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PROMOCIÓN DEL BUEN TRATO Y PREVENCIÓN DEL
MALTRATO EN LA INFANCIA EN EL ÁMBITO DE LA ATENCIÓN PRIMARIA DE LA SALUD
Autor de este capítulo: Dr.
Francisco Javier Soriano Faura
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El autor declara que no
tiene conflictos de intereses en relación con el tema abordado en este
documento.
Cómo citar este artículo: Soriano Faura FJ. Promoción del buen trato y
prevención del maltrato en la infancia en el ámbito de la atención primaria
de salud. En Recomendaciones PrevInfad / PAPPS [en línea]. Actualizado
octubre 2011. [consultado DD-MM-AAAA]. Disponible en http://www.aepap.org/previnfad/Maltrato.htm
DEFINICIÓN Y
TIPOS DE MALTRATO INFANTIL INTRAFAMILIAR
Una de las
definiciones más claras, de las hasta ahora publicadas, es la que considera
el maltrato infantil como toda acción, omisión o trato negligente, no
accidental, que priva al niño de sus derechos y su bienestar, que amenaza o
interfiere en su desarrollo físico, psíquico o social y cuyos autores son
personas del ámbito familiar.
De forma
sencilla y operativa se distinguen los siguientes tipos de maltrato1:
-
Maltrato físico
-
Negligencia
-
Abuso
sexual
-
Maltrato emocional
Definición de cada tipo de maltrato:
Maltrato físico: toda acción voluntariamente realizada que provoque o
pueda provocar lesiones.
Negligencia:
la omisión de una acción necesaria para atender el
desarrollo y el bienestar físico y psicológico de un menor. La negligencia intrafamiliar viene a identificarse con el abandono de las
obligaciones que socialmente son encomendadas a los padres o tutores de un
menor. Por eso en España se considera que se actúa negligentemente cuando:
No se
proporciona al menor la alimentación adecuada a su edad.
Se
descuidan sus necesidades en el vestido y en el calzado.
No se
atienden sus necesidades sanitarias (no tener las vacunaciones al día, no
proporcionar la medicación a su tiempo y con las dosis indicadas, no visitar
al médico cuando se muestren estados de salud deficientes…).
Se
descuidan las necesidades educativas. Todo lo que implique absentismo
escolar se considera negligencia.
Descuido
en la higiene.
Largos
periodos sin supervisión del menor por los padres o tutores.
Repetidos
accidentes domésticos.
Abuso
sexual: cualquier comportamiento en el que un menor es utilizado por un
adulto u otro menor como medio para obtener estimulación o gratificación
sexual. Se incluyen el voyeurismo, exhibicionismo, tocamientos y
penetración. También la inducción de un menor a la prostitución por parte un
familiar aunque la relación sexual se mantenga con terceros.
Maltrato emocional: acción, actitud o incapacidad de proporcionar un
ambiente emocional propicio para el desarrollo psicológico, físico que
permita lograr independencia y seguridad. Las actitudes que mantienen los adultos hacia los menores son fundamentales
en el caso del maltrato emocional:
-
Conductas de ignorar al menor.
-
Actitudes de distanciamiento, de desapego, o la privación de afectos y
de seguridad (maltrato emocional pasivo).
-
Conductas como gritar al menor, enfurecerse con él, regañarles
violentamente, amenazarlos (maltrato emocional activo).
-
Inducción en los menores de comportamientos antisociales mediante la
realización de actividades inadecuadas en presencia de los niños
(emborracharse, drogarse, el menor es testigo de conductas violentas).
Además
debemos incluir:
Maltrato prenatal: conductas realizadas voluntariamente por la madre o
personas del entorno familiar, o conductas negligentes que influyen
negativamente en el embarazo y repercuten en el feto.
Síndrome de Münchausen por poderes: los padres, frecuentemente la madre,
provocan o inventan síntomas orgánicos o psicológicos en sus hijos que
inducen a someterlos a exploraciones, tratamientos e ingresos hospitalarios
innecesarios. En ocasiones pueden agravar enfermedades o síntomas
preexistentes en el niño. El propósito de tales conductas es, entre otros,
el de asumir el papel de paciente a través de otra persona. Se ha sugerido
que uno de los incentivos de los padres al realizar este tipo de
comportamientos es provocar atención y apoyo por parte del personal
sanitario. El progenitor implicado busca establecer una relación estrecha
con una figura respetable, con autoridad y de apoyo como la que puede
representar el médico. Llega a utilizar al niño como un instrumento para
establecer y mantener esta relación. La relación del padre/madre perpetrador
y el niño afectado es patológica.

MAGNITUD DEL
PROBLEMA DEL MALTRATO INFANTIL
Epidemiología
Aunque en la literatura se reitera que los casos
que llegan a los servicios sociales son apenas el 20% del total de sucesos
de maltrato infantil, nosotros creemos que los datos del “Programa Nacional
de Epidemiología de la Violencia en el Ámbito Familiar del Centro Reina
Sofía” tienen suficiente solidez para conocer el fenómeno epidemiológico del
maltrato infantil2,3.
Los casos declarados en España en el año 2005
fueron de 0,84 niños maltratados por 1000 niños menores de 18 años.
La negligencia es el tipo de maltrato más
frecuente, representa el 86,4% del total de los maltratos, seguido del abuso
emocional y posteriormente el maltrato físico. Los casos de abuso sexual
solo representan el 3,6 % de todos los casos informados de maltrato. (Figura
1).

Nota: Una
victima puede sufrir uno o más tipos de maltrato. Fuente de datos: Informe
Maltrato Infantil. España (1997/1998). Centro Reina Sofía.
La baja
prevalencia del abuso sexual (0,3 por 10 000 niños) contrasta con estudios
realizados en encuestas a adultos de los que el 18,9% manifestaba haber
sufrido abusos sexuales en la infancia, 15% de los varones y 22% de las
mujeres4.
El grupo de
edad en el que la incidencia de maltrato es mayor es el grupo de 1 a 12
años. Interpretamos que tiene más que ver con el momento de notificación que
con el momento de ocurrencia del primer episodio de maltrato5.
En todos los
años son más las niñas que los niños maltratados y, entre ellas, el
incremento de maltrato también ha sido mayor3. (Figura 2).

Fuente:
Estadística básica de medidas de protección a la infancia (2009)5.
La prevalencia por cada 1000 niños menores en el periodo 2001 a 2005 se ha
incrementado un 133,33%. (Figura 3).

Fuente: Centro Reina Sofía para el estudio de
la Violencia a partir de datos del Ministerio del Interior. * No se recogen
datos de Ertzaintza ni de Mossos d'Escuadra.
En la tabla 1 distinguimos los casos informados por las principales agencias
de Canadá, Australia, Reino Unido, Holanda y EE. UU. La prevalencia de estos
países es sustancialmente más alta que en Reino Unido y España, esto es
probablemente debido a los sistemas de detección e información del maltrato
y los programas de prevención y protección al menor de cada uno de estos
países y en menor medida debido a las diferencias entre las poblaciones
sujetas al maltrato6.
Tabla 1.
Prevalencia de maltrato en diferentes países6,7.
|
País |
Año |
Frecuencia por 1000 niños |
|
Australia |
2009 |
6,9 |
|
Canadá |
2003 |
18,67 |
|
Reino Unido |
2002-2003 |
2,7 |
|
Holanda |
2005 |
30 |
|
EE. UU. |
2009 |
10,6 |
|
España |
2005 |
0,84 |
Fuente:
Jim Hopper. Child
abuse: Statistics, research and resources (2010). [fecha de acceso:10 de
mayo 2011].
