ha demostrado que es posible
realizar intervenciones sobre varios factores de riesgo de forma simultánea,
si se tienen en cuenta los estadios de predisposición al cambio61.
(Nivel de evidencia I)
No disponemos de datos que
valoren la eficacia de las intervenciones preventivas y del consejo
dietético en la edad pediátrica, cuando se realizan en el entorno clínico.

RECOMENDACIONES PREVINFAD
A. Recomendaciones generales
Las visitas médicas de
seguimiento de la salud en población infantil sana tienen entre sus
objetivos la realización de actividades de promoción de la salud y
prevención de enfermedades, aunque sobre algunas de ellas no existen en la
actualidad pruebas que indiquen que tales intervenciones sean eficaces para
mejorar la salud. Esto no siempre significa ausencia de efectividad, pues
puede deberse a que no haya instrumentos adecuados para valorar las
evidencias60. El consejo nutricional es una de ellas. No debe
olvidarse que algunos patrones de consumo alimentario son un factor de
riesgo común a varios padecimientos crónicos, por lo que pueden ser
abordados de forma simultánea36.
Conviene tener en cuenta que la
lactancia materna ha demostrado ser un factor protector frente a varios
factores de riesgo (obesidad, riesgo cardiovascular, diabetes, cáncer) por
lo que su promoción activa es uno de los pilares de la prevención51,62.
La leche humana es una fuente adecuada de nutrientes para menores, no solo
durante su primer año de vida, sino también en edades posteriores.
Las personas destinatarias de
las actividades de prevención de las enfermedades futuras relacionadas con
la alimentación deberán ser los padres y madres para que adapten el entorno
del hogar a las modificaciones de la dieta recomendadas (acceso a alimentos,
menús, conductas alimentarias, actividad física, estímulos y refuerzos
educativos…)53, pero a medida que niñas y niños van madurando, se
puede ofrecer información adaptada a sus capacidades. En la adolescencia
conviene que se proporcione no solo información sino también otros
instrumentos para estimular el aprendizaje y la adquisición de habilidades59.
Los alimentos presentes en el
hogar y las costumbres familiares van a condicionar los consumos y hábitos
infantiles, por ello las familias deben ser estimuladas a que promuevan la
adopción de conductas y dietas adecuadas desde los primeros años, pues está
demostrada la tendencia a la persistencia de los hábitos de consumo
alimentario15.
Pueden ser recomendaciones
adecuadas63: (Nivel de evidencia III)
-
Una dieta
variada, que incluya alimentos de todos los grupos es más probable que sea
adecuada, tanto desde el punto de la energía total como de los
micronutrientes15,64.
-
Asegurarse
de que los niños y las niñas tengan acceso a alimentos y bebidas nutritivos
y de alto contenido en fibra, tanto a las horas de comer como entre horas.
-
Limitar el
acceso a alimentos y bebidas de alto contenido calórico y bajo en
nutrientes.
-
Aplicar los
principios anteriores, tanto cuando se come en casa, como cuando se come
fuera del hogar.
-
Evitar las
restricciones excesivas de alimentos.
-
Evitar el
uso de la comida o alimentos concretos como recompensa.
-
Estimular
que se tome el desayuno a diario.
-
El consejo
sobre la actividad física debe ser inseparable de consejo nutricional, por
tanto conviene proporcionar a los menores oportunidades para realizar
actividad física y limitar el tiempo dedicado a la TV y a entretenimientos
sedentarios
Estas recomendaciones exigen que
se adopten algunas modificaciones en el entorno doméstico: cantidad y tipos
de alimentos que se adquieren y almacenan, número y localización en el
domicilio de aparatos de televisión, etc. Tampoco debe olvidarse que los
cambios que se proponen deben ser adoptados por toda la familia y a largo
plazo.
