DESCRIPCIÓN DEL TEMA
Definición
Desde el punto de vista teórico la obesidad
se define como un incremento del peso corporal, a expensas preferentemente
del aumento del tejido adiposo.
Su diagnóstico está subordinado a la
cuantificación del exceso de contenido graso del organismo y ya que la
medición directa de la masa grasa es impracticable en la práctica clínica,
se han aceptado los métodos indirectos de valoración del tejido adiposo como
medida de la obesidad. Existen técnicas sofisticadas que utilizan distintos
métodos isotópicos, químicos y físicos, cuyas ventajas e inconvenientes han
sido analizados pero que resultan poco accesibles y prácticas para la
atención primaria pediátrica1,2. Las medidas antropométricas
(peso, talla, perímetros, pliegues) son preferibles desde el punto de vista
práctico ya que combinan escaso coste, fácil uso y precisión. Uno de los
criterios esenciales a la hora de su elección es la finalidad a la que se
destinan: para descripciones epidemiológicas, para el cribado poblacional o
como confirmación diagnóstica clínica. Por su buena correlación con otros
métodos indirectos de valoración del tejido adiposo y su factibilidad, el
Índice de Masa Corporal (Peso/Talla2) es la medida mas
aceptada para el cribado de obesidad y la comparación entre poblaciones.1,3,4
Se han descrito limitaciones de este indicador en menores de 2 años, algunos
grupos étnicos, atletas y por la influencia del estadio de desarrollo
puberal.3;4
La valoración de la obesidad es más difícil
en niños y adolescentes que en el adulto debido a los cambios que se
producen durante el crecimiento en el acúmulo de grasa y en las relaciones
de los diferentes parámetros antropométricos. Por esta razón no se debe
utilizar un valor absoluto para expresar los límites de la normalidad o el
grado de obesidad si no que estos deben relacionarse con los valores de
referencia para su edad, sexo y talla5.
El IMC relacionado con la edad y el sexo
es un indicador aceptado para la estimación de la obesidad en niños de 2 a
18 años, tanto para estudios epidemiológicos como para el cribado clínico
6-8 (Nivel de evidencia II).
Una revisión sistemática sobre esta cuestión9
concluye que la evidencia existente para la utilización de valores de
referencia de IMC nacionales es lo suficientemente fuerte como para
recomendar su utilización. Se han publicado diversos valores de
referencia para la población española los de la Fundación Orbegozo 199810
y 200211 (las de uso más extendido), los del estudio enKid12,
y las del centro Andrea Prader.13
Pero a la hora de establecer puntos de corte para el IMC que
definan la obesidad en la edad infantil y juvenil existe un interesante
debate.
Se han planteado dos métodos distintos. El
primero se basa en la comparación del valor del IMC con los de las curvas de
percentiles definidas para poblaciones infantiles. Los criterios utilizados
con este método han sido tales como el sumar a la media dos desviaciones
estándar (lo que equivale en una distribución normal al P97,5) o la
utilización de P85, P90, P95 y P97. En esta misma línea, un comité del Grupo
Europeo de Obesidad Infantil publicó en 1996 una propuesta de utilizar el
IMC relativo (ajustado por la edad) para la definición.14
Respecto a este primer método, existe un
consenso razonable en definir la obesidad con el P95 y el sobrepeso con
el P85 para estudios epidemiológicos y de cribado clínico ya que esta
definición tiene una alta sensibilidad y una especificidad moderada7.
(Nivel de evidencia II). Sin embargo algunos autores y comités continúan
recomendando, de forma pragmática, el P97 como definitorio de obesidad y el
P90 de sobrepeso argumentando su utilidad para el uso clínico rutinario en
relación con el número de percentiles disponibles en los gráficos
ampliamente difundidos y aceptados para su utilización en la práctica
pediátrica general.6-9 (Nivel de evidencia III)
Respecto al segundo método, se ha propuesto aplicar a la
población infantil el consenso de la OMS que define la obesidad en mayores
de 18 años como IMC ≥ 30 kg/m2 y el sobrepeso IMC ≥ 25 kg/m2.
Para su adaptación se propugna redefinir este punto de corte en el
correspondiente IMC a los 18 años y una vez identificado su percentil este
sería el que se aplicaría al resto de grupos de edad infantil.15
Este método tiene la ventaja de permitir comparaciones entre diferentes
poblaciones infantiles con distintos valores en sus percentiles de IMC
locales. Como inconvenientes una menor sensibilidad en la definición de
obesidad y especialmente en varones.9
Se ha calculado que el IMC se incrementa de forma fisiológica
en 0,5 puntos por año desde aproximadamente los 8 años hasta la
adolescencia. Aunque el grado de cambio que indica riesgo no ha sido
definido, un incremento anual de ≥ 2 unidades de IMC se ha
sugerido que identifica un rápido incremento en la grasa corporal de niños y
adolescentes.16 (Nivel de evidencia III)
Etiología
Aunque la obesidad es una consecuencia directa de ciertos
síndromes (por ejemplo síndrome de Prader-Willi) o de algunas las
enfermedades (como ejemplo el hipotiroidismo) que afectan a la infancia,
estas explican una proporción minúscula de los niños obesos y no serán
consideradas aquí.
Para explicar la etiología compleja y multifactorial de la
obesidad resulta muy útil aplicar el marco del modelo ecológico a la
tradicional explicación etiológica de desequilibrio entre ingesta y gasto
energético. De esta forma puede identificarse el papel que distintas
influencias genéticas y ambientales tienen en este balance de energía y a
partir de ellas plantear estrategias para la prevención.17 Los
elementos en este modelo ecológico pueden ser agrupados alrededor de la
clásica tríada epidemiológica: Huésped, vector y ambiente.