URL disponible en:
http://www.jimhopper.com/abstats/
Un rasgo
característico es que no se dé un solo tipo de maltrato, sino que es
frecuente la combinación con otros tipos de maltrato. Edwars (2003)8,
en los expedientes de 8667 adultos de una institución de salud mental,
comunica que el 34,6% de los que habían sido sujetos a maltrato infantil
recibieron más de un tipo de abuso. Scher (2004)9, en
cuestionarios administrados a una muestra representativa de la ciudad de
Memphis de 967 adultos, encuentra que el 13% de los participantes declaraban
más de un tipo de maltrato infantil.
En España, en
el “Informe de estadística básica de protección a la infancia”, boletín
número 11, editado por el Ministerio de Sanidad y Política Social en 20105,
observamos que de las notificaciones declaradas para el 2008 el 30,33% eran
de menores con 2 o más tipos de maltrato.
Contrasta el
grado satisfactorio de notificación de sospecha de los pediatras en España,
78,2% de las notificaciones en el año 200710, comparadas con las
publicadas en la literatura anglosajona donde menos del 10% de las sospechas
fueron notificadas por personal sanitario11.
Consecuencias
Independientemente de las secuelas físicas que desencadena directamente la
agresión producida por el abuso físico o sexual, todos los subtipos de
maltrato dan lugar a diversos trastornos, las consecuencias más comunes son12-15:
-
Aislamiento social
-
Agresividad
-
Alcohol (abuso de /
dependencia)
-
Alimentaria
(desórdenes de la conducta)
-
Ansiedad
-
Aprendizaje
(problemas de)
-
Atención
(disminución de)
-
Autoconcepto (pobre)
-
Autoestima (pobre)
-
Concentración
(disminución de la)
-
Conducta (cambios
de)
-
Conductas
(desórdenes de la)
-
Conductas
destructivas
-
Cooperación (pobre)
-
Culpa (sentimientos
de)
-
Delincuencia
(conductas delictivas)
-
Dependencia en las
relaciones sociales
-
Depresión
-
Desobediencia
-
Drogas (abuso)
-
Emocional
(desajustes)
-
Escolarización
(pobre rendimiento, bajas expectativas escolares, absentismo)
-
Estrés postraumático
-
Hiperactividad
-
Hostilidad
-
Humor (cambios de)
-
Impulsividad
-
Miedo a la relación
con las personas
-
Socialización
(problemas de relación con iguales, de apego, de amistad, de cariño, de
socialización)
-
Sueño (alteraciones
del)
-
Sexualidad
(conductas sexuales inapropiadas, conductas sexuales agresivas)
-
Suicidio
(ideaciones, autolesiones)
Diversas
investigaciones de tipo clínico sobre las consecuencias estructurales y
funcionales del maltrato infantil sobre el sistema nervioso central
describen cambios intrínsecos, que afectan principalmente a
neurotransmisores, hormonas neuroendocrinas y indicadores neurotrópicos, muy
implicados en el desarrollo normal del cerebro. Los principales cambios
observados son la pérdida acelerada de neuronas, retrasos en el proceso de
mielinización, anormalidades en el desarrollo apropiado de la poda neuronal,
inhibición en la neurogénesis o estrés inducido por indicadores de
crecimiento cerebral. A pesar de la probabilidad de estos problemas y
modificaciones cerebrales no todos los menores maltratados desarrollan este
tipo de dificultades, siendo moduladas por diversas variables (tipo de
maltrato, sexo del menor, recurrencia,…). Los efectos del maltrato infantil
sobre las diversas estructuras cerebrales no son claros, ya que no se
describen en todas las investigaciones, y cuando aparecen son en muchas
ocasiones, sutiles y matizables16.
Lansford y colaboradores17 realizaron un estudio prospectivo a lo
largo de 12 años, observando que el 74% de los adolescentes que habían
sufrido maltrato físico presentaron algún problema de conducta frente al 43
% de los chicos que no habían sufrido maltrato físico. Además presentaron
más de tres problemas de conducta el 21% de los niños con maltrato frente al
7% del grupo que no recibió abuso físico.
Las chicas que sufrieron abuso físico o sexual más probablemente podían
presentar conductas agresivas (Odds ratio (OR) 7,1), depresión (OR 7,2),
ansiedad (OR 9,3) o estrés postraumático (OR 9,8).18
Otra consecuencia a
largo plazo es la violencia transgeneracional, un niño maltratado tiene alto
riesgo de ser perpetrador de maltrato en la etapa adulta a su pareja o a sus
hijos. Un meta-análisis publicado en Lancet (2000) encuentra evidencia de
que existe continuidad intergeneracional del abuso infantil, el Riesgo
Relativo de transmisión del abuso de una generación a otra es de 12,6 (95%
IC: 1,82 - 87,2)19.
Resiliencia en el
maltrato infantil.
Aproximadamente del
25 al 50 % de los niños sometidos a maltrato grave se encontraban
asintomáticos y no presentaban alteraciones emocionales o desordenes
psiquiátricos en el momento de la valoración20.
Además es muy heterogénea la sintomatología observada a través del
seguimiento de estos niños, lo que sugiere que las consecuencias son
resultado de múltiples indicadores que interactúan originando atribuciones o
ajustes capaces de favorecer conductas saludables o trastornos de la
conducta y desordenes psiquiátricos.
Es decir que niños sometidos a condiciones de vida difíciles o traumas a
veces graves consiguen desenvolverse y vivir, incluso en un nivel superior,
como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos
para elaborar una respuesta de ajuste saludable a la adversidad, es esto lo
que se viene a llamar resiliencia o capacidad de una persona para
mantener un funcionamiento efectivo frente a las adversidades del entorno o
recuperarlo en esas condiciones. Esta adaptación personal y social suele
resultar de una buena capacidad para utilizar los recursos internos y
externos que les van a permitir enfrentarse con éxito a la adversidad.
En relación al género, ser mujer es un factor predictivo positivo para tener
resiliencia o mejor adaptación a sucesos de maltrato, 26,6% de las chicas
maltratadas presentaron adecuada resiliencia frente al 17,6% de los chicos.
Incluso en el grupo control ser mujer es un factor protector para tener
resiliencia, 51,3% de las mujeres frente al 32,5 % de los hombres del grupo
control. Por tipo de maltrato, el abuso sexual y la negligencia se muestran
como predictores negativos de un buen ajuste, no se observa relación entre
género y tipo de maltrato para predecir mejor o peor ajuste saludable al
maltrato21.
Otros indicadores22
que de forma directa o indirecta intervienen en la resiliencia:
Indicadores
relacionados con un pronóstico favorable:
-
Personalidad,
temperamento y cualidades del menor
-
Motivación de la
madre para el cambio
-
Conciencia del
problema
-
Cooperación de la
madre con los servicios sociales
-
Acceso y competencia
de los servicios de ayuda médica, social y psicológica.
Indicadores
relacionados con un pronóstico desfavorable:
-
Mayor o moderado
impacto en el desarrollo del menor
-
Ausencia de
expectativas del padre y la madre para el futuro del hijo/s
-
Continuidad en el
tiempo de la situación de adversidad
-
Oposición de la
madre a la intervención
-
Problemática
transgeneracional
-
Dependencia del
padre a los servicios sociales
Se ha observado
igualmente que la resiliencia aparece en familias con mayor número de
hermanos, hábitat disperso o rural y mayor edad del progenitor, que suele ir
asociado a mayor madurez personal.
Un factor que ha
mostrado gran importancia es el relativo a las atribuciones cognitivas
(consideraciones subjetivas, perceptivas, para elaborar lo que le ha
sucedido) que realiza el niño acerca del abuso sufrido. El proceso de
elaboración del suceso y la forma de hacer frente al abuso esta íntimamente
relacionado con la adaptación al estrés vital23.

INDICADORES DE RIESGO ASOCIADOS AL MALTRATO
La mayoría de los
estudios efectuados para conocer los indicadores que explican el maltrato
(indicadores personales, familiares y socio-culturales) provienen de
familias en las que han intervenido servicios de protección infantil, lo que
ha llevado a un "error sistemático" profesional de identificación y
señalamiento del abuso.