B. Recomendaciones
específicas
Grasas
La American Dietetic Association
recomienda que las grasas aporten el 40% de la energía de la dieta en niños
y niñas de entre 1 y 3 años de edad y después, entre los 4 y 18 años sea
entre el 25 y el 35%15. Con el objetivo de disminuir el riesgo
cardiovascular y de obesidad se recomienda lo siguiente8,26,27,65-67:
Tabla 7.- Recomendaciones
específicas sobre el consumo de grasas.
|
Tipo de grasas |
Alimentos que las
contienen |
El consumo se deberá
… |
Nivel recomendado
(máximo) de consumo en relación a la energía total de la dieta |
Nivel de evidencia |
|
Saturadas |
Carnes grasas
Aves (la piel y las de
carne oscura)
Embutidos
Leche entera y sus
derivados
Nata, mantequilla
Helados
Aceites de coco y palma
Manteca |
↓ |
7% |
II-2 |
|
Monoinsaturadas |
Oliva |
↑ |
10% |
II-2 |
|
Poliinsaturadas |
Aceite de oliva
Pescados grasos |
↑ |
13% |
II-2 |
|
Saturadas trans
(derivan de PUFA por hidrogenación) (*) |
Margarinas
Cereales de desayuno
chocolateados
Galletas
Snacks
Bollería
Platos preparados
Fritos envasados
Salsas |
↓ |
<1% (**) |
I |
|
Colesterol
|
Yema de huevo
Carnes grasas
Lácteos
|
↓ |
≤ 300 mg/día en personas
normales
≤ 200 mg/día en personas
con hiperlipidemia |
I |
Fuerza de recomendación A
(*) Se recomienda leer el
etiquetado para conocer contenido en grasas trans de los productos
elaborados. (**) Las fuentes consultadas no indican cifras, solo que sea “la
mínima cantidad posible”
Si se restringen alimentos de
origen animal por su alto contenido en grasa saturada, se debe recomendar un
mayor consumo de legumbres para asegurar el aporte suficiente de proteínas.
Precauciones:
Una dieta muy baja en grasas
tiene algunos riesgos, como el déficit de algunos nutrientes (minerales,
vitaminas liposolubles, riboflavina, piridoxina, calcio, zinc, hierro,
yodo y magnesio) que puede dar lugar a déficit del crecimiento.
Los dos primeros años de
vida no se debe restringir la energía en la dieta infantil para asegurar
el máximo desarrollo y crecimiento. A partir de los 2-3 años se debe
disminuir gradualmente la energía de forma que la prevención de riesgos
cardiovasculares no comprometa el crecimiento infantil15.
Azúcares
Con el objetivo de disminuir la
incidencia de caries, obesidad y diabetes mellitus tipo 2 se recomienda:
Tabla 8: Recomendaciones sobre
el consumo de azúcares.
|
Recomendación |
Nivel de Evidencia |
|
Limitar la cantidad de
sacarosa en la dieta infantil |
III |
|
Limitar el consumo de
zumos envasados y refrescos a menos de una ración al día |
II-2 |
Fuerza de recomendación A
Leche y lácteos
Con el objetivo de asegurar un
desarrollo óseo adecuado y disminuir el riesgo de osteoporosis en edad
avanzada se recomienda:
Tabla 9: Recomendaciones sobre
el consumo de leche y lácteos.
|
Recomendación |
Nivel de Evidencia |
|
Ingerir 2-4 porciones de
lácteos al día |
III |
|
Si se asocian factores
de riesgo cardiovascular u obesidad, optar por productos de bajo
contenido en grasa |
II-2 |
Fuerza de recomendación B
Precauciones:
Tener en cuenta la
prevalencia de intolerancia a la lactosa en las distintas razas y optar
por productos fermentados.
Fibra dietética
Para asegurar una ingesta
adecuada de fibra dietética, necesaria para la prevención de la obesidad y
sus comorbilidades y de algunos tipos de cáncer, es aconsejable:
Tabla 10: Recomendaciones sobre
el consumo de fibra.
|
Recomendación |
Nivel de Evidencia |
|
Consumir varias veces al
día alimentos vegetales (frutas, hortalizas, verduras, legumbres.),
preferiblemente en todas las comidas |
II-2 |
Fuerza de recomendación A
Precauciones:
Es más beneficioso consumir
los alimentos de alto contenido en fibra completos que la fibra aislada.
Se debe recomendar consumir fruta en lugar de zumo, cereales integrales
mejor que cereales y harinas refinados26.