El huésped comprende los factores individuales e incluye los
biológicos (genéticos y metabólicos) así como los de comportamientos,
conocimientos y actitudes. Aunque las influencias biológicas contribuyen
entre el 30 y el 70% en la determinación de la obesidad18, las
ambientales modulan su manifestación y el grado de obesidad. La mayor parte
de la obesidad infantil es debida a factores relacionados con los estilos de
vida que son el reflejo combinado de factores genéticos, hábitos aprendidos
en la familia y las potentes influencias ambientales mediatizadas por el
colegio y el entorno social.
El agente es el camino final
que conduce a la ganancia de peso y que es definido como un balance
energético positivo debido a una ingesta mayor que la consumida. En relación
con la ingesta se define la “sobre consumición pasiva” como la tendencia a
consumir mas energía que la que se necesita mediante vectores densos en
energía como ciertos alimentos, generalmente ricos en grasas y pobres en
agua y fibra como los tentempiés o los cereales de desayuno, bebidas con
alto contenido en azúcares, como refrescos o zumos de frutas, así como el
incremento en el tamaño de las raciones.
Los vectores de la disminución
del consumo de energía son los mediadores de la inactividad física,
fundamentalmente las máquinas que reducen el trabajo físico (ascensor,
automóvil...) y aquellas que promocionan el ocio pasivo (televisión, video
juego, ordenador...).19
El ambiente incorpora no solo
el ambiente físico sino además en el económico, político y sociocultural que
facilita a los vectores anteriores.17
Factores de riesgo de
obesidad
a)
Sociodemográficos
De los estudios publicados podría concluirse
que existe una asociación significativa entre el IMC de los padres y el de
los hijos a partir de los 3 años y que la correlación es positiva y
significativa con los hijos de 7 años en adelante. (Nivel II-2)20
El riesgo relativo varia en
razón del sexo, de la afectación de uno o los dos progenitores y del grado
de obesidad de los mismos, siendo el máximo el de los hijos varones de ambos
padres obesos (RR 8,42; IC a 95% 5,47-13) y el mínimo el de las hijas de un
solo progenitor con sobrepeso (RR 1,47; IC a 95% 1,14-1,88)20
Es difícil diferenciar el origen genético o
ambiental de esta relación. Algunos estudios sobre el impacto de los hábitos
alimentarios y de práctica de ejercicio físico en los padres han constatado
estilos de vida similares entre padres e hijos aunque esta relación se va
debilitando hacia la adolescencia. Sin embargo otros estudios realizados con
niños adoptados sugieren un predominio del origen genético.21
A pesar de las dificultades para la comparación, debido a los
diferentes planteamientos de las investigaciones existentes, parece posible
concluir que el nivel socioeconómico elevado es un factor de riesgo de
obesidad en los países pobres y en los de transición nutricional (como
china). Sin embargo, en los países desarrollados el nivel socioeconómico
bajo es generalmente un factor de riesgo de obesidad. (Nivel II-3 y III)20
El estudio enKid realizado en España también
encontró mayor prevalencia de obesidad infantil en niveles socioeconómicos y
de estudios mas bajos.12
Según los países, la influencia del lugar de residencia sobre
el riesgo de obesidad en niños es variable. En los países pobres y en los de
transición nutricional el medio rural parece un factor de protección, sin
embargo, en estudios realizados en países desarrollados se ha identificado
como de riesgo.20 En España, Serra12 tampoco observó
una tendencia definida a este respecto.
Aunque algunos estudios descriptivos muestran que el origen
étnico podría predisponer a mayor riesgo de obesidad infantil existen
estudios discordantes al respecto. Es imposible concluir a partir de sus
resultados si estas diferencias son de origen biológico o explicable por los
distintos modos de vida de las comunidades.
b)
Antecedentes en la infancia
El análisis de las curvas de IMC en función de la edad ha
permitido describir su evolución a lo largo de la infancia. Se ha
identificado una pendiente de crecimiento durante el primer año de la vida
que decrece a partir de esta edad llegando a sus valores mínimos entre los 4
y 8 años momento en el que se produce un nuevo aumento hasta la edad adulta.
Se ha observado que este incremento, al que se ha denominado
“rebote adiposo”, cuando se produce precozmente, antes de los 5 años,
conduce a una elevación más rápida del IMC y se asocia significativamente a
un mayor riesgo de obesidad en la edad adulta. Este carácter predictivo de
la precocidad del rebote adiposo ha sido confirmado en al menos 6 estudios
de cohortes realizados en diferentes países del mundo y actualmente es
admitida por todos aunque se desconoce su carácter modificable o
genéticamente programable. (Nivel II-2) 20
La importancia del valor del IMC antes y en el momento del
rebote adiposo deberá ser tenida en cuenta en próximos estudios para poder
hacer una valoración mas ajustada del riesgo.
Los datos de la literatura van a favor de una asociación
positiva entre macrosomía (peso superior a 4 kg al nacimiento) y padecer
obesidad en la infancia y la adultez. (nivel II-3 y III) 20
También hay literatura que muestra una relación positiva,
tanto en el ámbito ecológico como individual, entre el bajo peso al
nacimiento y el exceso de mortalidad por infartos y en general con los
diversos componentes del síndrome metabólico (obesidad, hipertensión
arterial, dislipemias) siendo la combinación de bajo peso al nacimiento y
desarrollo de obesidad central la de mayor riesgo20;22
Un reciente meta análisis demuestra su pequeño pero
consistente efecto protector de la obesidad en la infancia.23 La
odds ratio ajustada para el modelo fue de 0,78, IC 95% (0,71-0,85).