Preferimos evitar la denominación indicadores de riesgo porque este a menudo
implica una causalidad entre presencia de riesgo y el maltrato. En cambio
con el término de indicadores hacemos referencia a asociaciones
significativas estadísticamente con la presencia de algún tipo de maltrato.
Tras un seguimiento de 10 años de niños pertenecientes a familias con bajos
ingresos (224 familias) y sin antecedentes en la familia de intervención de
servicios sociales se observó que el 43% de estas familias a lo largo del
estudio al menos una vez tuvieron una intervención de los servicios
sociales, 65% por trato negligente, 27% por abuso físico y 8 % por abuso
sexual. en un análisis multivariante 5 indicadores sociodemográficos
predecían la posibilidad de intervención de los servicios sociales, retraso
del desarrollo psicomotor (RR=1,23, IC 95%=1,01-1,49, p=0,04), baja
educación maternal (sin estudios de bachillerato) (RR=1,55, IC
95%=1,01-2,38,p=0,04), consumo de drogas por la madre (RR=1,71, IC
95%=1,01-2,90, p<0,05), síntomas depresivos en la madre (RR=1,28, IC
95%=1,09-1,51, p<0,01) y más de un miembro en la familia (RR por la adición
de un niño= 1,26, IC 95%=1,07-1,47, p<0,01)24.
Se admite que no hay características demográficas o familiares que excluyan
la posibilidad de abuso en niños25.
El modelo etiopatogénico que mejor explica la presencia de indicadores de
riesgo que pueden inducir al abuso es el modelo integral del maltrato
infantil20.
Este modelo considera la existencia de diferentes niveles ecológicos
que están encajados unos dentro de otros interactuando en una dimensión
temporal. Existen en este sistema indicadores compensadores (indicadores protectores) que actuarían según un modelo de afrontamiento,
impidiendo que los indicadores potenciadores (indicadores de riesgo o
de vulnerabilidad) que se producen en las familias desencadenen una
respuesta agresiva hacia sus miembros. La progresiva disminución de los
indicadores compensadores podría explicar la espiral de violencia
intrafamiliar que se produce en el fenómeno de maltrato infantil.
Tabla 2.
Modelo integral del maltrato infantil
|
Niveles
ecológicos |
INDICADORES POTENCIADORES O DE RIESGO |
INDICADORES COMPENSADORES
O PROTECTORES |
|
DESARROLLO INDIVIDUAL DE LOS PADRES |
Historia familiar de abuso
Falta de afectividad en la infancia de los padres
Baja autoestima
Pobres habilidades personales |
Experiencia en los cuidados del niño
Habilidad interpersonal
Cociente Intelectual elevado
Reconocimiento de la experiencia de maltrato en la
infancia |
|
MEDIO
FAMILIAR
a)
Padres |
Trastornos físicos / psíquicos (incluye ansiedad y
depresión)
Drogodependencias
Padre / madre solo
Madre joven
Padre / madre no biológico
Disarmonía familiar
Enfermedades / lesiones
Conflictos conyugales
Violencia familiar
Falta de control de impulsos |
Planificación familiar
Satisfacción personal
Escasos sucesos vitales estresantes
Intervenciones terapéuticas en la familia
Ambiente familiar sin exposición a violencia
Armonía marital |
|
b)
Hijos |
Hijos no deseados
Transtorno
congénito
Anomalias físicas o psíquicas
Enfermedad crónica
Tamaño de la fratría
Nacimiento prematuro
Bajo peso al nacer
Ausencia de control prenatal
Trastorno de la conducta del hijo
Proximidad de edad entre hijos |
Apego materno / paterno al hijo
Satisfacción en el desarrollo del niño |
|
EXOSISTEMA
a)
Sociolaboral |
Bajo nivel social / económico
Desempleo
Insatisfacción laboral |
Condición financiera |
|
b)
Vecindario |
Aislamiento social
|
Apoyo social
Buena experiencia con iguales |
|
MACROSISTEMA
a)
Sociales |
Alta criminalidad
Baja cobertura servicios sociales
Alta frecuencia desempleo
Pobreza de grupo social
Alta movilidad geográfica |
Programas de mejora, de redes de apoyo e integración
social de familias vulnerables
Programas sanitarios |
|
b)
Culturales |
Aceptación castigo corporal
|
Actitud hacia la infancia, la mujer, la paternidad
de la sociedad |
Tomado y modificado de
Morales et al. (1997)
Es recomendable
observar y recoger, en la consulta de atención primaria, los datos que
permitan identificar a las familias de riesgo, tales como:
-
La conducta del niño.
-
El comportamiento de los padres.
-
La exploración clínica.
-
La historia social (dinámica familiar, composición familiar, situación
laboral...).
Tiene especial
importancia la observación en la consulta de:
-
No acudir a las citas concertadas.
-
Ausencia de informes tras ingresos hospitalarios.
-
Cambios frecuentes de médicos.
-
Acudir a consulta sin motivo aparente.
-
Imposibilidad de recabar datos de la vida familiar en la entrevista clínica.
La génesis del maltrato no se explica por la presencia de un solo indicador
de riesgo, se explica más bien por la existencia de una acumulación de
indicadores de riesgo.
Browm J et al26
realizan un estudio longitudinal de 644 familias
entre 1975 y 1992 observando que la prevalencia de abuso o trato negligente
aumenta del 3%, cuando no se encuentra ningún indicador de riesgo, al 24 %
cuando se observan 4 ó más indicadores de riesgo.
En el análisis multivariante del estudio de Dubowitz24 se
describe que el modelo estadístico encuentra
una relación de multiplicación entre los predictores y el riesgo de
presentar un informe de un centro de protección social a menores (CPS). De
forma que el índice de riesgo debido a múltiples indicadores de riesgo es
igual al producto de las relaciones de riesgo de los indicadores de riesgo
individuales. Por ejemplo, para niños con madres que no han completado el
bachillerato y consumen drogas, el riesgo de presentar maltrato (medido en
intervención de servicios sociales) aumenta del estimado para riesgo
relativo para cada indicador, 1,55 y 1,71, al de 2,65.
En España, Olivan (2002)27 publica un estudio retrospectivo en el
que observa que la causa del maltrato infantil está relacionado con la
existencia de indicadores de riesgo familiar y del entorno, de forma que
cuantos más de estos indicadores se asocien alrededor del niño discapacitado
mayor es la posibilidad de maltrato. El 93,5% de los niños discapacitados
que habían recibido maltrato al menos tenían otro indicador de riesgo además
de la discapacidad y el 64,5% presentaron más de uno.
Hindley et al.28, en una revisión sistemática realzada en 2006
encuentran 4 indicadores predictores de recurrencia de maltrato: que existan
al menos dos episodios previos de maltrato; trato negligente; conflicto
familiar o problemas de salud mental en uno o los dos padres. El riesgo de
recurrencia en el periodo posterior al episodio previo era alto en los
siguientes 30 días, (6 veces más probable) y disminuía con el paso del
tiempo. Los niños que han sido maltratados tienen un riesgo seis veces
superior de maltrato que los que no lo han sido nunca.
Interacción entre indicadores y protectores de riesgo.
Estudio realizado en nuestro país29
(1997)
nos indica que:
-
En familias
monoparentales se pone de manifiesto el papel protector del apoyo social,
siendo la probabilidad de abuso era 5,6 veces menor en familias
monoparentales que sí tienen apoyo social.
-
Las dificultades
económicas estaban significativamente asociadas al maltrato en familias
biparentales, con un aumento de la probabilidad de 6,3 veces sobre familias
biparentales sin dificultades económicas.
-
El bajo nivel
educativo esta asociado en familias monoparentales a maltrato, siendo un
28,7 más probable. En familias biparentales, el bajo nivel educativo aumentó
la probabilidad de maltrato en 11,4.