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http://www.mypyramid.gov/
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Encuesta
nacional de Salud. MSC.
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Observatorio de la Alimentación.
Líneas de investigación
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·
Canadian
Institute for Health Information.
www.cihi.ca
www.cihi.ca

ESTRATEGIA DE BÚSQUEDA
·
Bases de
datos utilizadas:
o
Medline/PubMed
o
National
Guideline Clearinghouse (NGC)
o
Cochrane
Database of Systematic Reviews (CDSR)
o
Cochrane
Controlled Trials Register (CCTR)
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Center
Diseases Control (CDC)
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Institutes of Health
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American
Academy of Pediatrics
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Based Medicine
·
Buscadores
utilizados:
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Database
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Últimos 10 años.
·
Descriptores:
o
Por grupos
de edad
-
Adolescent
-
Child
-
Infant
-
All child
o
Por problema
de salud
-
Diet
-
Food choices
-
Obesity
-
Cholesterol
-
Sugar added
beverages
-
Soft
drinks
-
Cardiovascular disease
-
Arteriosclerosis
-
Diabetes
-
Cardiovascular Risk Factors
o
Por tipo de
intervención
-
Dietary
recommendations
-
Prevention and
control
-
Health promotion
o
Por tipo
de publicación
-
Clinical
Practice Guideline
-
Clinical
Trials
-
Randomized Controlled Trials
-
Meta-analysis
-
Review systematic
·
Método para
evaluar la calidad y fuerza de la evidencia
o
Canadian
Task Force on Preventive Health Care. (Ver anexo)

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Anexo
Niveles de la evidencia
científica. Canadian Task Force on Preventive
Heath Care.
|
Calidad de la
evidencia
|
|
I |
Evidencia obtenida de al
menos un ensayo clínico aleatorizado controlado
o de un estudio de
metaanálisis. |
|
II-1 |
Evidencia obtenida de
ensayos clínicos con grupo control sin distribución
Aleatoria |
|
II-2
|
Evidencia obtenida de
estudios analíticos de cohortes o de casos y
controles,
preferentemente hechos en más de un centro o quipo de
investigación |
|
II-3
|
Evidencia obtenida por
múltiples series temporales, con o sin
intervención. Los
resultados sorprendentes en experiencias no
controladas también
pueden ser incluidos en este grupo de evidencia |
|
III |
Opiniones de reconocidos
expertos, basadas en la experiencia clínica,
estudios descriptivos o
informes de comités de expertos |
Clasificación de las
recomendaciones basadas en la fuerza de la evidencia científica.
Canadian Task Force on Preventive Heath Care.
|
Fuerza de la
recomendación
|
|
A |
Hay buena evidencia
que sostiene que la actividad preventiva sea
específicamente
incluida
en un examen periódico de salud. |
|
B |
Hay suficiente
evidencia que sostiene que la actividad preventiva sea
específicamente
incluida
en un examen periódico de salud. |
|
C
|
Existe una evidencia
conflictiva para la inclusión o la exclusión de la
actividad preventiva en
un examen periódico de salud, pero se puede
recomendar en
situaciones especiales. |
|
D
|
Existe suficiente
evidencia que sostiene que la actividad preventiva sea
excluida
de un examen periódico de
salud. |
|
E |
Existe buena
evidencia
que sostiene que la actividad preventiva sea
excluida
de un examen periódico de
salud. |
|
I |
Existe insuficiente
evidencia (en calidad o cantidad) para hacer una
recomendación de la
actividad preventiva en un examen periódico de
salud, sin embargo otros
factores pueden influir en la toma de decisiones. |

|