De momento no se ha llegado a concluir la relación de causalidad ni la
duración de la misma que se asocia significativamente.20 (Nivel
II-2)
Los estudios realizados
en poblaciones diferentes son concordantes en sus resultados en cuanto a que
la aparición precoz de las primeras reglas (igual o menor de 11 años)
incrementa el riesgo de obesidad en la adultez. Pero si se tiene en cuenta
que la maduración sexual precoz es más frecuente en las niñas obesas la
relación de causalidad entre la obesidad adulta y la maduración sexual es
difícil de discernir.
c) Estilos
de vida
La escasa actividad física24 y el sedentarismo,
indirectamente estimado por el número de horas consumidas en actividades
lúdicas sedentarias (televisión, ordenador, videojuegos) están
significativamente asociado a la obesidad (estudios de nivel II-2).18,20
Además, varios estudios epidemiológicos han evidenciado una relación directa
entre la cantidad de horas consumidas en ver televisión y la ingesta
energética y grasa.25
Por contra, la actividad física moderada se identifica como
un factor protector (II-2 y II-3).20
En el estudio enKid la tasa de obesidad fue
significativamente inferior entre los que caminaban como media mas de 1 hora
al día, los chicos que practicaban actividades deportivas tres veces por
semana y las chicas que lo hacían al menos dos veces semanales.12
A partir de los datos de los que disponemos actualmente es
difícil concluir si es la actividad física el origen de la obesidad o es
esta obesidad la que condiciona un modo de vida más sedentario.
En el estudio realizado en niños y jóvenes españoles la
prevalencia de obesidad fue inferior en el grupo que dormía una media 10
horas en relación con los que duermen menos de 7 horas.12 Aunque
otros estudios descriptivos han identificado una relación entre menor
duración del sueño y obesidad infantil, son necesarias mas investigaciones
que la confirmen y la naturaleza de la misma.20
Una revisión sistemática que evaluó la
fuerza de evidencia científica de estos factores clasificó como fuertemente
implicados en la etiología la elevada ingesta de alimentos densos en
energía, como probables la poderosa publicidad para el consumo de estos
alimentos y el elevado consumo de refrescos con azúcar y como posible (con
menor nivel de evidencia) el gran tamaño de las porciones.18
En el estudio español
enKid, a partir de los 6 años, la prevalencia de obesidad fue mas elevada en
niños y jóvenes que aportaban mayor proporción de energía a partir de la
ingesta grasa (>40% kcal)12. En este mismo estudio español, se
apreciaron diferencias significativas en el consumo de productos azucarados,
bollería, embutidos, productos de pastelería, huevos y frutos secos entre el
grupo de obesos y los no obesos, con algunas diferencias en cuanto a edades
y sexo. Además, la prevalencia de obesidad fue mas elevada entre los niños y
jóvenes que realizaban bajos consumos de frutas y verduras (< 2 raciones /
día).12
En el
estudio enKid la prevalencia de obesidad infantil fue mas elevada en los que
no desayunaban o realizaban un desayuno incompleto así como entre los que
fraccionaban en menor número de comidas la ingesta total diaria (1 a 2
comidas frente a 4 al día).12

MAGNITUD DEL PROBLEMA
Frecuencia
La obesidad en la población
infantil, al igual que en la adulta, se ha configurado en los últimos años
como un importante problema de salud pública por las dimensiones adquiridas
y por su tendencia creciente en la mayoría de los países desarrollados.
A pesar de que las tasas de
prevalencia son difíciles de estimar y comparar por los problemas
metodológicos en la definición de obesidad y las diferentes características
socioeconómicas y culturales de las poblaciones estudiadas, su elevada
prevalencia y la tendencia a su incremento en los países desarrollados es un
hecho plenamente comprobado.26
En el estudio español enKid12
se demuestra una prevalencia (según las tablas de Orbegozo) de obesidad
infantil (P>97) de 13,9% mientras que la de la combinación de sobrepeso
(P>85) y obesidad es de 26,3%. Por zonas geográficas destacan por encima de
la media Canarias y Andalucía y por debajo el nordeste y Levante. En torno a
la media el norte y el centro. La prevalencia es superior en varones y en
edades más jóvenes entre 2 y 10 años.
En cuanto a la tendencia de la
prevalencia, según los tres últimos estudios epidemiológicos realizados en
España 12;27;28 y asumiendo las limitaciones de la comparación,
se observa un incremento: El IMC a los 10 años en niños ha pasado de 18,1 en
1984 a 18,8 en el 2000 y a los 13 años de 18,4 a 21,1. Este incremento ha
sido mas marcado en varones y en edades prepuberales ya que comparando la
evolución del P95 por edades entre el estudio enKid (año 2000) y los de
Orbegozo (año 1988) se observa un incremento de hasta el 14,6% en función de
la edad siendo el menor a los dos años y el mayor entre los 6-10 años para
los niños y entre 10-18 años para las niñas.10,12
Los escolares españoles de
7-14 años presentan un porcentaje de sobrepeso superior al de la de los
niños de su misma edad del norte y este de Europa, aunque similar al de los
menores de la zona mediterránea.29
La comparación con la
población norteamericana indica que la prevalencia es mayor en los varones
españoles de 2 a 8 años y en las mujeres entre 12 y 14, pero muy inferior en
el resto de edades, especialmente en mujeres.12
Morbilidad asociada
- A
corto plazo
Algunos estudios de casos y controles20
así como de cohortes30 (nivel II-2) han identificado mayor
frecuencia de trastornos depresivos y ansiosos, insatisfacción con su imagen
corporal y baja autoestima en niños obesos. Esta frecuencia es superior en
chicas que en chicos y se incrementa con la edad.31 Sin embargo
dado el sesgo de selección presente en muchos de ellos (fueron realizados en
niños obesos que consultan por esa causa) sus resultados no pueden ser
extrapolados a todos los menores obesos.