-
El mayor número de
hijos estaba relacionado con una probabilidad mayor de ocurrencia de
maltrato (razón = 4,0)
Relación entre violencia intrafamiliar y maltrato infantil.
La presencia de
abuso infantil en familias donde existe violencia doméstica es del 30 al
60%, el riesgo de recibir maltrato en los primeros seis meses de vida es 3,4
veces más probable para el abuso físico y dos veces más probable para el
trato negligente en el primer año30.
En un estudio
longitudinal de 2544 madres, que tuvieron su primer hijo y recibieron
programa de atención a domicilio para la prevención del abuso infantil, se
encontró relación significativa entre violencia doméstica y los siguientes
tipos de maltrato infantil: abuso físico, maltrato emocional y negligencia,
estando asociados la violencia doméstica y el maltrato en el 38 % de los
casos confirmados (155 niños). La violencia doméstica precedió al maltrato
del niño en el 78% de los casos y fue independiente de la observación de los
servicios de protección al menor31.
La exposición a la
violencia de género en el ámbito doméstico también se ha demostrado causante
de efectos negativos en la infancia, cualquiera que sea la edad de los niños
y de las niñas que la padecen: diversos problemas físicos (retraso en el
crecimiento, alteraciones en el sueño y la alimentación, la disminución de
habilidades motoras, etc.) graves alteraciones emocionales (ansiedad, ira,
depresión, baja autoestima, trastorno de estrés postraumático, etc.) ciertos
problemas cognitivos (retraso en el lenguaje, afectación en el rendimiento
escolar) numerosos problemas de conducta (escasas habilidades sociales,
agresividad, déficit de atención-hiperactividad, inmadurez, agresividad,
delincuencia, tóxico dependencias). Estas alteraciones observadas son
superponibles al patrón descrito en las niñas y los niños que son víctimas
directas de abusos. Por ello, se empieza a incluir dentro de los tipos de
maltrato infantil al hecho de estar expuesto el menor a violencia de género
en el propio hogar32.
Se observa
asociación entre el castigo corporal, estilos de crianza disfuncionales
(crianza autoritaria, conducta hiperreactiva de los padres) y potencial
abuso a la infancia. El grupo de niños maltratados presenta en tres estudios
valores más elevados en la CTSPC (Parent-Child Conflict Tactics Scales), t
de student 4,51, 3,76 y 2,45 respectivamente, p < 0,001 en el primer y
segundo estudio, p <0,05 en el tercero33.

INTERVENCIONES PREVENTIVAS EN EL MALTRATO INFANTIL
Los servicios de Atención
Primaria (AP) tienen un papel destacado en la prevención del maltrato
infantil, al ser los únicos servicios comunitarios a los que tienen acceso
normalizado y generalizado las familias, en un periodo de edad en el que el
niño es especialmente vulnerable (menores de 5 años de edad).
Pediatras y personal de
enfermería de AP se encuentran en una posición favorable para detectar niños
en situación de riesgo, colaborar en la intervención protectora de la
población general y realizar actividades preventivas en niños considerados
de riesgo34.
La prevención se va a
desarrollar principalmente en menores de 5 años, ya que a partir de esta
edad es fundamentalmente la escuela la que tiene un papel principal en la
actuación en el maltrato a la infancia.
Resumen de
actuaciones recomendadas por instituciones gubernamentales, asociaciones de
ciudadanos y expertos.
•
Prevención
dirigida la población general con el objetivo de evitar la presencia de
indicadores potenciadores o de riesgo y promocionar los indicadores
compensadores o protectores:
-
Sensibilizar y formar
profesionales de Atención Primaria en la detección y prevención del
maltrato infantil.
-
Intervenir en foros
comunitarios de educación para la salud incrementando las habilidades de
los padres en el cuidado de los hijos, en las relaciones educativas y
afectivas que se establecen en la relación padres-hijos:
-
Cursos de preparación al
parto.
-
Escuelas de padres u otros
centros comunitarios, promoviendo valores de estima hacia la
infancia, la mujer y la paternidad.
-
Campañas de
sensibilización poblacional.
-
Prevenir el embarazo no
deseado, principalmente en mujeres jóvenes, mediante :
-
La educación sexual en
centros escolares.
-
El Programa de Salud
Infantil (controles de salud de los 11-12 y 14 años realizados en
atención primaria)
-
Facilitar recursos de
planificación familiar.
-
Promocionar la lactancia
materna y su duración más de 6 meses.
-
Evaluar la calidad del vínculo
afectivo padres-hijos, los cuidados al niño, presencia de síntomas que
sugieren abandono o carencia afectiva, actitud de los padres frente al
establecimiento de normas y limites (azotes, castigos o correcciones
verbales desproporcionadas).
-
Intervenir en las consultas
con amabilidad y empatía cuando observamos prácticas de castigo corporal
que se establecen inapropiadamente en la relación padres e hijos
(nalgadas, sacudidas, amenazas, reprimenda con abuso psíquico, etc.),
discutiendo métodos alternativos de disciplina, refuerzos de
experiencias de confrontación padres-hijo.
-
Utilizar "guías anticipadoras"
para comunicar a cada edad específica los requerimientos del niño
(alimentación, higiene, sueño, cólico del lactante, rabietas, control de
esfínteres, etc.), reconocer la dificultad que entraña cada nuevo
periodo del desarrollo, brindar orientación práctica en cuanto al
establecimiento de disciplina constructiva y promover la estimulación
del niño y el crecimiento emocional estable.
-
Identificar los puntos
valiosos y positivos de los padres, alabar sus esfuerzos, reforzar la
autoestima y la competencia.
•
Prevención dirigida a la
población de riesgo con el objetivo de reducir daños y atenuar los
indicadores de riesgo presentes, potenciando los indicadores protectores:
-
Reconocer situaciones de
abandono o trato negligente en el niño. Evaluar la situación de
negligencia y consultar con el Servicio de Protección al Menor.
-
Reconocer situaciones de
violencia doméstica o de abuso de la mujer como una medida efectiva de
prevenir el maltrato infantil (30 a 70% de las familias en que se abusa
de un adulto habrá abuso en menores).
-
Remitir a los miembros de la
familia a programas de parentalidad individuales y grupales para mejorar
las habilidades de los padres, reducir el estrés de la parentalidad,
mejorar el funcionamiento psicosocial materno, mejorar la dinámica
familiar o reducir los problemas conductuales de los niños.
-
Remitir a centros de salud
mental a padres con adicción a alcohol, drogas o trastornos
psiquiátricos. Recomendar el tratamiento por su médico de familia de los
trastornos de ansiedad o depresivos.
-
Informar a las familias que lo
precisen de los recursos comunitarios de ayuda psicológica a adultos y
niños, social, laboral o económica.
-
Colaborar con el trabajador
social de la zona en la definición de objetivos, planes, estrategias y
ayudas definidas para cada familia de riesgo.
-
Realizar visita domiciliaria
realizada por enfermería a familias de alto riesgo, desde la etapa
prenatal hasta los dos años de vida.
-
Aumentar las visitas dentro
del Programa de Salud infantil.

EFECTIVIDAD
DE LA PREVENCIÓN DEL MALTRATO INFANTIL DESDE LA ATENCIÓN PRIMARIA
No existe
consenso sobre la efectividad de las intervenciones preventivas en el abuso
infantil. En parte es debido a que el estudio de la prevención del maltrato
está limitado por la complejidad del problema, la dificultad de medir las
variables e interpretar los resultados, el desconocimiento de cómo
interactúan las variables que determinan el riesgo y el abuso.
Además, es
notable la diferencia de programas de intervención, tanto en sus niveles de
actuación, como los recursos humanos y económicos empleados, habiendo pocas
evidencias que justifiquen la efectividad de estos programas
Un exhaustivo
análisis basado en pruebas y eficiencia de las propuestas de prevención del
maltrato infantil podemos obtenerlo en el monográfico “Preventing Child
maltreatment” publicado en The Future of Children 200935.