De los estudios que relacionan la obesidad
infantil con la hipertensión puede concluirse que esta es significativamente
mas frecuente y que la tensión arterial media es significativamente mas
elevada que en los menores no obesos (Nivel II-3)31. Además la
tensión arterial presenta una correlación positiva con el IMC.20
También se ha descrito mayor frecuencia de alteraciones del ventrículo
izquierdo y endoteliales.31
A partir de los datos disponibles parece existir en los niños
obesos una insulinemia significativamente superior a la de los menores no
obesos, y un mayor riesgo de desarrollo de diabetes tipo I 31
siendo estos resultados difíciles de interpretar ya que el tipo de estudios
(sin controles) no permite concluir formalmente el incremento en el riesgo
para los trastornos del metabolismo de la glucosa. (Nivel II-3)20
También se han puesto de manifiesto en niños obesos tasas de
HDL-colesterol significativamente mas bajas y para los chicos obesos niveles
de LDL colesterol significativamente mas elevado. Además se han encontrado
discordancias en las correlaciones entre estos valores y el IMC, el % de
masa grasa, la distribución corporal y el perímetro abdominal.30
(Nivel III)
Recientemente se ha descrito una prevalencia de ferropenia
superior (aproximadamente el doble) en niños obesos en los grupos de 2
-5 años y 12-16.32
A pesar de varios estudios de calidad ponen
de manifiesto que la prevalencia de obesidad es mas elevada entre niños
asmáticos31, los estudios de casos controles y transversales
disponibles no han podido demostrar una relación de causalidad ni su
sentido.
En estudios descriptivos se ha detectado una
correlación positiva entre el índice de apnea nocturna y el grado de
obesidad así como una elevada prevalencia de este trastorno en la población
infantil obesa estudiada (nivel III).20
No han sido identificados estudios
específicos que evalúen la incidencia o prevalencia de este tipo de
trastornos aunque existen estudios descriptivos de series de casos que han
estimado una mayor prevalencia de obesidad en menores diagnosticados de genu
valgum y de epifisiolisis de la cabeza femoral (Nivel III).20
- A largo
plazo
Una revisión de la literatura sobre este tema establece que
la probabilidad de que la obesidad de la infancia persista en la edad adulta
oscila entre 20-50% antes de la pubertad y entre 40-70% después de
esta.8,31
Esta frecuencia se incrementa cuando se asocia al antecedente de obesidad en
los padres.31 No se ha podido demostrar en lactantes obesos un
incremento en el riesgo de obesidad adulta ni en la morbilidad asociada a la
obesidad infantil.7
También señala que el 8 al 13% (riesgo atribuible) de las
obesidades adultas podrían haber sido evitadas si se hubieran tratado en la
infancia ya que la mayoría fueron obesidades de instauración en la edad
adulta.20
En los adultos obesos con antecedente de
obesidad durante su infancia o adolescencia, se ha demostrado un exceso de
mortalidad en comparación con los que no presentan este antecedente.20,31
En general, la existencia de sobrepeso o de obesidad en la
infancia y/o adolescencia se ha asociado de forma inconstante a un aumento
de riesgo de muerte en la edad adulta y los factores de confusión (como el
tabaquismo o el IMC en la edad adulta) raramente han sido tenidos en cuenta
lo que no permite diferenciar el riesgo real del antecedente de obesidad en
la infancia.20
Aunque se han identificado estudios que
intentan establecer una relación con la aparición de patologías en la edad
adulta, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial,
calcificaciones coronarias, anomalías lipídicas o glicémicas y cáncer31,
los datos disponibles no permiten extraer muchas conclusiones certeras sobre
la morbilidad a largo plazo de los niños obesos independiente de la ligada a
la obesidad del adulto.20
Un estudio
prospectivo realizado en la india relaciona la diabetes y los trastornos de
tolerancia a la glucosa con el rebote adiposo precoz y el incremento
acelerado del IMC entre los 2 y 12 años.33
DESCRIPCIÓN DE LAS INTERVENCIONES Y DE SU
EFECTIVIDAD
La prevención primaria o
universal de la obesidad no se debe centrar en la obesidad sí mismo, sino
debe ser parte de una política nacional global de salud pública, con el
objetivo de mejorar la alimentación de la comunidad, reducir el riesgo de
las enfermedades crónicas y mejorar el estado de salud y la calidad de la
vida de la población en general.
La prevención secundaria o
selectiva se debe centrar particularmente en niños con un de riesgo elevado
de obesidad por factores de riesgo asociados. La implicación médica es de
una importancia particular en esta prevención secundaria para identificar y
manejar a estos niños.
A pesar de que las estrategias
de intervención son diferentes para cada uno de los elementos mencionados en
la etiología, todos están relacionados. Para obtener éxito en un caso de
“epidemia” como en el que nos encontramos actualmente estos tres elementos
deben intervenirse conjuntamente:
-
Las
intervenciones basadas en los niños y sus familias son fundamentalmente
educativas y centradas en estilos de vida respecto a alimentación y
actividad física. Los lugares de intervención son escuelas, hogares,
vecindarios, centros de atención primaria de salud y comunidades.
-
Muchas de
las estrategias basadas en el vector se relacionan con soluciones técnicas o
de ingeniería como reducir la densidad energética de los productos de
alimentación manufacturados.34,35
-
Las
intervenciones ambientales necesitan apoyarse en cambios políticos y
sociales y son fundamentales para hacer que las elecciones saludables
(especialmente las relacionadas con la alimentación saludable y la actividad
física) sean las elecciones fáciles. Los macro ambientes clave para estas
intervenciones son el sector de infraestructuras y transporte, los medios de
comunicación y el sector de alimentación.34,35
Esta revisión aborda
fundamentalmente las intervenciones basadas en la infancia y en los
elementos de su micro ambiente como son los padres, la familia o la escuela.