¿ES EFECTIVO EL
USO DE INSTRUMENTOS DE CRIBADO (CUESTIONARIOS, LISTA DE RIESGOS) EN LOS
CENTROS DE SALUD, PARA IDENTIFICAR FAMILIAS CON RIESGO DE OCURRENCIA DE
ABUSO INFANTIL?
La
identificación de familias de riesgo y específicamente el cribado de
violencia doméstica parece parte importante de las estrategias de promoción
del buen trato y prevención del maltrato en la infancia en el sector
sanitario. La cuestión es si existen instrumentos de cribado o métodos de
detección eficaces para señalar o identificar familias con riesgo potencial
de abusar de sus hijos.
La US
Preventive Services Task Force (USPSTF)36,37, en una revisión
sistemática realizada en 2004, reitera que los cuestionarios auto
administrados por los padres o los realizados por los sanitarios no son
útiles para identificar abuso o trato negligente en la infancia, ni tampoco
para identificar familias con conductas violentas38 (violencia de
género, violencia familiar entre adultos) cuando son administrados de forma
rutinaria en los servicios de atención primaria. Además, el uso de
instrumentos de cribado es origen de inadecuado señalamiento de familias que
no constituían ningún riesgo para el maltrato infantil.
La 60ª edición
de la guía: “Preventive
services for children and adolescents”39 editada por el Institute
for Clinical Systems Improvement (ICSI), publicada en septiembre del 2010
reitera el mismo punto de vista, colocando el cribado de maltrato en la
infancia dentro de las actividades preventivas no soportadas por la
evidencia y no recomendadas (nivel IV de su clasificación)
¿SE HAN
ENCONTRADO EVIDENCIAS PARA RECOMENDAR ACTIVIDADES PREVENTIVAS EN FAMILIAS
SIN RIESGO O CON RIESGO DESCONOCIDO DE MALTRATO?
Los
programas de prevención del maltrato infantil pueden ser clasificados en
programas universales, dirigidos a toda la población, y programas dirigidos
a individuos o grupos con riesgo elevado. Entre los primeros se incluyen
intervenciones de educación comunitaria, educación a padres, grupos de apoyo
en la comunidad o proporcionado por centros sanitarios y campañas de
concienciación pública.
Se han
desarrollado escasos programas basados en la atención primaria y muchos de
ellos no han sido evaluados. Destaca el ensayo clínico aleatorizado
publicado en referencia al
programa
“Safe Environment for Every Kid” (SEEK)40, este programa ha
mostrado resultados que sugieren una disminución del riesgo de maltrato
infantil medido en disminución del número de informes de protección social
(grupo de intervención 13,2%, grupo control 19,2%; p=0,03, OR =1,5), menor
número de informes de posible negligencia en los cuidados de salud
documentados por el centro de atención primaria (medido como no adherencia a
tratamientos (p=0,05), faltan inmunizaciones (p=0,002), disminución de
castigos severos comunicados por los padres a través de la escala
Parent-Child Conflict Tactics (escala 0,11 frente a 0,33,
p=0,04), por ejemplo “6 padres del grupo control informaron de
haber dado patadas o puñetazos a su hijo frente a solo 1 padre del grupo de
intervención”. Existe insuficiente evidencia
del programa SEEK para poder concluir que reduce la recurrencia o
reexposición al abuso físico o abandono. Estos resultados siguen siendo
constantes en el tiempo, a los 6, 18 y 36 meses de la intervención del
programa SEEK41.
Las
características que hacen interesante este programa son que su aplicación es
posible en el ámbito de la atención primaria de nuestro país, solo se
precisaría formación del personal de enfermería, trabajador/a social y
pediatras. El modelo SEEK de atención primaria parece prometedor como
estrategia para ayudar a prevenir el maltrato infantil, pero la falta de
replicación en otros entornos y de evaluación adicional del modelo lastra
mucho la conveniencia de recomendarlo fuertemente.
Un
estudio encuentra asociación entre lactancia materna y protección al
maltrato infantil, quince años de observación de una cohorte de 7223
parejas, madre e hijo australianas, de las que se obtuvieron datos de 6621
(91,7%) mostró que el índice de probabilidad de maltrato materno aumentó a
medida que disminuía la duración de la lactancia, siendo la probabilidad de
maltrato materno en niños sin lactancia materna 2,6 veces mayor que en niños
que lactaron al menos 4 meses42.
No encontramos
evidencias de que la instauración de talleres en los centros de atención
primaria para el aumento de habilidades de los padres o la educación en
“solución de conflictos” dirigidos a población sin valorar riesgo de
maltrato o trato negligente, es decir a población general e inespecífica,
disminuyan algún tipo de maltrato.
El estudio de
Dias43, en referencia a la información a padres en los servicios
sanitarios para la prevención del “síndrome del niño sacudido”, traumatismo
craneal, encuentra una reducción importante de trauma craneal como abuso del
menor, 22,2 casos por 100 000 nacimientos después de la intervención
educativa a padres durante los 5 años y medio de observación comparado con
los 6 años anteriores a la intervención, 41,5 casos por 100 000 nacimientos.
¿LOS PROGRAMAS
DE EDUCACION PARA LA SALUD EN NIÑOS DE RIESGO DE MALTRATO PREVIENEN ESTE
FENOMENO?
Britner (1997)44
publica un estudio no aleatorizado de casos-control en el que evalúa el
efecto de un programa de educación en mujeres de riesgo, de 12 semanas de
duración, encontrando que en el grupo de intervención disminuyeron los
informes de abuso y abandono frente al grupo control.
Los
inconvenientes para considerar esta actividad como con suficiente evidencia
en atención primaria, a partir de este trabajo, provienen del diseño
metodológico (no aleatorizado y escasa información de las variables de los
sujetos de cada grupo), pero además de las dificultades que presenta en
nuestro medio implantar una actividad educativa con tanta dedicación y en la
que es necesario la preparación de los formadores o educadores.
¿EL AUMENTO DE
LAS VISITAS DE SEGUIMIENTO DISMINUYE EL MALTRATO INFANTIL EN FAMILIAS DE
RIESGO?
En el estudio
de Brayden45, el grupo de familias de alto riesgo asignado a la
intervención recibió un promedio de 17,7 +/- 11,5 controles de salud frente
al grupo control que tuvo 8,3 +/- 8,4 visitas, los resultados no
evidenciaron una disminución en el número de abusos o trato negligente en el
grupo de intervención. Existe poca evidencia de que el aumento del número de visitas en los
controles de salud previene el maltrato en la infancia
¿LOS PROGRAMAS
MULTIDISCIPLINARES EN FAMILIAS DE RIESGO DISMINUYEN LOS CASOS DE ABUSO
INFANTIL?
Se entiende por
programas multidisciplinares aquellos que engloban de manera integrada el
apoyo psicológico (mejora de la autoestima, solución de conflictos, control
de conductas violentas), el apoyo social con la participación de
trabajadores sociales, la educación en nutrición, habilidades de crianza,
uso de guías anticipatorias, programas de disminución del tabaquismo,
abandono de drogas o alcohol.
Brayden (1993)45,
en un estudio aleatorizado de casos y controles de mujeres de riesgo
atendidas en la etapa prenatal hasta la edad de los dos años y seguidas
durante 36 meses, no encuentra diferencias estadísticamente significativas
entre el grupo que recibe apoyo psicosocial y el grupo control en cuanto a
incidencia de abuso físico. Curiosamente el riesgo relativo de presentar
maltrato negligente del grupo que recibió apoyo psicológico fue mayor (RR=
2,79, IC 95%: 0,98-7,91, p<0,005).