En resumen, existen dudas sobre cómo prevenir la
obesidad infantil utilizando las estrategias de intervención actualmente
disponibles. (Nivel de evidencia I)
A pesar del número de revisiones sistemáticas encontradas6,9,30,36-43
existen muy pocos ensayos controlados aleatorizados de calidad a partir de
los cuales puedan hacerse recomendaciones efectivas para la prevención ya
que, a menudo presentan limitaciones metodológicas.44 Si a todo
esto le unimos las diferencias culturales con los países en los que fueron
realizados (mayoritariamente EE. UU.) su generalización a nuestra población
infantil puede tener limitaciones.
Algunas cuestiones de interés para la prevención que pueden
deducirse de las revisiones sistemáticas publicadas37,42,43 son:
-
Intervenciones en el medio escolar: Este medio juega un papel clave en la prevención
primaria. Los programas escolares multifacéticos que promocionan tanto la
actividad física como la modificación de la dieta y que se centran el los
comportamientos sedentarios pueden contribuir a la reducción de la
prevalencia de la obesidad en escolares y especialmente en las chicas.
-
Intervenciones sobre la actividad física:
Existen resultados prometedores que apuntan hacia la efectividad de
concentrar las intervenciones en un único objetivo: el control del
comportamiento sedentario.
-
Intervenciones basadas en la familia: La implicación de la familia y especialmente los
programas de modificación de conducta
en los que los padres y madres actúan como agentes de cambio, modificando
sus propios
estilos de vida, son más efectivos que los dirigidos únicamente a los
cambios de comportamiento en los niños/as.
-
Intervenciones en el medio sanitario: Son escasos los estudios de calidad que evalúan
intervenciones para la prevención de la obesidad infantil desde la atención
pediátrica ya que las investigaciones desde este ámbito se han dirigido
fundamentalmente hacia el tratamiento.

OBJETIVOS CONCRETOS
Dado que la obesidad es difícil de tratar una vez instaurada
y que cualquier esfuerzo encaminado a su prevención resulta importante, nos
ha parecido interesante proponer intervenciones, para realizar desde la
atención pediátrica primaria, a pesar de sus limitaciones en cuanto a
evidencia científica.
La información presente en el resto de este apartado y en la
tabla 1 forma parte de las recomendaciones de grupos de expertos basadas en
condiciones o comportamientos sobre los que existe una evidencia de
asociación con la obesidad infantil.6,7,16,40,45-47
Tabla 1.- Consejos sobre alimentación y actividad física para
la prevención primaria y actividades para el cribado de obesidad infantil
por grupos de edades.
|
Grupo de edad en años |
Consejos sobre alimentación |
Consejos sobre actividad física |
Cribado |
|
0-2 |
Alentar la lactancia natural
Respetar el apetito y no forzar
la alimentación |
Recomendar no ver la televisión. |
Identificar factores de riesgo
por anamnesis.
Reflejar cambios en la tendencia
del peso por encima de su curva de crecimiento.
|
|
3-6 |
Alentar la lactancia natural
Alentar a los padres como
modelos de alimentación saludable
Recomendar la disponibilidad de
tentempiés saludables y dieta equilibrada sin exceso de azúcares
ni grasas.
Conocimientos sobre los cambios
en el apetito y en las preferencias de alimentos (especialmente
a los 2 años).
Instrucciones un equilibrio
calórico y energético que permita el crecimiento y el
mantenimiento del peso deseable. |
Transmitir la importancia de la
adquisición a estas edades de hábitos saludables que persistan a
lo largo de la vida.
Alentar la reducción de
actividades sedentarias (tiempo delante de pantallas) e
incrementar el tiempo de juego activo y actividad física.
|
Identificar factores de riesgo
mediante anamnesis.
Valorar precocidad en el rebote
adiposo (< 5 años)
Reflejar cambios en la tendencia
del IMC:
.
Incremento ≥ 2 unidades/año
.
P ≥ P85 |
|
7-12 |
Alentar a los padres como
modelos de alimentación saludable
Recomendar la disponibilidad de
tentempiés saludables y dieta equilibrada sin exceso de azúcares
ni grasas.
Instrucciones para un equilibrio
calórico y energético que permita el crecimiento y el
mantenimiento del peso deseable.
Estimular una dieta rica en
frutas y vegetales. |
Identificar factores de riesgo
mediante anamnesis.
Reflejar cambios en la tendencia
del IMC:
.
Incremento ≥ 2 unidades/año
.
P ≥ P85 |
|
13-18 |
Instrucciones para un equilibrio
calórico y energético que permita el crecimiento y el
mantenimiento del peso deseable.
Asesorar en la limitación de la
ingesta de grasas por debajo del 30% de las calorías totales.
Estimular una dieta equilibrada
y variada.
Enfatizar la elección de
tentempiés saludables. |
Consejo
Las estrategias para la prevención primaria se relacionan con
consejos dirigidos a toda la población que se resumen en:
-
Promoción de la lactancia
materna y correcta introducción de la alimentación complementaria (Ver
recomendaciones PrevInfad).
-
Respetar el apetito de los
niños y no forzar la alimentación.
-
Restringir el consumo de
alimentos energéticamente densos (tentempiés) y refrescos azucarados.
-
Dieta equilibrada con
consumo adecuado de grasas, frutas y verduras. (“5 al día”, “Pirámide
alimentación”)
-
Práctica de actividad
física regular. (Ver recomendaciones PrevInfad sobre ejercicio físico)
-
Reducción de actividades
sedentarias (televisión, video, ordenador y videojuegos) limitándolas a un
máximo de 1-2 horas día.