Wekerle (1993)46
presenta una revisión sistemática de publicaciones desde 1977 a 1990,
34 publicaciones de casos y controles, aleatoriamente asignados. Sus
hallazgos principales son que las familias de riesgo del grupo de
intervención presentaban mayores puntuaciones en las áreas relativas a la
crianza y puntuaciones modestas en las áreas del desarrollo cognitivo y de
la conducta infantil. Estos beneficios desaparecían a largo plazo, a los
cinco años. Los indicadores de disminución del maltrato eran poco fidedignos
y no eran variables de estudio en la mayoría de los trabajos analizados.
Más recientemente, una revisión sistemática47 realizada en 2006
no encuentra pruebas suficientes, aunque sí limitadas, para apoyar el uso de
programas de parentalidad individuales o grupales (programas de manejo de
conflictos, habilidades parentales, manejo de la ira y del estrés) para
prevenir el abandono y el abuso físico infantil (es decir, la incidencia de
maltrato en menores mediante informes de maltrato o lesiones en el registro
de protección de niños).
Krugman en otra revisión bibliografica48 y MacMillan49
también, encuentran pruebas limitadas que indican que algunos programas de
parentalidad pueden ser efectivos. Los hallazgos son prometedores pero son
necesarias nuevas investigaciones para encontrar diferencias a favor de la
intervención en entrenamiento de la parentalidad.
Destacar de estos programas la diversidad de servicios que hacen variar
considerablemente un programa de otro. Además, existe un cierto solapamiento entre programas de formación a los
padres y los programas de visitas al hogar. Los
programas también pueden diferir en su duración, la población objetivo
(universal frente población de riesgo) y la metodología docente. Los pocos
estudios que examinan efectos a largo plazo han demostrado el mantenimiento
de actitudes positivas de crianza de los hijos. Se sugiere también que los
programas de educación junto a servicios basados
en visitas al hogar pueden ser más eficaces que los programas que
sólo ofrecen una de estas opciones. También que programas
más largos (es decir, al menos 12 sesiones) pueden ser más eficaces.
En general, se necesita más investigación para determinar la
eficacia de los programas de capacitación para padres en la prevención del
abuso infantil.
¿LOS PROGRAMAS
DE VISITA A DOMICILIO (PVD) EN FAMILIAS DE RIESGO DISMINUYEN EL MALTRATO
INFANTIL?
Las revisiones
de Krugman48, MacMillan49, Donelan-McCall 50,
Olds51 y la Biblioteca Cochrane52 que se extienden a
los ensayos clínicos, metanálisis o revisiones sistemáticas publicados hasta
2008 coinciden en que la variabilidad de estos programas en su desarrollo y
las importantes diferencias en el diseño, metodología y variables de
medición, disminuyen la calidad de las pruebas para afirmar rotundamente que
reducen el abuso físico o el trato negligente. Los resultados son
heterogéneos entre los diferentes ensayos clínicos.
Los PVD se han encontrado efectivos para solo dos de los tipos de maltrato
infantil: el abuso físico y el abandono. Existen insuficientes pruebas que
muestren eficacia de estas intervenciones para la prevención del abuso
sexual, abuso psíquico y exposición a la violencia en la pareja.
Las ventajas de estos programas son relevantes en familias con problemas
sociales o económicos, nacidos pretérmino o bajo peso extremo y cuando el
servicio prestado a la familia de PVD tiene duración de al menos 2 años.
Estas ventajas, por el contrario, no son tan evidentes cuando varios
indicadores de riesgo social se suman en la familia, tampoco cuando la
deprivación social y económica es intensa y muy notable. Se postula que la
relación entre ventajas del PVD y la población de riesgo no es lineal.
“Familias con mayor riesgo y aquellas sin apenas riesgo social tienen
menores beneficios para el niño y la familia en los PVD”.
No se ha encontrado
suficiente evidencia de los PVD para reducir la recurrencia o reexposición
al abuso físico o abandono49,52.
Tan solo, de todos los programas de visita a domicilio (PVD), el Nurse
Family Partnership (NFP) y en menor medida el Early Start (EA) han mostrado
ser eficaces en la prevención del maltrato infantil.
Lo que caracteriza
estos dos programas, el NFP y el EA, es su organización y metodología de
trabajo, que se resume como53:
-
Están dirigidos a las familias
con desventajas, padres jóvenes, familias monoparentales, familias de
clase socioeconómica baja, familias con nacidos de muy bajo peso, padres
previamente investigados por maltrato infantil y padres con abuso de
alcohol, drogas, problemas de la salud mental o enfermos de sida.
-
Dichos programas se inician en
la semana 25 de gestación y continúan hasta el primer o segundo año de
vida del niño.
-
Las visitas las realiza
habitualmente personal de enfermería adiestrado o trabajadores sociales.
-
Entre los contenidos se
incluye la educación a los padres, atención las necesidades de salud de
la familia, soporte o ayuda social y compromisos de los padres con el
centro de salud y los servicios sociales.
-
Las visitas
durante el embarazo son cada 1 a 2 semanas y posteriormente cada 2 a 4
semanas hasta el segundo año de vida. La duración de cada visita es de
60 a 90 minutos.
En la revisión
realizada por la Task Force on Community Preventive Services (TFCPS)54
se estima que, como media, se espera una reducción del 48,7% (rango:
24,6%-89%) en la incidencia del abuso en el grupo que recibe programas de
visita a domicilio frente al grupo control, a corto plazo y a largo plazo,
quince años después.
Conviene
relatar otros potenciales beneficios encontrados en el análisis de
resultados de estos programas54-57:
-
Incremento del uso de la atención prenatal
-
Incremento del peso al nacimiento
-
Disminución del parto prematuro
-
Incremento de uso de los servicios de salud (salud infantil, planificación
familiar, vacunaciones) y de los servicios sociales de la comunidad
-
Mejoría de la nutrición de la embarazada
-
Disminución del habito tabáquico en el embarazo y en la crianza.
-
Disminución de los siguientes embarazos y del espacio entre embarazos
-
Incremento del empleo materno
-
Disminución de las visitas a urgencias
-
Disminución de los accidentes e intoxicaciones
-
Disminución de prácticas de castigo corporal y uso apropiado de la
disciplina en niños
-
Disminución de violencia de género intrafamiliar
-
Mejoría del crecimiento y desarrollo del niño
-
Reducción de conductas criminales de la madre
-
Disminución del uso de las ayudas sociales
-
Disminución del abuso de drogas y alcohol en la madre
¿LOS COSTES DE
PREVENCIÓN SUPERAN A LOS COSTES DE ATENCIÓN AL MALTRATO INFANTIL?
No hemos
encontrado ningún estudio relativo a costes y beneficios económicos de la
prevención del maltrato infantil en España.
Estimado en madres
con bajos ingresos se observa un beneficio neto de 350
$ (dólares de
1997)54.
The National
Clearinghouse on Child Abuse and Neglect Information58 publicó en
su boletín de febrero del 2003 tres estudios de los costes de no prevenir el
abuso infantil en EE. UU.
El estudio de
Elmira, Nueva York (publicado por Olds en 1993), estima que los costes
directos de los servicios sociales, policiales y sanitarios de atención al
abuso excedió a los costes del programa de visita a domicilio en
aproximadamente 300 $ por familia y año (dólares de 1980).
El segundo
estudio es el de Michigan (1992), en el que se refiere que los costes del
programa de visita domiciliaria fue de 712 $ por familia y año, representado
un total de gastos de 42 millones $ por año para este programa. En contraste
los gastos de atención al maltrato e inadecuada atención prenatal fueron de
832 millones de dólares.
El tercer
estudio es el de Colorado (1995), en este trabajo se estima en 190 millones
$ los costes directos de atención al maltrato y 212 millones $ los costes
indirectos, lo que hace un total de 402 millones $. En contraste, los gastos
en prevención fueron de 2000 dólares por familia y año, representando 8
millones $ al año. Estimando una reducción de solo un 6% del maltrato debido
al programa de visita a domicilio esperaríamos un ahorro de 24 millones de $
al año realizando programas de visita domiciliaria a poblaciones de riesgo.