-
Implicar a toda la familia
en las actividades recomendadas. Potenciar estilos de vida saludables en
padres y madres como modelos de sus descendientes.
-
·Tener
en cuenta las posibilidades del entorno y las características culturales y
sociales de la familia al realizar las recomendaciones.
-
Ofrecer un entorno de la
consulta pediátrica coherente con los consejos evitando la televisión en las
salas de espera y las recompensas de caramelos.
Las recomendaciones sobre educación y consejos preventivos se
presentan en la tabla 2 clasificadas de acuerdo a las evidencias disponibles
(buena, suficiente o insuficiente) que apoyan el incluir su práctica en los
controles de salud periódicos de 0 a 18 años, según el Institute for
Clinical Systems Improvement.46-48
Tabla 2: Recomendaciones sobre educación y consejos
preventivos clasificados de acuerdo a las evidencias disponibles que apoyan
su inclusión en los controles de salud periódicos de 0 a 18 años, por grupos
de edades. (ICSI).46,47
|
Grupo de edad
en años |
Clasificación
de las recomendaciones sobre consejo*
|
A
|
B
|
C
|
|
Buena evidencia para su inclusión |
Suficiente evidencia para su
inclusión |
Insuficiente evidencia directa sobre
el consejo pero evidencia suficiente que relaciona el tópico con el
problema de salud |
|
0-2 |
Lactancia materna |
Actividad física |
- |
|
3-6 |
|
Actividad física |
5 al día (frutas y vegetales)
Padres como modelo
Tentempiés saludables |
|
7-12 |
Limitar las grasas saturadas |
Balance calórico de nutrientes
Actividad física |
5 al día (frutas y vegetales)
Padres como modelo
Tentempiés saludables |
|
13-18 |
Limitar las grasas saturadas |
Balance calórico de nutrientes
Actividad física |
5 al día (frutas y vegetales)
Padres como modelo
Tentempiés saludables |
* Clasificación propia de ICSI, en la que la recomendación
“C” correspondería a la “I” de la clasificación utilizada por el grupo
PrevInfad.
Estos comportamientos forman parte del estilo de vida sana
que debe desarrollarse en las fases precoces de la infancia. El objetivo es
promover y modelar actitudes positivas hacia la alimentación y la actividad
física sin centrarse en el peso corporal para evitar efectos adversos tales
como los trastornos de la alimentación.
Estos consejos se realizaran en cada una de las visitas de
salud, iniciándolos en la primera visita con la promoción y apoyo a la
lactancia materna.
Considerar también el aprovechar las oportunidades que surjan
en cualquier consulta no programada para reforzar los consejos a menores y
padres. Por ejemplo si se presenta en la consulta manejando un videojuego,
bebiendo zumo o refrescos, etc.
Cribado
Las recomendaciones respecto a la realización del
cribado tienen una calificación I ya que aunque existe insuficiente
evidencia (en cantidad) sobre la efectividad de la intervención en los casos
detectados, la actividad resulta recomendable por la importancia del
problema a prevenir y la suficiente evidencia que relaciona las técnicas de
cribado propuestas con la detección del problema de salud.
Tiene como objetivos:
a)
La
identificación y seguimiento de pacientes de riesgo.
En razón de los conocimientos actuales
deben ser considerados de riesgo los antecedentes obtenidos mediante
anamnesis sobre:
b)
La
identificación de cambios en el percentil (P) de IMC.
En todas las visitas a partir de los dos
años valoración regular de peso y talla, cálculo del índice de masa
corporal y comparación con las curvas de referencia para edad y sexo.
Se consideran hallazgos de riesgo:
Se recomienda en estos dos
casos
1. Evaluación
de antecedentes, del estilo de alimentación, de la actividad física y de los
conocimientos y actitudes sobre alimentación y estilos de vida saludables.
2. Intervención mediante el
consejo y seguimiento con valoraciones del IMC anuales.
Estos casos deberán
confirmarse con otras medidas antropométricas que descarten falsos positivos en
la valoración del IMC.
Si se confirma el sobrepeso
deberá valorarse morbilidad asociada.
En caso de obesidad, iniciar
protocolo diagnóstico y terapéutico.

ESTRATEGIA DE BÚSQUEDA DE LA INFORMACIÓN
Se realizó una búsqueda en las siguientes bases de datos:
·
MEDLINE
·
IME
·
National
Guideline Clearinghouse
·
Cochrane
Database of Systematic Reviews (CDSR)
·
Web site
NHS Centre for Reviews and Dissemination (NHS CRD) at York: DARE (database
of abstracts of reviews of effects)
·
Web site
The Health Technology Assessment (HTA)
·
Web site
National Institutes of Health
·
Web site
Center Diseases Control (CDC)
·
Web site
American Academy of Pediatrics
·
Web site
Agence nationale d'accréditation et d'évaluation en santé (Anaes)
Se utilizaron los buscadores:
·
Pub Med
·
Trip
Database
·
Google
Como descriptores (MeSH):
·
Bloque A:
Descriptores de grupo de
edad: Adolescent,
Child, Infant.
·
Bloque B:
Descriptores del problema
de salud: Obesity
, Overweight
·
Bloque C:
Descriptores de la intervención: Risk Factors, Diagnosis, Prevention,
Control, Health promotion, Recommendations, Counseling, Health Education,
Diet, Exercise, Nutrition Assessments.
·
Bloque D:
Descriptores de tipo de publicación: Clinical Trials,
Meta-analysis, Guideline, Review Academic, Review Systematic.
Limite de años:
·
1/1994 -
9/2004
Búsqueda de referencias incluidas en los artículos revisados,
específicamente orientadas a la prevención de la obesidad infantil.
GUÍAS Y RECOMENDACIONES DE GRUPOS DE EXPERTOS
-
American
Academy of Pediatrics. Committee on Nutrition. Prevention of Pediatric
Overweight and Obesity.38
-
Scottish
Intercollegiate Guidelines Network. Management of obesity in children and
young people. A national clinical guideline. Edinburgh: SIGN; 2003.6
-
CDC
Training Module: Overweight Children and Adolescents: Screen, Assess and
Manage
http://128.248.232.56/cdcgrowthcharts/module3/text/intro.htm.7
-
The Expert
Committee on Clinical Guidelines for Overweight in Adolescent Preventive
Services. Guidelines for overweight in adolescent preventive services:
recommendations from an expert committee.16
-
Canadian
Task Force on the Periodic Health Examination. Feldman W, Beagen B.
Screening for childhood obesity. In: Canadian Guide to Clinical Preventive
Health Care.45
-
Institute
for Clinical Systems Improvement (ICSI). Preventive counselling and
education - by topic.47
-
Institute
for Clinical Systems Improvement (ICSI). Preventive services for children
and adolescents.46
-
Documento de consenso del
grupo colaborativo AEP-SENC-SEEDO. En: AEP-SENC-SEEDO.48
RECURSOS DE INTERÉS

BIBLIOGRAFÍA
1.
Dietz
WH,.Bellizzi MC.
Introduction: the use of body mass index to assess obesity in children. Am J
Clin Nutr. 1999;70:123S-5S.
2.
Bhave S,
Bavdekar A, Otiv M. IAP National Task Force for Childhood Prevention of
Adult Diseases: Childhood Obesity. Indian Pediatr 2004;41:559-75.
3.
Prentice
AM,.Jebb SA. Beyond body mass index. Obes.Rev 2001;2:141-7
4.
Bellizzi
MC,.Dietz WH. Workshop on childhood obesity: summary of the discussion. Am J
Clin Nutr. 1999;70:173S-5S.
5.
Reilly JJ.
Assessment of childhood obesity: national reference data or international
approach? Obes.Res. 2002;10:838-40.
6.
Scottish
Intercollegiate Guidelines Network (SIGN). Management of obesity in children
and young people. A national clinical guideline. Scottish Intercollegiate
Guidelines Network (SIGN) . 2003. [18-9-2004]. Electronic Citation:
http://www.sign.ac.uk/guidelines/fulltext/69/index.html
7.
CDC. CDC
Training Module: Overweight Children and Adolescents: Screen, Assess and
Manage. CDC Web site . 2003. [9-9-0004] Electronic Citation:
http://128.248.232.56/cdcgrowthcharts/module3/text/intro.htm
8.
Institut National de la Santé et
de la Recherche Medical.
Obesité,
despistage et prevention chez lénfant. Syntheèse et recommandations.
Editions Inserme, Expertise Collective. 2000.
9.
Reilly JJ,
Wilson ML, Summerbell CD, Wilson DC. Obesity: diagnosis, prevention, and
treatment; evidence based answers to common questions.
Arch Dis Child 2002;86:392-4.
10.
Hernández M y
cols. Curvas y tablas de crecimiento. Instituto sobre crecimiento y
desarrollo . Fundación F. Orbegozo. Madrid: Garsi. 1968.
11.
Sobradillo B,
Aguirre A, Aresti U, y cols. Curvas y tablas de crecimiento. Estudios
longitudinal y tranversal. Fundación F. Orbegozo. In ERGON, ed. Patrones de
crecimiento y desarrollo en España. Atlas de gráficas y tablas., pp 145-68.
Madrid: 2004.
12.
Serra Majem
L, Ribas L, Aranceta J, Pérez C, Saavedra P. Epidemiología de la obesidad
infantil y juvenil en España. Resultados del estudio enKid (1998-2000). In
Serra Majem L, Aranceta Bartrina J, eds. Obesidad infantil y juvenil.
Estudio enKid., pp 81-108. Barcelona: Masson, S.A, 2001.
13.
Ferrández-Longás A, Mayayo E, Labarta JI, Bagué L, Puga B, Rueda C et al.
Estudio longitudinal de crecimiento y desarrollo. Centro Andrea Prader.
Zaragoza 1980-2002. In ERGON, ed. Patrones de crecimiento y desarrollo en
España.
Atlas de gráficas y tablas., pp 61-115. Madrid: 2004.
14.
Poskit EME
and the European Childhood Obesity Group.Commitee report. Defining childhood
obesity: the relative body max index (BMI). Acta Paediatric 1996;84:961-3.
15.
Cole TJ,
Bellizzi MC, Flegal KM, Dietz WH. Establishing a standard definition for
child overweight and obesity worldwide: international survey. BMJ
2000;320:1240-3.
16.
Himes
JH,.Dietz WH. Guidelines for overweight in adolescent preventive services:
recommendations from an expert committee. The Expert Committee on Clinical
Guidelines for Overweight in Adolescent Preventive Services. Am J Clin Nutr.
1994;59:307-16.
17.
Swinburn
B,.Egger G. Preventive strategies against weight gain and obesity. Obes.Rev
2002;3:289-301.
18.
Jain, A.
What works for obesity? A summary of the research behind obesity
interventions. BMJ Publishing Group. 2004.
19.
Davison
KK,.Birch LL. Childhood overweight: a contextual model and recommendations
for future research.
Obes.Rev 2001;2:159-71.
20.
Agence
nationale d'accréditation et d'évaluation en santé (Anaes). Prise en charge
de l'obésité de l'enfant et de l'adolescent.
2004.
21.