La evaluación
del Sistema de Protección Infantil del estado de Washington estima que el
beneficio después de cinco años de implementar este programa ha sido entre 6
millones $ y 62 millones $ para el contribuyente, según ciudades del propio
estado59.
Las diferencias
encontradas en estos programas se deben a la heterogeneidad entre los mismos
en cuanto a personal de intervención, características del propio programa y
la institución que lo ampara, consideración de las partidas de costes
directos e indirectos del maltrato, pero sobre todo las diferencias
provienen de los resultados que se desean obtener, además de la disminución
del abuso infantil, ya que modifican la intensidad del programa en recursos
humanos y económicos (disminución del abuso, prevención del embarazo no
deseado en la siguiente gestación, prevención del bajo peso al nacer,
prevención del absentismo escolar, tratamiento del abuso de drogas, de los
problemas de salud mental, etc.).
Aún así podemos
decir que los resultados positivos de los programas de prevención, con
relativamente pequeñas reducciones en la frecuencia del maltrato, son
coste-efectivos.
¿QUÉ
INTERVENCIONES HAN RESULTADO EFICACES PARA PREVENIR LA RECURRENCIA DEL
MALTRATO INFANTIL?
De lo expuesto
con anterioridad podemos deducir la utilidad de las intervenciones en cuanto
a prevenir el primer episodio de abuso o trato negligente. Buscamos con esta
nueva pregunta pruebas sobre qué intervenciones han demostrado prevenir la
recurrencia del maltrato infantil.
Intervenciones
que previenen la recurrencia o efectos adversos en el maltrato infantil49:
1.
Evidencia limitada de los programas de educación en habilidades y cuidados a
hijos (revisión sistemática de estudios clínicos aleatorizados).
2.
Programas de entrenamiento parental de interacción entre padres e hijos
reducen la recurrencia del abuso pero no del abandono o trato negligente
(estudio clínico aleatorizado).
3.
Insuficiente evidencia del programa de visita a domicilio para la reducción
de la recurrencia de abuso o abandono (estudios clínicos aleatorizados).
Recientemente se ha
publicado lo que los propios autores consideran el primer estudio que
demuestra la eficacia a corto plazo de la intervención de la visita a
domicilio en familias con antecedentes de maltrato infantil previo, con
resultados positivos en las variables de apego madre/padre con los hijos.
Mejora de la sensibilidad de los padres en el cuidado y satisfacción de las
necesidades, seguridad infantil y reducción de conductas de desorganización
en niños durante el período de la primera infancia60.
4.
Recurrencia de abuso sexual: las terapias en familias y niños (psicoterapia,
terapia cognitiva o de habilidades sociales) muestran pruebas suficientes
sobre los efectos postraumáticos del abuso sexual (revisión sistemática de
estudios clínicos aleatorizados).
5.
Abuso emocional: limitadas evidencias de la efectividad de la intervención
del asesoramiento profesional en padres o cuidadores. Algunos estudios
aleatorizados sobre intervenciones basadas en terapia cognitiva y conductual
muestran algún efecto en algunos padres.
6.
En niños expuestos a la violencia doméstica o de género hay escasas pruebas
de que programas de prevención de la recurrencia de violencia intrafamiliar
reduzcan la exposición de niños a la violencia intrafamiliar. Sí hay algunas
evidencias de que programas de tratamiento psicológico a madres y a niños
reducen problemas de conducta y síntomas psicológicos en niños (estudios
clínicos aleatorizados).
Resumen de la efectividad de la
prevención del maltrato infantil en el ámbito de la atención primaria de
salud.
En la última década
se ha incrementado la evidencia que soporta las intervenciones de prevención
de la ocurrencia de maltrato y de la recurrencia del mismo en la población
infantil. Los programas de visita a domicilio realizada por personal de
enfermería en niños de riesgo se muestran consistentes en sus efectos
preventivos. Es prometedora la intervención educativa en los padres para
prevenir el “síndrome del niño sacudido”, si bien se requieren sucesivas
evaluaciones. También son interesantes los programas de educación parental,
pero igualmente precisan de más evaluaciones. Es necesario determinar qué
intervenciones son eficaces para prevenir el abuso sexual. Finalmente, es
preciso incorporar un análisis de coste efectividad, y tiempo de duración de
la intervención antes de incorporar las intervenciones en la atención
primaria de salud de nuestro medio. (Tablas 3 y 4).
Tabla 3.
EFECTIVIDAD DE LA PREVENCIÓN DEL MALTRATO INFANTIL en el ámbito de la
atención primaria de salud.
|
Intervención |
Efectividad |
Calidad de evidencia |
Fuerza de recomendación |
|
Identificación de familias
de riesgo mediante el uso de cuestionarios o listados |
Identifica inadecuadamente
a familias, probabilidad alta de falsos positivos |
Alta (revisiones
sistemáticas) |
La actividad preventiva
debe ser excluida de un examen periódico de salud.
|
|
Actividades en familias sin riesgo o riesgo desconocido
|
|
|
|
|
Promoción de la lactancia
materna
|
Hay asociación entre
promoción de la lactancia materna y protección al maltrato infantil
|
Moderada (estudio
observacional con fuerte asociación: RR de 2,6) |
La actividad preventiva
debe ser específicamente incluida en un examen periódico de
salud |
|
Educación a padres |
Se han publicado escasos
estudios de esta categoría. Existe
insuficiente evidencia del programa SEEK.
La intervención educativa
en padres referida a la prevención del “síndrome del niño sacudido”
se ha mostrado eficaz. |
Moderada (estudio clínico
aleatorizado con variables de resultados menos relevantes)
Moderada (estudio cohortes
pero en muestra amplia: 16 hospitales) |
La actividad preventiva
puede ser excluida.
La actividad preventiva
puede ser incluida. |
|
Actividades de educación para la salud en familias de riesgo
|
|
|
|
|
Educación a padres |
No se ha encontrado eficaz |
Baja (un estudio clínico
con calidad metodológica baja) |
La actividad preventiva
debe ser excluida. |
|
Aumento de las visitas de
seguimiento en familias de riesgo |
Poca evidencia para
excluir o incluir esta actividad. |
Moderada (estudio clínico
aleatorizado) |
La actividad preventiva
puede ser excluida de un examen periódico de salud
|
|
Programas
multidisciplinares de apoyo social, psicológico y educativo a padres
de riesgo (incluye la intervención en violencia doméstica)
|
Los hallazgos son
prometedores pero son necesarias nuevas investigaciones para
encontrar diferencias a favor de la intervención en entrenamiento de
la parentalidad |
Alta (revisiones
sistemáticas) |
La actividad preventiva
puede ser incluida liderada por centros de salud mental o
centros especializados en intervención de casos de maltrato.
|
|
Visita domiciliaria |
Disminuye la incidencia de
abuso y trato negligente, además de otros resultados favorables para
la salud del niño y la familia |
Alta (revisiones
sistemáticas) |
La actividad preventiva
puede ser incluida. La variabilidad de estos programas ofrece
resultados heterogéneos entre los diferentes ensayos clínicos por lo
que se rebaja su fuerza de recomendación. |
Tabla 4. EFECTIVIDAD DE LA PREVENCIÓN DE LA RECURRENCIA DEL
MALTRATO INFANTIL.