Sorensen
TI, Holst C, Stunkard AJ, Skovgaard LT. Correlations of body mass index of
adult adoptees and their biological and adoptive relatives. Int J Obes.Relat
Metab Disord. 1992;16:227-36.
22.
Oken
E,.Gillman MW. Fetal origins of obesity. Obes.Res. 2003;11:496-506.
23.
Arenz S,
Ruckerl R, Koletzko B, Von Kries R. Breast-feeding and childhood obesity-a
systematic review. Int J Obes.Relat Metab Disord. 2004;28:1247-56.
24.
Steinbeck
KS. The importance of physical activity in the prevention of overweight and
obesity in childhood: a review and an opinion. Obes.Rev 2001;2:117-30.
25.
Robinson
TN. Reducing children's television viewing to prevent obesity: a randomized
controlled trial.
JAMA 1999;282:1561-7.
26.
Bueno M,
Bueno G, Moreno LA, Sarría A, Bueno O. Epidemiología de la obesidad infantil
en los países desarrollados. In Serra Majem L, Aranceta Bartrina J, eds.
Obesidad infantil y juvenil. Estudio enKid., pp 55-62. Barcelona: Masson,
S.A, 2001.
27.
PAIDOS´84.
Estudio epidemiológico sobre nutrición y obesidad infantil. Proyecto
Universitario. Madrid: Jomagar. 1985.
28.
Grupo
colaborativo español para el estudio de los factores de riesgo
cardiovascular en la infancia y adolescencia. Factores de riesgo
cardiovascular en la infancia y adolescencia en España. Estudio RICARDIN II:
Valores de referencia. An Esp Pediatr 1995;43:11-7.
29.
Lobstein
T,.Frelut ML.
Prevalence
of overweight among children in Europe. Obes.Rev 2003;4:195-200.
30.
Edmunds L,
Waters E, Elliott EJ. Evidence based paediatrics: Evidence based management
of childhood obesity. BMJ 2001;323:916-9.
31.
Reilly JJ,
Methven E, McDowell ZC, Hacking B, Alexander D, Stewart L et al. Health
consequences of obesity. Arch Dis Child 2003;88:748-52.
32.
Nead KG,
Halterman JS, Kaczorowski JM, Auinger P, Weitzman M. Overweight children and
adolescents: a risk group for iron deficiency. Pediatrics 2004;114:104-8.
33.
Bhargava
SK, Sachdev HS, Fall CH, Osmond C, Lakshmy R, Barker DJ et al. Relation of
serial changes in childhood body-mass index to impaired glucose tolerance in
young adulthood. N.Engl.J Med 2004;350:865-75.
34.
Saris WH,
Blair SN, van Baak MA, Eaton SB, Davies PS, Di Pietro L et al. How much
physical activity is enough to prevent unhealthy weight gain? Outcome of the
IASO 1st Stock Conference and consensus statement. Obes.Rev 2003;4:101-14.
35.
Longjohn
MM. Chicago project uses ecological approach to obesity prevention. Pediatr
Ann. 2004;33:55-3.
36.
Campbell K,
Waters E, O'Meara S, Summerbell C. Interventions for preventing obesity in
childhood. A systematic review. Obes.Rev 2001;2:149-57.
37.
Campbell K,
Waters E, O'Meara S, Kelly S, Summerbell C. Interventions for preventing
obesity in children. Cochrane review. Cochrane.Database.Syst.Rev
2002;CD001871.
38.
Committee
on Nutrition. Prevention of Pediatric Overweight and Obesity. Pediatrics
2003;112:424-30.
39.
Fowler-Brown A,.Kahwati LC. Prevention and treatment of overweight in
children and adolescents. Am Fam Physician 2004;69:2591-8.
40.
Krebs
NF,.Jacobson MS. Prevention of pediatric overweight and obesity. Pediatrics
2003;112:424-30.
41.
NHS Centre
for Reviews and Dissemination UoY. The The prevention and treatment of
childhood obesity. Effective Heath Care 2002;7.
42.
Reilly
JJ,.McDowell C. Physical activity interventions in the prevention and
treatment of paediatric obesity: sistematic review and critical appraisal.
Proceedings of the Nutrition Society. 2003;62 (3):611-9.
43.
Wilson P,
O'Meara S, Summerbell C, Kelly S. The prevention and treatment of childhood
obesity. Qual.Saf Health Care 2003;12:65-74.
44.
Baranowski
T, Klesges LM, Cullen KW, Himes JH. Measurement of outcomes, mediators, and
moderators in behavioral obesity prevention research. Prev.Med 2004;38.
45.
Feldman W,
Beagen B. Screening for childhood obesity. In: Canadian Task Force on the
Periodic Health Examination. Canadian Guide to Clinical Preventive Health
Care., pp 334-44. Ottawa:Canada:1994.
46.
Institute
for Clinical Systems Improvement (ICSI). Preventive services for children
and adolescents. Bloomington (MN): Institute for Clinical Systems
Improvement(ICSI). 2003. [26-5-2004]. Electronic Citation: www.isci.org
47.
Institute for Clinical Systems Improvement (ICSI).
Preventive counseling and education - by topic. Bloomington (MN): Institute
for Clinical Systems Improvement(ICSI). 2003. [26-5-2004]. Electronic
Citation: www.isci.org
48.
Serra L,
Aranceta J, Pérez C, Moreno B, Tojo R, Delgado A et al. Criterios para la
prevención de la obesidad infantil y juvenil. Documento de consenso del
grupo colaborativo AEP-SENC-SEEDO. En:AEP-SENC-SEEDO, editores. Dossier de
consenso. Curvas de referencia para la tipificación ponderal. Madrid. IM&C,
2002 pp 71-83.