|
Se recomienda
realizar estas actividades en centros de salud mental o centros
especializados en el tratamiento del maltrato infantil. |
|
Intervención |
Efectividad |
Calidad de evidencia |
Fuerza de recomendación |
|
Programas de educación
|
Evidencia limitada
|
Alta
(revisión sistemática de estudios clínicos aleatorizados)
|
La actividad preventiva
puede ser incluida |
|
Programas de educación y
entrenamiento parental |
Reducen
la recurrencia del abuso pero no del abandono o trato negligente
|
Moderada (un estudio
clínico aleatorizado) |
La
actividad preventiva debe ser específicamente incluida para
casos de abuso físico
La actividad preventiva
puede ser excluida para casos de abandono y negligencia |
|
Programa de visita a
domicilio |
Insuficiente evidencia para la reducción de la recurrencia de abuso
o abandono. |
Alta (estudios clínicos
aleatorizados) |
La actividad preventiva
puede ser excluida |
|
Intervención cognitiva y
conductual en abuso emocional |
Limitadas evidencias de la efectividad de asesoramiento profesional
en padres o cuidadores. Algunos estudios aleatorizados sobre
intervenciones basadas en terapia cognitiva y conductual muestran
algún efecto en algunos padres |
Moderada (estudios
clínicos aleatorizados de pequeño tamaño muestral) |
La actividad preventiva
puede ser incluida en casos de abuso emocional |
|
Tratamiento psicológico en
niños expuestos a la violencia doméstica o de género |
Hay
algunas evidencias de que programas de tratamiento psicológico a
madres y a niños reducen problemas de conducta y síntomas
psicológicos en niños
|
Alta (estudios clínicos
aleatorizados) |
La actividad preventiva
debe ser específicamente incluida en niños expuestos a la
violencia intrafamiliar |
|
Terapia familiar en abuso
sexual |
Las
terapias en familias y niños muestran pruebas suficientes sobre los
efectos postraumáticos del abuso sexual |
Alta
(revisión sistemática de estudios clínicos aleatorizados)
|
La actividad preventiva
debe ser específicamente incluida para casos de abuso sexual |

RECOMENDACIONES DE PREVINFAD
En
general las estrategias de prevención requieren de la intervención de todos
los recursos de la sociedad y no solo de los sanitarios. No existe un
consenso de qué programas o servicios deben ofrecerse para prevenir el abuso
en la infancia. En parte es así por la complejidad del problema y la
dificultad de medir e interpretar este fenómeno.
Niveles de actuación:
Prevención
dirigida la población general
con el objetivo de evitar la presencia de indicadores predisponentes o de
riesgo y potenciar los indicadores protectores.
·
Apertura de la Historia de Salud de Atención
Primaria, recabando información de aspectos psicosociales, dinámica familiar,
etc. (reconocer indicadores protectores y de vulnerabilidad) de la población
infantil atendida. Igualmente se debe actualizar dicha información en los
controles sucesivos, evaluando la calidad del vínculo afectivo padres-hijos, los
cuidados al niño, presencia de síntomas que sugieren abandono o carencia
afectiva, actitud de los padres frente al establecimiento de normas y limites:
azotes, castigos o correcciones verbales desproporcionadas. Reconocer
situaciones de violencia doméstica o de abuso a la mujer.
·
Promocionar la lactancia materna.
·
Dar consejo de “evitar el síndrome del niño
sacudido”.
Prevención
dirigida a la población de riesgo con el objetivo de reducir daños y
atenuar los indicadores de riesgo presentes, potenciando los indicadores
protectores.
Se recomienda:
· Reconocer situaciones de abandono o trato
negligente en el niño. Evaluar la situación de negligencia y consultar con el
Servicio de Protección al Menor. Coordinar con el equipo de trabajo social
objetivos, planes, estrategias y ayudas definidas para cada familia de riesgo.
·
Remitir a programas de apoyo social, psicológico
y educación parental si los hay en el área de salud.
·
Remitir a centros de salud mental o Unidades de
tratamiento de conductas adictivas a padres con adicción a alcohol, drogas o
trastornos psiquiátricos. Recomendar el tratamiento por su médico de familia de
los trastornos de ansiedad o depresivos.
·
Visita domiciliaria realizada por enfermería a
familias de alto riesgo, desde la etapa prenatal hasta los dos años de vida, con
frecuencia mensual, duración de cada visita de 20 a 40 minutos y un contenido
definido previamente para cada familia. La detección prenatal se realiza por el
médico de familia y la matrona en los controles de la embarazada.
Actuaciones ante la sospecha o certeza del
maltrato infantil. Indicaciones basadas no solo en pruebas sino también en el
Plan Estratégico de Acción contra la Violencia del Ministerio de Sanidad,
Política Social e Igualdad (Protocolo de actuación sanitaria ante los malos
tratos):
·
Tratamiento de las lesiones y sus secuelas
físicas
·
Establecer medidas protectoras en caso de
sospecha de riesgo de contagio (inmunización tétanos, hepatitis B, tratamiento
profiláctico de enfermedades infecto contagiosas o lesiones físicas, controles
serológicos de enfermedades de transmisión sexual).
·
Establecer medidas de prevención de embarazo
secundario a agresión sexual.
·
Asegurar el tratamiento emocional y psicológico
remitiendo al niño a centros de salud mental infantojuvenil.
·
Coordinarse con los servicios sociales de la
zona, respetando las respectivas áreas de trabajo, facilitando la comunicación,
la toma de decisiones colegiadas, realizando informes periódicos del estado de
salud física del niño.
·
Seguimiento de la familia y el niño para el
tratamiento de las crisis (secuelas, repetición del maltrato, problemas de salud
asociados).
·
Remitir a las familias a grupos de ayuda mutua,
educadores familiares o psicoterapeutas de familia para intervenir con:
o
“Programas de educación y entrenamiento parental,
asesoramiento profesional”, para prevenir la recurrencia del abuso
físico y del trato negligente.
o
“Intervenciones
basadas en terapia cognitiva y conductual” para prevenir la recurrencia del
abuso emocional,
o
“Programas de
tratamiento psicológico a madres y a niños sometidos a violencia de género”,
para reducir problemas de conducta y síntomas psicológicos en niños,
o
“Terapias en
familias y niños” actuando sobre los efectos postraumáticos del abuso sexual
·
Procurar la atención al grupo familiar, adoptando
medidas terapéuticas oportunas (frente al alcoholismo, toxicomanías, trastornos
psiquiátricos, planificación familiar, etc.).
Favorecer la
atención del menor en su propia familia, siempre que ello sea posible,
procurando la participación de los padres y familiares próximos en el proceso de
normalización de su vida social.

ESTRATEGIA DE BÚSQUEDA DE LA ACTUALIZACIÓN DEL MALTRATO
INFANTIL
Términos de
búsqueda en MEDLINE:
(“Child
abuse/epidemiology” [MeSH] OR “Child abuse/etiology” [MeSH] OR “Child
abuse/prevention and control” [MeSH] AND practice guideline [ptyp] AND
“2005/01/01” [PDAT]: “2010/12//31” [PDAT])
(“Child
abuse/epidemiology” [MeSH] OR “Child abuse/etiology” [MeSH] OR “Child
abuse/prevention and control” [MeSH] AND Randomized Controlled Trial [ptyp]
AND “2005/01/01” [PDAT]: “2010/12//31” [PDAT])
(“Child
abuse/epidemiology” [MeSH] OR “Child abuse/etiology” [MeSH] OR “Child
abuse/prevention and control” [MeSH] AND Clinical Trial [ptyp] AND
“2005/01/01” [PDAT]: “2010/12//31” [PDAT])
(“Child
abuse/epidemiology” [MeSH] OR “Child abuse/etiology” [MeSH] OR “Child
abuse/prevention and control” [MeSH] AND Review [ptyp] AND “2005/01/01” [PDAT]:
“2010/12//31” [PDAT])
Las mismas
estrategias de búsqueda para los términos CHILD MALTREATMENT, BATTERED CHILD
SÍNDROME y CHILD NEGLECT.
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AGRADECIMIENTOS
Agradecemos los
comentarios y aportaciones de Jesús Sánchez, pediatra; Carmen Martínez,
pediatra; Emilio Salguero, médico de familia y Juan José Morell Bernabé,
pediatra. Sus comentarios han sido revisados e incorporados, en su caso, en
el documento final.
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